Nazismo y comunismo: cara y cruz del totalitarismo

Sobre las similitudes entre totalitarismos nazi y comunista se ha escrito mucho. Nosotros mismos, desde CITMA, publicamos en 2019 EL DELIRIO NIHILISTA un ensayo en dónde analizamos con detalle cada uno de los grandes sistemas liberticidas desde el siglo pasado a la actualidad.

Pero mas allá de los matices que pueden hacerse al comparar nazismo y comunismo (para empezar sus bases doctrinales son muy distintas, mucho mas ‘elaboradas’ en el caso del comunismo), la realidad es que ambas ideologías son totalitarias y comparten numerosas fobias (democracia liberal, burguesía, iglesias, libertades industrial individuales, antisemitismo…), equivalencias en su ‘modus operandi’ (partido único, líder absoluto, terror como arma, propaganda, estado policial, campos de concentración, asesinatos en masa…) y resultados siempre desastrosos (pobreza, desigualdad, desaparición de libertades y millones de muertos). No se conoce un solo caso de éxito en los mas de cien años de historia del comunismo. Su resultado ha sido siempre muerte, pobreza y dictadura. Frente a esta patente incompetencia para alcanzar el paraíso en la tierra, el comunismo siempre ha logrado reinventarse, acusando a los perpetradores del pasado de no ser realmente verdaderos comunistas. El comunismo, como toda creencia mágica, es infalible y hay que creer en sus virtudes aun sin verlas.

Revel lo explica muy buen con su cáustica irinia: “Un punto a favor del capitalismo es que, por lo menos, esta contento de sí mismo solo en tiempos de euforia y cuando todo marcha bien, mientras que el triunfalismo socialista no precisa esta condición para ahuecarse. Los fracasos lo revigorizan, afortunadamente para él, ya que si hubiera de fundar su contento de sí mismo en los éxitos, se retorcería en ininterrumpidas mortificaciones” (Jean -Francois Revel, LA TENTACION TOTALITARIA).

Pero volvamos a las equivalencias entre nazismo y comunismo, dos caras de una misma y terrible moneda. En términos de ‘productividad criminal’ resulta difícil valorar quién mató más. Mientras que el nazismo dejó un burocrático rastro impreso de sus crímenes durante sus 12 años de existencia en una pequeña parte de Europa (Alemania y los territorios ocupados) el comunismo se guardó muy bien de eliminar pruebas de cargo durante sus mas de 100 años de existencia en numerosos países de todo el orbe: URSS, países del Pacto de Varsovia, China, Cuba, Corea de Norte, Camboya, Vietnam, etc. Y eso por no hablar de países que, aún no siendo estrictamente comunistas, sí que siguen sus postulados en versiones ‘customizadas’ al contexto regional o las tendencias liberticidas de moda (el socialismo del siglo XXI o bolivarisno, con nuestra hispánica versión de Unidas Podemos).

Sabemos con bastante certeza el numero de víctimas del nazismo, pero cuando abordamos los crímenes del comunismo los millones de víctimas oscilan entre los 50 a los 100 millones, y ello es así porque – como decía – van a variar mucho según la fuente empleada (Conquest, Courtois, Rummel, Solzhenitsyn, …). Ni siquiera el terrible genocidio ucraniano de los años treinta (Holodomor) ha logrado un consenso académico en cuanto a sus víctimas, pero en cualquier caso siempre van a moverse entre los 1,5 y los 5 millones de personas, asesinadas literalmente de hambre (fundamental la lectura de ‘Red Famine’ de Applebaum). Ítem mas en la China comunista de Mao, la Camboya de los Jemeres Rojos de Pol Pot, la Cuba de Castro y la Venezuela de Maduro como sucursales latinas de esa trituradora de libertades y vidas que es el comunismo. El caudal de crímenes del comunismo es tan brutal, constante y masivo que cualquier cómputo ‘industrial’ o sistemático al uso resulta inviable. Además, ningún carnicero desea dejar constancia de sus crímenes y cuenta con la maquinaria del Estado totalitario para transformar las cifras al gusto del tirano y sus verdugos voluntarios.

Salvando las distancias – es solo un ejemplo para ilustrar lo que quiero transmitir – si en la España de 2020 no sabemos todavía si las víctimas del Covid19 son 27.000 o 50.000 es fácil entender la dificultad para calcular las cifras de muertos en la Ucrania de 1932 o la Camboya de 1976. Pueden hacerse extrapolaciones demográficas, recurrir a algún archivo milagrosamente salvado de las purgas que ilumine la terrible maquinaria de crímenes comunistas, pero será siempre muy difícil llegar a cifras de consenso entre historiadores, máxime cuando también la Historia parece estar sometida a la dialéctica política que todo lo emborrona.

