Bárbara Rosillo: “Una cosa que me gusta mucho de Sevilla es que la gente se esfuerza por vestirse lo mejor posible cuando la ocasión lo requiere”

 

Bárbara Rosillo es doctora en Historia del Arte y autora de La moda en la sociedad sevillana del siglo XVIII (2.ª ed. Diputación de Sevilla). Su libro es una adaptación de su tesis doctoral que pone de manifiesto la importancia de la ropa y su significado en la sociedad sevillana del Setecientos. También es una manera distinta de ver el arte. Nacida en Zaragoza y residente en Sevilla desde hace diecisiete años, se ha embarcado ahora en investigar la moda del Siglo XVII, una nueva aventura vital que la devuelve a explorar ajuares, joyas, dotes y mobiliarios de una época con mucho por descubrir. Su blog Arte y demás historias es todo un éxito que ha superado el millón de visitas motivadas por su especial sensibilidad para contarnos inéditas historias del arte.

 

Retrato de Antonio del Junco

 

– ¿Por qué eligió el siglo XVIII y no el XVI, cuando media Europa ansiaba vestirse a la española?

–  Porque este tema estaba muy poco investigado y porque en este siglo la mujer comienza a tener un mayor protagonismo social. Por otro lado, en esta época, la silueta de la mujer deja de ser disfrazada y se comienza a enfatizar. Es una moda muy sofisticada donde aparecen nuevos colores y formas y se va vislumbrando la época contemporánea. Me parecía muy interesante.

– Y por qué Sevilla.

– Porque vivo aquí y mi investigación se basa en documentos de archivos. Mi libro está basado en mi tesis doctoral, en la que investigué sobre documentos de archivos de protocolos, dotes, ajuares e inventarios. Te das cuenta de lo importantísima que era la ropa en todas las capas sociales.

– ¿Por qué fue tan importante la influencia de los Austrias en la indumentaria Española?

– La moda va de la mano del poder. En el siglo XVI España era lo más: el primer imperio, un poder increíble, sucesivas victorias, un aglutinamiento de territorios bajo Carlos I como no se había conocido antes… La personalidad de los reyes, sobre todo de Carlos I y Felipe II, era muy potente. Esto hizo que la moda española llegara a toda Europa. No solo que llegara a las capas altas de la población, sino a las más bajas. Se comenzó a vestir de negro, una moda sencilla pero muy elegante, ceñida, austera. Eso fue lo que llegó a toda Europa. Conforme España va perdiendo su importancia coge el testigo Francia, aunque no con el mismo poder. Nos encontramos con Luis XIV, que era un rey joven, muy fuerte, dinámico y con un gran sentido de la magnificencia, donde tiene cabida la moda. Es cuanto comienza la influencia francesa en toda Europa, en el último cuarto del XVII, y en muchas facetas, hasta bien entrado el siglo XX. 

– La singularidad de su libro casi nos obliga a renovar la mirada ante muchas obras de arte realizadas por artistas como, por ejemplo, Francisco de Goya.

– Cuando realicé mis cursos de doctorado me di cuenta de que había muchísimos detalles de los que no se había hablado nunca. Me pregunté qué nos querían decir esos peinados, esas posturas, esos detalles. Me di cuenta de que había un caudal inagotable que aportaban mucha información al espectador. Que no se le había dado la importancia que merece. 

– ¿Es su pintor preferido de la España del XVIII?

–  Sí. A Goya lo adoro porque es un pintor que lo he estudiado mucho. He vivido en Madrid toda mi vida, he visitado mucho el Museo de Prado y he realizado muchos cursos sobre la pintura de Goya. Tenía un talento muy especial. Este año es el 275 aniversario de su nacimiento y es un personaje excepcional. Goya retrata toda la sociedad, toda la sociedad importante que se puso delante de sus pinceles, entre ellos, la duquesa de Alba o la duquesa de Osuna. Cuando comienza su carrera como pintor de cartones para la Real Fábrica de Tapices de Santa Bárbara de Madrid, retrataba lo que veía en la calle. Era un cronista que nos contaba cómo era la calle o cómo sufría la gente. Fue un artista excepcional.

– Cómo realizó su investigación, porque tengo entendido que hay muy poca bibliografía al respecto.

– Lo cierto es que no hay mucha bibliografía sobre este tema. La indumentaria está poco trabajada. Investigué sobre documentos de archivos de protocolos, dotes, ajuares, leyendo a pensadores que han hablado de la ropa, obras de teatro donde se han nombrado prendas, diccionarios como el de Autoridades y luego lo que vas buscando hasta sacar tus propias conclusiones.

La indumentaria se ha estudiado muchísimo en otros países como en Inglaterra, Francia, Italia o Estado Unidos, donde además hay muy buenos museos. En España no tanto, pero también se han organizado algunas exposiciones en el Museo Thyssen-Bornemisza. Lo importante es que este tema está despertando mucho interés entre el público.

