Julio, Iglesias y un truhán

“Falta de confianza y pérdida de idoneidad” fueron las razones administrativas en el expediente del ex general del Aire, José Julio Rodríguez, para pasar a situación de retiro en aplicación del reglamento de Justicia Militar. Días antes había anunciado que se presentaba como candidato de Podemos en las elecciones generales de diciembre de 2015.

Vuelve el ‘húmedo” Rodríguez, ahora por la puerta de atrás, para incorporarse al “comité de desescalada”, así se denomina, conocido también como “comité de reconstrucción”, aunque ni hemos subido a ninguna cumbre ni aquí ha pasado un tifón ni sufrido un terremoto para tener que desescalar ni reconstruir nada. Lo que toca es reactivar la vida económica, política, social y cultural de todo el país.

A José Julio Rodríguez lo parió para ocupar el puesto de Jemad una ministra de Defensa embarazada, Carme Chacón, en tiempos de ZP, convirtiéndose en uno de los llamados consejeros OTAN. La URSS sí paga… traineras.

En realidad, desde que “Julio el Rojo” fue extirpado del Ejército no ha hecho otra cosa que ensayar, con el apoyo de sus nuevos socios, a colarse por todas las gateras posibles. Dos veces fue presentado como candidato en lugar preferente en las listas electorales de Podemos, por Zaragoza y Almería, y las dos veces el electorado le ignoró.

Pero insisten con el general electric que da calambre y ahora es por decreto. No pararán hasta que nos electrocute, como sucedió en su día cuando abortó una operación de castigo a una banda de secuestradores somalíes que terminó costándonos un pico de nuestros bolsillos en pago de rescates a aquellos miserables bandidos. Julito dio la orden de dejarles marchar a tomarse una coca-cola con el botín en las manos. Todo amor y pazzzzzz.

Con amigos como Julio (el de Iglesias) no necesitamos los españoles muchos más enemigos ni epidemias que nos arruinen la vida ni el presupuesto. Y ahí sigue, hecho un truhán y un señor a un tiempo.

Tras el crack financiero de 1929 de la Bolsa en Nueva York, llegó la Gran Depresión. El presidente, Franklin Delano Roosevelt, reunió a un equipo de sabios de la Universidad, primero la de Columbia y luego la de Harvard, para que trazasen las delicadas líneas maestras que deberían llevar a la reactivación económica completa. Se llamó el “New Deal”.

En contra de los economistas no intervencionistas de la Escuela de Viena (Hayek, Von Mises, etc.), se aplicó el keynesianismo, que incluía un gasto público considerable aunque de efecto controlado y muy definido. La entrada de EE.UU. en la II Guerra Mundial puso colofón definitivo a la completa recuperación y resulta difícil saber si habría sido posible la misma sin el tremendo revulsivo que supuso para la industria estadounidense la conflagración mundial.

Un cataclismo de dimensiones parecidas sufría el continente europeo al terminar la guerra. Entonces, el presidente Harry S. Truman volvió a reunir a otro comité de profesores de varias universidades que diseñaron un plan estratégico de largo alcance.

Al frente del mismo estuvo el general George C. Marshall, un héroe indiscutible de la contienda que había ocupado los cargos de ministro de Defensa y secretario de Estado (equivalente a presidente del Gobierno) con Roosevelt y con Truman.

El Plan Marshall, en líneas generales, constituyó un éxito absoluto y, en apenas una década, el conjunto de Europa, desde Noruega hasta Turquía, incluidas Francia, Alemania y el resto de países fuera del Telón de Acero, había arrancado plenamente los motores de su reactivación.

En España, uno desearía, tal vez, que se hubiera propuesto formar parte de ese comité a las mejores cabezas pensantes de diferentes ramas, en especial la Economía (Huerta de Soto, Lacalle, Rallo, Gay de Liébana, Niño Becerra, Amancio Ortega, ¡ay!…), para extraer de ellos las recetas y el menú que deberían servirnos en la mesa de los próximos lustros.

Sin embargo, a una pléyade de aparatchiks de partido expertos en propaganda aquí le han sumado unos cuantos simones, que es la medida más exacta del experto al servicio de la ideología (ni un sólo militar) y, por imposición del nuevo varillero de las cloacas Pablo Iglesias, a “Julio el Indeseado”.

Aquí, un “experto” te asegura que lo mejor para la salud pública es reabrir los bares y terrazas al 30% y al día siguiente se desdice y recomienda hacerlo al 50%, sembrando el panorama de la misma certidumbre que la ruleta rusa.

El único favor que nos hacen con todo ello es que al menos al general electric le sabemos fuera de la cadena de mando militar y, tal y como está de herida nuestra democracia en estas manos, no es moco de pavo ver al sedicente sin los galones que en otro tiempo lució.

He dicho.




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