Cuando en alguna ocasión he debatido con algún negacionista de los crímenes del comunismo internacional – los negacionistas nazis casi han desaparecido del debate público – me ha sorprendido mucho que trataran de restar importancia a algunos de sus crímenes mas sonados (Holodomor, por ejemplo) sobre la base de ciertos errores que habían detectado en el cómputo de víctimas, como si el haber asesinado a 2 millones en vez de a 5 fuese ya una prueba de descargo. Y no lo es, obviamente. Si mañana se descubriese un archivo secreto que acreditase que el comunismo ‘solamente’ había asesinado 15 millones de personas (en vez de los 100 millones que estima ‘El libro negro del comunismo’ de Courtois) seguiría siendo una ideología exactamente igual de execrable que lo es hoy cuando todo apunta a que sus víctimas mortales superan cien millones de almas.

Por eso la denuncia del comunismo no admite ni peros, ni medias tintas. El comunismo es una abominación totalitaria que debiera estar prohibida como ideología y como simbología de uno de los dos grandes horrores del siglo pasado. El nazismo ya ha sido juzgado por la historia y todos asumimos que nadie en su sano juicio pretendería reivindicarlo con un nuevo rostro mas ‘moderno’, una vez limpiados sus ‘deslices’ históricos: ¿Se imaginan una especie de ‘Euronazismo’ – como reverso del Eurocomunismo – que renunciase a su antisemitismo pero conservando la esvástica, la devoción por Wagner y la idolatría por ‘Mi Lucha’?.

Por todo esto, creo que es el momento de aplicar la misma justicia histórica al comunismo. Y creo además que esa exigencia debería plantearse ahora, justo cuando mas reverdecido se encuentra el comunismo ‘new age’ en este río revuelto en el que vive Occidente, ese ‘cuando peor, mejor’ que es fundamental para regenerar su necrosis. Mientras no exijamos que rindan cuentas históricas y sigamos pensando que hay víctimas buenas y víctimas malas, o asesinos infectos y asesinos ‘con causa’ no saldremos del cenagal dialéctico en el que solemos meternos al intentar entender la Historia y aprender de ella. Las llamadas ‘leyes de memoria histórica’ (ahora ‘democrática’) de España o de Polonia son una prueba de lo que quiero decir. En ambos países, y desde ideologías bien opuestas, se ha legislado en los últimos años para reescribir la historia al gusto de los partidos políticos en el poder. En Polonia no puedes decir (con pruebas históricas) que muchos polacos participaron gustosos en los pogromos nazis. En España no puedes decir (con pruebas históricas) que la II República – al menos desde 1934 – no fue el paraíso democrático que nos quieren vender, sino una democracia fallida en el torbellino de fuerzas totalitarias de los años treinta del siglo pasado. Tampoco podría decirse que la República de Weimar fue democrática entre enero y julio de 1933, con las viejas instituciones republicanas aun nominalmente existentes pero con Hitler ya de canciller y todas las instituciones del Estado cooptadas (la llamada ‘sincronización’). Eran tiempos en dónde la única elección posible era entre dos monstruos que pugnaban por una misma pieza: las débiles democracias liberales.

La Resolución 2019/2819 (RSP) del Parlamento Europeo es muy significativa – y también lo es el silencio institucional acerca de ella en nuestro país – pues equipara al comunismo y al nazismo y eso, en sí mismo, me parece un gran avance. Me habría gustado mas si este documento fuese menos ambiguo al referirse al comunismo, al que en algunos párrafos parece circunscribir al estalinismo (ya denunciado por Kruchev a finales de los años cincuenta) y en otros lo contempla en su totalidad, que en mi opinión es lo que procede, llamándolo por su nombre: Comunismo.

Una Resolución de este tipo, en un país realmente respetuoso con las libertades públicas, tendría que llevar a un claro consenso político para abominar desde todas las instancias políticas tanto del nazifascismo como del comunismo. Y también, por supuesto, de otros regímenes autoritarios y dictaduras (como el ‘Franquismo’ o el ‘Peronismo’). No sucederá, claro, entre otras razones porque el comunismo ‘new age’ (los comunistas ‘pata negra’ me llamarán analfabeto por tildar de comunista a Iglesias y sus rémoras) es parte del gobierno actual.

https://www.europarl.europa.eu/doceo/document/TA-9-2019-0021_ES.html?fbclid=IwAR01J9nij0CvHt1R3MToOYBgRVNXLPIrMOe8G87WysMCxqIfW4xl98Et1I4




 

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