Juanita Reina declarada Patrimonio Inmaterial Macareno 
Junto a nueve figuras más de relieve en la historia de la Hermandad 

Declarar el patrimonio inmaterial de una hermandad es toda una innovación cofrade surgida en la de La Macarena, cuyo proyecto se venía tramando desde hace dos años. El origen de esa idea se halla en los contenidos de la UNESCO (el patrimonio cultural inmaterial), desde cuyos fines se han plasmado y dirigido por Bosco Gallardo para la Hermandad de La Macarena, siguiendo las pautas y el amplio concepto del organismo internacional: prácticas, expresiones, saberes o técnicas transmitidos por las comunidades de generación en generación. El primer trecho y desarrollo de esta labor se ha concretado en destacar el papel representativo de diez figuras de relieve vinculadas estrechamente a La Macarena. Entre ellas destaca de una manera especialísima Juanita Reina, la gran estrella del cine y de la canción.  

Su elección es indiscutible. Está a la máxima altura de definir el mayor grado de pertenencia y arraigo religioso y sentimental a la Hermandad de La Macarena. Juanita Reina va en este caso rodeada de un elenco  de primera categoría: el bordador Rodríguez Ojeda, el torero Joselito (cuya muerte cantó la propia Juanita Reina), el redoble incomparable del tambor de Pepe Hidalgo, las voces de los capataces Miguel Loreto y Luis León, los cuidados del capiller Abelardo Barranco, la saetera Marta Serrano, el vestidor Pepe Garduño y el florista Ramitos. Son todos los que están, pero no están aún todos los que son.

Se supone que irán incorporándose a la primera lista y reconociéndose cuánto contribuyeron a la más auténtica naturaleza y ser macarenos su histórico hermano mayor el General Bohórquez; el director de su Boletín, Juan José Marín Vizcaíno; el gran impulsor de la formalidad del cuerpo de nazarenos y de la cofradía en general por la calle, ese inolvidable hermano mayor que fue José González Reina; el prioste irrepetible, creador de la clásica puesta en escena del trono y la escalera para el besamano de la Virgen, José Mena Martagón; el veterinario Antonio Román Villa, que protegió a La Macarena en su domicilio de la calle Orfila para salvarla de los incendios comunistas; los compositores de sus más emblemáticas marchas Pedro Gámez Laserna, Pedro Braña Martínez y Pedro Morales Muñoz, los tres pedros que parecieron haber abierto las puertas  celestiales de la más grande Esperanza; su gran poeta Antonio Rodríguez-Buzón, autor de la letanía macarena; y los Donantes de Flores y la Cooperativa de la Encarnación a su pies; y el bar Plata de Benito y el de la Centuria, donde desayunar calentitos; y el balcón de Pavón en calle Parras con la saeta de la niña Pili Sánchez que sería Pastora Soler; y el palio verde por sevillanas del Pali; y los versos de Rafael de León contándola y cantándola en su llanto de pena en San Gil por la muerte del chaval en el “Romance de valentía”; o los cinco nazarenos del Gran Poder pidiendo la venia… El mundo macareno de la Esperanza es inabarcable en su patrimonio inmaterial e inmemorial.

Por ahora las diez primeras figuras han quedado recogidas en un libro presentado en la sede de la Hermandad de La Macarena, con la presencia del propio autor, Bosco Gallardo, jefe del Servicio de Conservación del Centro Andaluz de Arte Contemporáneo; Patricia del Pozo, consejera de Cultura y Patrimonio Histórico de la Junta de Andalucía; Carlos García Lara, director del área de Fiestas Mayores del Ayuntamiento de Sevilla; y el hermano mayor de la Macarena, José Antonio Fernández Cabrero. 

Seguramente, y junto a Joselito en el toreo, sea Juanita Reina la personalidad más famosa identificada siempre con la Virgen Macarena. Es la gran figura de ese libro en cuanto a alcance nacional, el gran emblema de la profunda devoción sevillana y hasta mundial a La Macarena, la máxima representación del fervor popular.

La Virgen Macarena (a la que ahora ciertos puristas se empeñan inútilmente en ceñir sólo al nombre de Esperanza, a estas alturas de su renombre universal), la Virgen Macarena fue una constante en todos los actos de la vida de Juanita Reina. Nacida en la calle Parras (aunque el azulejo que lo recuerda no coincida exactamente con la vivienda real), desde muy niña encomendó a la Virgen sus sueños de ser artista y la promesa de realizar su carrera siendo una persona intachable. Entre las nóminas del elenco que formaban sus triunfales espectáculos por España y países hispanoamericanos, siempre figuró una tal Esperanza, que también cobraba, y de la que no se conocía su identidad. Con el tiempo se descubrió que se trataba de la Virgen.

Para el gran público que la ovacionó en pie por todas partes, en un auténtico delirio colectivo ante su presencia, decir Juanita Reina fue muchas veces decir La Macarena. Y tal fue la simbiosis, que el cabello natural de la Virgen es el de Juanita Reina. 

Por destacar sólo unos cuantos datos significativos de la vinculación de Juanita Reina con La Macarena, en 1964 se casó ante Ella con Federico Casado Algrenti, el gran maestro Caracolillo; el único hijo del matrimonio, Federico, fue durante muchos años armao de la conocida Centuria Macarena que acompaña al Señor de la Sentencia; en la madrugada de 1992, año de la Exposición Universal, y estando presente el tenor internacional Plácido Domingo, Juanita Reina inauguró el balcón de la Basílica que en la fachada viene a situarse sobre el azulejo de Santa Ángela de la Cruz, desde el que cantó la única saeta de su vida, que dirigió por supuesto a su Virgen Macarena tras salir al atrio del templo. No pocos han afirmado que Juanita Reina cantaba siempre en Semana Santa saetas a La Macarena. Pero lo cierto es que hasta ese momento jamás las cantó: “Sólo de pensarlo me temblaban las piernas, nunca pude atreverme”, llegó a confesarme la gran artista.  

Sus coplas refirieron a la Esperanza de sus amores, como “Esperanza y Macarena” y “Señorío”, con la que cerraba el gran musical de la Expo 92 en el Auditorio: “… y el color verde manzana de la Virgen de San Gil”. Y también una de sus más taquilleras películas se tituló “Macarena”. 

Al llegar el momento de su pérdida, el 19 de marzo de 1999, la misa de corpore in sepulto por Juanita Reina tuvo lugar en la Basílica, mientras sus restos mortales se encontraron ante las plantas de su Esperanza Macarena.

Pocos años después de fallecer la incomparable e irrepetible artista, su viudo y su hijo, acompañados de la esposa de este, Yolanda Rabanal, entregaron a la Hermandad la prestigiosa distinción, obtenida en vida por Juanita Reina, del Lazo de Isabel la Católica, que recogió su hermano mayor entonces, Juan Ruiz, y que en la actualidad integra el Tesoro que puede visitarse en el conjunto de la Basílica.

Hay cosas que suceden muchísimo antes de sus declaraciones oficiales, como el que Juanita Reina fuera sentida patrimonio inmaterial de la Hermandad de La Macarena. Esta obra gráfica y de reconocimiento a personalidades, será una justa fijación documental  -suponemos que el primer paso-  que traslada a un libro lo que ya estaba en el corazón de la gente.




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