Boca Prestada

Como bien sabe el lector, en la segunda fiesta mayor de Sevilla hay casetas de todo pelaje y condición, como en la viña del Señor; desde garitos donde el arte y la simpatía se desparraman a raudales hasta sitios en los que es el aceite lo que se derrama con igual gracia y caudal. Por medio tienen ustedes casetas de partidos políticos, de clubs sociales, comités de empresa, bancos, cofradías… hasta el Ateneo tiene una la mar de divertida. Por tanto y porque todos tenemos derecho a divertirnos en la Feria de Abril, fue fundada hace ya muchos años la caseta con más buen malaje de toda la feria, mi caseta: Los Malajes. Para muchos es el recinto que recoge la purísima esencia de la sevillanía, sin contaminaciones foráneas ya sean éstas madrileñas, jerezanas o siquiera trianeras. Recuerdo que se solicitó al Excmo. Ayto. que estuviera situada en una calle peatonal, ya que los socios por unanimidad detestamos la equitación callejera. Fue gracias a un socio de honor, el sr. Carretero, que lo conseguimos y es en la calle Santiago Martín ‘El Viti’ numero 13 donde no tienen ustedes su casa si lo que buscan es compadreo, algarabía y risotadas. En Los Malajes existen unas normas absolutamente irrenunciables, más bien dogmas, que son respetados como si de una antiquísima hermandad de negro ruan o del más estricto club inglés estuviésemos hablando. Aquí no está permitida la música estridente ni hablar en voz alta. Tampoco está consentida la entrada a menores de 35 años sin sus padres. La mayoría de las decisiones se toman en riguroso cabildo como la de la cena del ‘pescaíto’, que por unanimidad en esta caseta suele ser pescada hervida con arroz en blanco y cada cual la disfruta en su casa porque, según las reglas, el cierre del recinto es obligatorio a las seis en punto de la tarde. En realidad, el mejor momento en Los Malajes es el tradicional desayuno feriante. La caseta abre diariamente a las siete de la mañana y sirve a sus socios tostadas y calentitos de papa que se pueden consumir en barra o velador junto con la prensa del día sin que nadie importune con alguna molesta conversación. Aunque aquí se viene almorzado de casa, el casetero lo es desde su jubilación un socio, Pepe, antiguo tabernero de la calle Boteros. El portero, también socio, ha sido servidor con farol de la esquila de la Mortaja, atuendo con el que realiza sus labores de fiel y severo cancerbero. Aún resuena el júbilo y el frenesí con que fue acogida el año pasado la actuación de Amancio Prada, quien animó el ‘flamenquito’ acompañado por su guitarra española de 18 cuerdas, con sus ‘Folhas e Cantinhas do Rosalía de Castro’. No faltan por la megafonía, en tono muy discreto, los temas de desamor de J.M. Soto o las sevillanas funerarias de Ecos de Servisa, como “El abuelo ha muerto” o “Funeral en La Caridad”. Este año y gracias a la gestión de algunos socios del país vecino tendremos la actuación estelar de la conocida fadista portuguesa Amalia Pestinho que nos interpretará al acordeón temas de su último disco ‘A Dolce Morte do Saudade’. Aquello se pondrá bocabajo, seguro. Ni que decir tiene que usted no verá por allí contadores de chistes ni abrazadores profesionales y mucho menos verá besuqueos impropios entre hombres del mismo sexo. Todos los años tiene lugar la entrega de la insignia de oro de Los Malajes,  galardón que poseen entre otros J.M. del Nido, Florentino Pérez, Paco Lobatón, S.A.R. Doña Letizia Ortiz, Monseñor Asenjo o el alcalde de Málaga. Para este año suena con fuerza el edil del PP, don José Luis Sanz. El ‘usteo’ es más obligatorio aún que la corbata, la cual puede eludirse portando sombrero cordobés y llevando abrochado el botón del cuello de la camisa. Como novedad de esta feria y a beneficio de la restauración de la cubierta de la parroquia del padre Isacio Siguero, los pregoneros de la Semana Santa, don Paco Vázquez, don Ignacio Pérez y don Enrique Esquivias pronunciarán íntegramente sus recordadas exaltaciones durante toda la tarde del miércoles. Anécdotas divertidas, así a botepronto, que yo recuerde, pocas. Si acaso el tremendo susto que nos llevamos hace dos años cuando escuchamos lo que parecían unas carcajadas y que al final resultaron ser los estertores del ataque epiléptico de un veterano socio de la caseta. Cerramos dos días antes de los infaustos fuegos artificiales para evitar soportarlos y de paso para que el casetero pueda cumplimentar la devolución del IVA con tiempo. Ya ven: un sitio genuino dónde todos ustedes están convidados a un catavino de Real Tesoro con su loncha de jamón york a las diez en punto de la noche, que es la hora a la que se recibe a los invitados.