La farsa feroz: todo acabó

Después de mucho leer informes y artículos científicos de medio mundo, mi conclusión es sencilla: ya no hay nada que hacer. No existe posibilidad alguna de aplicar ya ningún plan epidemiológico o de salud pública que no sea el mero abordaje clínico de los miles y miles de pacientes que van a seguir llegando a la Sanidad. La expectativa de poder ganar esta guerra ha terminado y morirán todos los que hagan falta y los que no.
Nada hay a estas alturas que se pueda hacer salvo seguir suministrando el material necesario en los hospitales a quienes han puesto todo y hasta su vida por atender a los enfermos a la espera de que el Gobierno elaborara algo que algunos creyeron que surgiría a partir de un día.
No fue, no ha sido, no es y ya no será. Todo lo que veis es lo que hay. Seguirán llegando materiales de iniciativas privadas y de la entrega generosa y eficaz de particulares a los profesionales sanitarios y de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado sin que el Gobierno haya logrado de su parte ni una sola mascarilla, ni un respirador ni de 3D ni de leches: ¡Nada! ¡Cero pelotero!
Os habéis tragado horas de comparecencias inservibles en las que todos estaban mintiendo y tratando de ganar tiempo mientras queríamos confiar en que algo, al menos los asesores científicos, terminarían poniendo en pie. Pues no, la derrota y la estafa es absoluta. Para todos.
Sánchez ha dicho mentiras como puños mientras reclamaba unidad. Anunciaba cosas que sabía que no se iban a producir. Todo era retrasar y mantener la expectativa, como un cordón umbilical al que agarrarnos. Ellos los primeros.
Se acabó. El telón está en el suelo y, al caer, ellos han salido huyendo y han retirado los rastros de la conjura para que nada conste. Sólo lo que vieron tus ojos, lo que creíste creer.
Nos han dejado solos, confinados sin remedio y con cara de idiotas. Pero, créanlo, ya no hay nada que hacer, salvo esperar a que se produzca el colapso, tal vez, de algunos centros, que aumente el número de muertos mientras, poco a poco, algún día, volveremos a la normalidad y seguirás escuchando las cantinelas de que “nos cogió por sorpresa a todos”, “nadie pudo evaluar el alcance”, “a Italia y a otros también les pasó”, “el 8-M no tuvo importancia en la crisis”, etc etc etc.
El relato, sólo les interesa el relato… Sánchez se va a descojonar de la risa de todos nosotros, por más que el país vaya a quedar semi en ruinas, porque ahora cree conocernos a todos mejor para asestarnos su próximo capricho. Tiene motivos para celebrarlo…, a menos que entre todos (incluidos los partidos de la oposición) logremos empitonar a ese cabestro embustero en los tribunales europeos y logremos borrarle su sonrisa oculta de tahúr.
Dije muy al principio de todo que a medida que se percibiera más la absoluta parálisis culpable y la evidente ineficacia del Gobierno, crecería exponencialmente su desparpajo para mentir. No se pararían en la simple ocultación, sino que manipularían y mentirían todo lo que hiciese falta para salir del atolladero. Iría in crescendo, dije, y así fue, alcanzando su punto culminante el día que la directora del Instituto de Salud Carlos III (uno de los centros que debieran ser más serios de este país) declaró sin despeinarse, y unas horas más tarde repitió Sánchez con toda la cara de cemento, que se habían realizado ya 355.000 tests, unos 15 o 20.000 al día. Y nadie les hizo frente ni les obligó a dimitir por tamaño embuste.
Las Panzer Televisionen están perdiendo o dejando de ganar en estos días dinero a chorro; por eso salió Cebrián con ese artículo abrasivo para el Gobierno, como aviso a navegantes. Tenían que poner fin a esto, sin olvidarse de recuperar la pasta desperdiciada sin demorarse ni un minuto más.
Simón, que se supone era un tipo medianamente serio en lo suyo, ha rendido armas después de varios errores que le hacían sospechoso como el que más. Convertido en chupatintas por sus errores, de perdidos al río y todos a hacer piña porque ahora estaban en el mismo barco. Sólo les quedaba seguir mintiendo.
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El felón ha distribuido en cien voces la omertá y en cada ocasión, en cada comparecencia les ha comprometido como cómplices, día por día. Cada vez que a uno de ellos le ha tocado hablar (incluidos los mandos militares y de la Guardia Civil), era un abrazo del vampiro que les contaminaba, otro en el saco de la omertá y todos se han consagrado y conjurado como autores de la farsa feroz.
A partir de ahora ya sólo escuchad la voz de los médicos de a pie, no los que salen en la tele, sino los que se han batido y se seguirán batiendo el cobre muchos meses y a los que desean vestir de héroes. Pero no se es héroe a la fuerza. Son algo mucho más importante que héroes, porque los héroes a quien le interesan es al poder para seguir vendiendo motos.
Son profesionales de la Sanidad, gente abnegada y responsable (y creedme que a ese gremio creo conocerlo bien porque mi padre y mis tres hermanos son médicos y mi madre fue auxiliar de enfermería y he mamado todo eso desde niño: a mí no me engañan en esto), gente que ama su profesión y que por lo general guardan un código ético marcado a fuego porque saben de la materia que está hecha el dolor humano.
Todo ha terminado, hemos perdido, pero sigan en sus casas, porque a partir de ahora no hay otro mensaje que ejercer salvo el de “Protéjanse, señores”. Algún día pasará. Es todo.
He dicho.

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