Ya tenemos una Navidad laica, una Navidad política, una con reinas magas, otra con angelitos dando leña a La Giralda, alguna sin Niño Jesús, las  agnósticas, las carnavaleras y las Navidades Carmena en una sola dirección. Ah, y las de Ada Colau; que se la refanfinfla pero allá que va con el caganer haciendo lo mismo que corresponde a este con las Pascuas. Y como toda buena Navidad y como máxima representación tenemos el Nacimiento. O sea, el Belén. Es lo que ha hecho con primor Caixa Bank en la sevillana calle Sierpes, un Belén espectacular con 3.000 muñequitos de Playmobil. Pero entre tanto muñeco hay dos que han llamado poderosamente la atención. Un paje real, con túnica blanca y roja, porta cinco copas de oro en los brazos. A su lado otro, con túnica verde y blanca, lo mira apesadumbrado con las manos vacías. Y es que de todo cabe en un Belén, hasta el fútbol. Caben gallinas, corderos, nieve, serrín, musgo…He llegado a ver hasta a políticos y cantantes haciendo de Reyes Magos, con dos Virgen María alumbrando al Niño a partes iguales y al final tenían que llamar al Rey Salomón. San José no estaba, lo prometo.
Ante los dos futbolistas, camuflados de pajes, solo puedo imaginar lo que se ha reído el “artista” al colocarlos. Le ha faltado cambiar el portal por una portería y goooollll. Pero me pregunto: ¿pensó que pasarían desapercibidos? ¿¡¡En Sevilla!!?
Señores, “el fútbol es así”. La Paz y el Amor no pueden con un Sevilla-Betis. Ni porque resuenen villancicos, panderetas y cascabeles se olvida la dualidad sevillana. Alrededor del Belén me cuentan que resuena aquello de “Olé, Olé Holanda y Olé… cargadito de copas, para al niño entretener”.
Mucha guasa tiene la cosa, y mucho arte.