El hombre objeto (I)

Hace unos días, al leer la noticia de que el Ayuntamiento de Sevilla ha organizado, del 21 al 24 de este mes de octubre, un encuentro europeo sobre hombres, masculinidades e igualdad de género y autorizado una manifestación de hombres contra la violencia masculina convocada por el Movimiento de Hombres por la Igualdad, de pronto se me vino a la cabeza como las progres del 68 trataban a sus ligues masculinos y como la escritora argentina Esther Vilar, de forma entre seria y jocosa las ridiculizo en su libro “El varón domado” publicado en 1971, en el que la escritora defendía la idea – idea que yo comparto – de que la mujer trata al hombre como a un objeto por su funcionalidad.

Desde finales de los sesenta hasta hoy ha llovido mucho y las feministas radicales han crecido de tal manera que están consiguiendo cretinizar a la sociedad tras haber convertido lo suyo en un negocio subvencionado por todo tipo de instituciones plúbicas que les facilitan el chantaje a la sociedad que tan principescamente las mantiene.

Volviendo al encuentro europeo de masculinidades hay que decir que el Ayuntamiento de Sevilla está acompañado en la financiación del evento por la Consejería de Igualdad, las Universidades de, Sevilla, Pablo de Olavide, Miguel Hernández, por el Centro de Estudios Sociales de la Universidad de Coimbra, por la Fundación Saramago – ya saben, la de Pilar del Río – la Fundación Cepaim y por Promundo Spain Consulting, S. L. que es la que se ha adjudicado el proyecto de charlas con debate sobre masculinidades positivas que forma parte del evento y por el que el Instituto Andaluz de la Mujer ha pagado 56.438,13 €. Detrás de esta S.L que dice ser una ONG está, como Administrador Único, Ritxar Bacete González, antropólogo especializado en género y nuevas masculinidades y paternidades positivas, investigador de la Dirección de Política Familiar del Gobierno Vasco y coordinador para España de Promundo Global, que tiene su sede en Washington D.C. La Fundación Cepaim es otra ONG que recibe subvenciones por toda España, que trabaja en pro de los inmigrantes y que funciona como una empresa con gran número de empleados y sedes por toda España. Cepaim viene organizando, al menos desde 2015 el programa “Adelante” de cursillos de “Enfoque Integral de Género y Nuevas Masculinidades”, y está muy conectado con el Ministerio de Inclusión Social, Seguridad Social y Migración.

El negocio que tienen montado es un gran negocio, está claro que la Secta Global cobra muy bien sus proyectos lava cerebros apoyados en Andalucía por el Instituto Andaluz de la Mujer (IAM), organismo autonómico para el que se me acaba de ocurrir cambiarle el nombre por el de, Feminazis Subvencionadas Andaluzas (FSA). El Instituto Feminazi está dentro de la Consejería de Igualdad del Gobierno pepero ciudadano. En la presentación del evento doma varones y sus cursillos de masculinidad positiva, he leído perlas como estas: << La igualdad se aprende>>. << Tiene beneficios directos para los hombres porque asumen más responsabilidad en el cuidado de las demás personas y de uno mismo>>. << Aumenta la autoestima, favorece el crecimiento personal y mejora la calidad en las relaciones entre hombres y mujeres >>. Esto del aumento de autoestima parece la publicidad de un champú o de una colonia de baño fresquita. Llegados al anuncio del champú, las domadoras de varones reconocen que: << No todos los hombres reproducen los estereotipos de género o comportamientos sexistas del modelo masculino hegemónico en el que todos los hombres han sido socializados>>. Esta última perla la ha debido de dictar el PP para disculparse de estar financiando a estas nuevas Amazonas que usan al hombre como si fuera un pañuelo del moco, como a un trapo de usar y tirar.

Para terminar, debo decir que a mí, mujer nacida en 1953, nunca me ha interesado que me den nada por serlo; siempre me he sentido libre, independiente y nunca he dejado que nadie dirija mi vida. Me he casado dos veces; la primera con un progre comunista, machista hasta decir basta, como estos que se apuntan ahora a dar cursillos de masculinidad positiva y al que, visto lo visto, eché de casa – la casa era mía – antes de que en España existiera el divorcio. La segunda vez tuve la suerte de casarme con un señor – señor en el más amplio sentido de la palabra señor – con el que discutía de todo, con el que disfrutaba de la vida, de mi trabajo y del suyo, y al que no necesitaba para que me colgara un cuadro – los cuadros los colgaba y los cuelgo yo con ayuda de un trompo eléctrico – ni para que me enseñara como se usa un móvil o un ordenador, ni para que me planchara la ropa, ni para que me cosiera un botón, cosas ambas que él hacía muy bien, siempre llevaba en su bolsa de viaje un estuche de costura de urgencia acostumbrado como estaba a viajar cada semana de Sevilla a Badajoz, donde tenía el estudio de arquitecto. Aquí lo dejo por hoy. En la próxima hablaré de los micro- machismos y de la perversión de las ideas y el lenguaje en el método feminazi como nuevo negocio global.

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