– Tengo entendido que con la llegada de la princesa María Luisa de Orleans comienza el influjo de la moda francesa, ¿no es así?  

– Sí. El traje a la francesa, sobre todo el masculino, es completamente distinto al de los Austria. Se pasa a otro tipo de piezas con unos formatos completamente distintos. Carlos II se casa con María Luisa de Orleans, que era la sobrina carnal de Luis XIV, lo que provoca que poco a poco vaya llegando ese influjo. Entra paulatinamente. Al principio del XVIII todo el mundo viste a la francesa. Esto lo podemos apreciar más en el traje masculino porque las denominaciones son distintas. Por ejemplo, el traje masculino español era, jubón ropilla, calzones, y el francés, casaca, chupa, calzones. En cambio la moda femenina al principio de este siglo no tiene una nomenclatura tan distinta.

– Aunque en decadencia, y en relación con la indumentaria, ¿Sevilla fue una ciudad del Siglo de las Luces?

– Sí, porque estamos hablando de moda internacional. He investigado en Écija, donde hay un fondo documental muy importante que pertenece al ayuntamiento como es el Archivo del Marquesado de Peñaflor. Carlos III le otorga a esta familia en el siglo XVIII el reconocimiento de grandeza de España. Tenían un emisario en Madrid que les informaba de la última moda y sus ajuares son de un valor impresionante. He encontrado trajes de Corte en Écija como los que podía llevar María Luisa de Parma. Estas familias tenían ajuares y vestidos de novias que eran de auténtica moda internacional.

– A principios del XVIII aparecen muchas mantillas y a finales muchos volantes llamados «faralás». ¿Puede estar ahí el origen del traje de flamenca?

– No. Faralás era la palabra utilizada para referirse al volante. El traje de flamenca es muy posterior, sobre finales del XIX y el XX. Es una especie de amalgama de cosas que suceden que dan lugar a ese atuendo que es una prenda fascinante. Es una prenda que está viva.

– Hablando de mantillas, ¿Sorolla o Romero de Torres?

– Sorolla. Romero de Torres no me llega.  Una cosa importante en la obra de Sorolla es cómo quería a España, como vendió nuestra tierra. Esa alegría, con ese color y esa fuerza. Y después nunca fue un pintor tétrico. Cuando dibuja a un pobre lo dignifica sin caer en lo tétrico. También fue un cronista de su tiempo. Es un pintor muy especial para mí.

– ¿Las pautas de la moda o las tendencias siempre se han marcado de arriba a abajo? 

– Sí. La moda ha sido siempre desde arriba hasta bien entrado el siglo XX y paulatinamente se ha ido adaptando al bolsillo y a los gustos de la sociedad conforme bajamos de escala. Sin embargo, ocurrió una cosa muy interesante en el siglo XVIII, que fue que el traje de maja que llevaban las clases populares lo empezó a usar la nobleza. Ese hecho me parece fascinante. La misma reina se vistió de maja y la pintó Goya. Esto es muy especial. La Duquesa de Alba se hizo retratar por Goya, en un cuadro que se encuentra en El Museo de la Hispanic Society en New York. Al parecer, era un atuendo con el que ellas se sentían muy bellas y libres. El hecho de que una reina o una noble se ponga un traje popular es un fenómeno de abajo a arriba.

–  Usted asegura que la moda va de la mano del poder. Entre los poderosos de nuestro tiempo se encuentran los chicos de Silicon Valley, que a la hora de anunciar en público lo último en tecnología visten como zarrapastrosos ¿También es un signo de los tiempos?

– Espero que no. Parece que no tienen para comer. Quizás sea ese sector. Lo cierto es que hay mucha mediocridad. En una de mis conferencias me preguntaron por el uso de la corbata. Entiendo que para pasear al perro no sea necesaria, pero es un signo de civilización. Una persona con traje y corbata es una señal de respeto. Una cosa que me gusta mucho de Sevilla es que, independientemente del gusto personal, la gente se esfuerza por ponerse lo mejor posible cuando la ocasión lo requiere, se tiene un respeto. Antes había unos usos muy estrictos y tenías que adecuarte. Hoy la vida ha cambiado. Lamentablemente, el chándal se ha metido en la vida de la gente. Se ha popularizado todo mucho, la ropa es muy económica y la gente ha decidido que hay que estar cómoda.

– Supongo que al igual que en la Ilustración, el ideario globalista tiene mucho que ver, ¿no?

– Muy probablemente, porque un mismo traje lo puedes encontrar en Sierpes o en Tokio. 

– Un ejercicio de costumbrismo e imaginación. Hágame un retrato del típico ‘tieso’ sevillano.

– (Muchas risas) Me deja muerta. No sabría qué decirle. 

– ¿No me diga que no ha oído hablar de él?  

– (Más risas) No lo había oído en mi vida. Se lo preguntaré a un amigo que seguro que sabrá sobre el tema.

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