Dentro de tres meses, en abril, se cumplirán dos años desde que el Consejo de Gobierno de la Junta de Andalucía acordara proteger el yacimiento de El Carambolo ( siglo VII -VI a. C.) como Zona Arqueológica y, por tanto, catalogado como Bien  de Interés Cultural (BIC). Situado en el término municipal de Camas, en 1958 se produjo el hallazgo del tesoro tartésico descubriéndose uno de los primeros vestigios de las culturas asentadas en el Bajo Guadalquivir y la Península Ibérica. La Junta, entonces, inscribió el yacimiento en el Catálogo General de Patrimonio Histórico Andaluz. Desde entonces y hasta hoy, los restos se encuentran en el más completo abandono y sometido a la acción de los vándalos.

Las basuras se acumulan en los accesos del yacimiento, responsabilidad del Ayuntamiento de Camas. Foto: Lince.

Las basuras se acumulan en los accesos del yacimiento, responsabilidad del Ayuntamiento de Camas. Foto: Lince.

Los destrozos, escombros, pintadas, basuras, restos de fogatas y las ratas campan por sus respetos en esta zona protegida de la parte alta del Cerro del Carambolo con una superficie de 29.450 metros cuadrados donde se encuentran aún, a pesar de la desidia de la administración andaluza, vestigios materiales de las cinco fases de ocupación en la zona más elevada de la cornisa del Aljarafe desde donde se domina Sevilla y el Guadalquivir, correspondientes a los periodos Calcolítico (2500-1700 a.C.) y del Bronce Final (1400-1100 a.C.); la Protohistoria tartésica y fenicia (siglos IX al VII a.C.), y la época contemporánea. De esta última se incluyen un emplazamiento artillero de principios del siglo XIX y el edificio de Tiro de Pichón (segunda mitad del siglo XX). El decreto de inscripción aprobado por el gobierno andaluz en abril de 2016, delimitaba también un área adicional de protección de 495.080 metros cuadrados que abarca todo el perímetro del cerro, incluyendo las laderas que se han mantenido libres de edificaciones.


Estado actual del yacimiento de El Carambolo, en total estado de abandono. Foto: Lince

Estado actual del yacimiento de El Carambolo, en total estado de abandono. Foto: Lince

Acceder al yacimiento no supone problema alguno. La verja del antiguo Tiro de Pichón se encuentra permanentemente abierta para todo aquel que quiera acudir a arrojar escombros o basuras, lo más habitual, o celebrar botellonas sobre la plataforma de hormigón que protege los últimos restos aparecidos en el último periodo de excavaciones desarrollado entre 2002 y 2006.

Tesoro de El Carambolo

Tesoro de El Carambolo

Hace dos años, la oficina del Defensor del Pueblo recibió una queja, precisamente, por los continuos vertidos de escombros que se producían en el yacimiento. Abrió un expediente que terminó en los cajones de la Consejería de Cultura que se limitó a reclamar a la propietaria de los suelos, la inmobiliaria Gabriel Rojas, que tomara medidas y evitara nuevos vertidos de basuras. La empresa, presentó un recurso de alzada que fue estimado. La Junta, posteriormente, se instó a sí misma, a la Delegación Territorial de Cultura en Sevilla, a “normalizar la situación en la que se encuentra el yacimiento de El Carambolo”. Y ahí quedaron las últimas actuaciones conocidas. Ni la Junta de Andalucía que ostenta las competencias para salvaguardar el patrimonio histórico, ni el Ayuntamiento de Camas a quien corresponde el mantenimiento de los accesos o la propietaria de los terrenos mueven un músculo por evitar el continuo deterioro del importante yacimiento arqueológico.

La empresa propietaria de los terrenos, la inmobiliaria Gabriel Rojas, quiso desarrollar un proyecto hotelero en la zona más elevada del cerro, desestimado finalmente por la Junta de Andalucía tras la aparición de valiosos restos en la última fase de excavaciones. La administración andaluza tuvo que abonar a la constructora, por sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía, 1,9 millones de euros. En 2000, el Ayuntamiento de Camas recalificó los terrenos donde se encontró el Tesoro del Carambolo dándole usos terciarios. La propia Consejería de Cultura autorizó la construcción del hotel que finalmente desestimó. Desde entonces, la Junta mantiene especialmente protegido un valioso yacimiento arqueológico abandonado desde hace décadas y que sólo sirve de vertedero de escombros, basuras y como lugar de encuentro de los vándalos.