En ocasiones nos han preguntado dónde nos encontrábamos cuando ocurrió tal o cual acontecimiento histórico: la caída de las torres gemelas, el fatídico 11-M o la victoria del Mundial de España en Sudáfrica 2010, por poner ejemplos, pero hay momentos en los que no siendo trascendentales, nos quedamos reflejados en el tiempo y lugar como si de una fotografía se tratara.
Era un 16 de de abril de 1973, lunes santo por más señas, y me encontraba en el muelle de la isla de Fuerteventura. Los alumnos de COU del instituto San Isidoro nos habíamos embarcado (nunca mejor dicho) en un viaje de fin de curso en el Plus Ultra, buque que, partiendo de Sevilla, lo mismo servía para transporte de correos, que para desplazar convictos de una prisión de la península a otra insular, y que nos llevó a cinco de las islas Canarias, que conocimos de día mientras viajábamos de isla a isla de noche, acompañados de una pléyade de profesores de los que guardo un magnífico recuerdo: Antonio Aranda (q.e.p.d.), Juan Manuel García Junco (q.e.p.d.), María José Colubi, Carmen López Medrano, Paqui Bravo, …
Caía la tarde, varios compañeros nos recreábamos en la puesta de sol en el muelle de Fuerteventura y dábamos un último paseo antes de entrar en el barco. Uno de los profesores se nos acercó para inquirirnos: “¿sabéis que anoche falleció Nino Bravo en accidente de tráfico en Cuenca?”. No podía ser, pensé de inmediato. No me lo creía, pero el gesto adusto de quien hablaba me sacó de dudas. Aquello era verdad.
A punto de cumplir mis diecisiete años, la única experiencia de muerte cercana y, para mí, el cantante valenciano lo era, porque sus canciones formaban parte de la banda musical de aquellos años, había sido la de mi abuelo, dos años antes, lo que confería mayor dolor si cabe a la pérdida. Años adolescentes en los que la muerte se ve como algo muy lejano.
Esto días se han cumplido los cincuenta años de su óbito, y considero de justicia dedicarle unas letras a quien nos dejó en herencia un repertorio de canciones inolvidables. El éxito le llegó en el verano de 1969 cuando Augusto Algueró le compuso Te quiero, te quiero, canción creada para una película argentina y que no había triunfado en su versión original. A ésta le siguieron Voy buscando (1969), Esa será mi casa, Puerta de amor, Perdona (1970), Mi gran amor (1971), Noelia (¡cuántas niñas nacidas a principios de los setenta fueron bautizadas con ese nombre!), Mi querida mamá, Cartas amarillas, Un beso y una flor, Mi tierra, Carolina y Libre (1972), entre otras. Como canción póstuma, también se hizo famosa América, América (1973).
Nada como la música para despertar los lazos que nos ligan a lo más genuino de nosotros mismos y a cuantos compartieron gozosamente nuestras vidas. Me centraré en cuatro temas por lo que han supuesto para muchos de los de mi generación: Te quiero, te quiero, una de las más hermosas declaraciones de amor que se han compuesto, y si a ello le unimos el sentimiento que Nino Bravo le ponía a todas sus interpretaciones, su forma de cantarla se me antoja inigualable.
Un beso y una flor es una de esos temas que evoca el primer amor, ese que como dijo el poeta, ni se olvida ni se deja/ de tu alma sí se aleja/ pero nunca dice adiós. Música de fondo en el mesón donde pinchábamos el disco que nos pedía la chica con la que salíamos, y con la que ella apoyaba su cabeza en nuestro hombro en los guateques, cuando tocaba el baile agarrado.
¡Qué decir de Libre! Utilizada como tema comercial de una empresa de telefonía cuando se acabó el monopolio de Telefónica, su letra hacía referencia al primer joven ametrallado el querer cruzar el infame muro de Berlín desde la Alemania oriental a la occidental.
Finalmente, América, América, canción cuyo lanzamiento no llegó a conocer el cantante valenciano porque salió al mercado después de que falleciera. Aún recuerdo el escaparate del Corte Inglés de la Plaza del Duque repleto de discos singles y un póster del cantante. Sobra decir que fue la canción del verano de 1973.
Participó en la selección para el Festival de Eurovisión en dos ocasiones: en 1970 se presentó con el tema Esa será mi casa pero no consiguió llegar a la final, que ganó Julio Iglesias con Gwendolyne, y en 1971 en el programa Pasaporte a Dublín, quedó en tercera posición, siendo elegida la cantante Karina con En un mundo nuevo como representante de España.
Con veintiocho años de edad, se fue pronto, como los elegidos, pero sus canciones nos han acompañado, nos acompañan y nos acompañarán siempre, porque sus letras, sus músicas y su acendrada voz fueron únicas. Descanse en paz.
Alberto Amador Tobaja: aapic1956@gmail.com
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1 Comment
Impactante fue su muerte. Verdaderamente calaron sus canciones en todos, con más o menos edad, que tuvimos la suerte de aclamar su “respeto y amor hacia los demás y su canto a la libertad”.
Claro que es de ley dedicar unos renglones a este ser que perdurará en nuestras mentes.
Gracias Alberto.