Almas cándidas las nuestras, que mientras los medios difunden a mansalva cualquier excrecencia sobre el montaje perpetrado por dos muchachas en una discoteca para su exclusivo beneficio y el Gobierno convoca a la comisión de delitos de odio (o algo parecido, que yo no sé si existía o se la acaban de inventar, como se inventaron el fantasma de un célebre «comité de expertos») para estudiar lo que hacer después de que a un tipo le han puesto un ojo morado, pasan por alto que el presidente del Tribunal Supremo y del CGPJ vistió de limpio a todo el Gobierno en la apertura del año judicial con la presencia de S.M. el Rey a propósito del uso zafio y torticero que hicieron de los indultos a un grupo de golpistas.
Señalaba Lesmes que la resoluciones judiciales «se ponen en ocasiones en entredicho -especialmente desde algunas instancias políticas- cuando se contraponen a sus designios, dificultan sus estrategias o, simplemente, no son de su agrado». Pero no se fue por las ramas: «Sirva de ejemplo -dijo- lo ocurrido recientemente, con ocasión del ejercicio de la prerrogativa de gracia de la que se han beneficiado determinados dirigentes políticos condenados por este Tribunal Supremo, cuando se ha llegado a contraponer, para explicar la indulgencia, la concordia frente al resentimiento, como si la acción de la Justicia al aplicar la ley a la que todos nos debemos fuese un obstáculo para la convivencia u obedeciera a razones distintas de las previstas en las normas».
Dijo todo eso y mucho más el representante de las dos instancias judiciales más importantes del Reino, pero la basura mediática, la que constantemente se proclama preocupada de los bulos y las fake news y puebla los platós de las televisiones públicas, cuando ostensiblemente son los más procaces productores de las mismas, anda apasionada con sus boberías habituales, aunque ni siquiera logran ponerse de acuerdo en el tratamiento que debe otorgarse al razonamiento de los talibán, que por un lado resultan execrables porque tratan a las mujeres peor que a asnos, pero por otro lado son dignos de respetar en sus burricies y no les merecen la aversión que reciben los católicos.
Un progre entra en colapso grave cuando le preguntas si debemos retirar una media luna de juguete en una falla valenciana pero estarían de acuerdo con demoler la cruz del Valle de los Caídos. O bastará con preguntarle a la alcaldesa comunista de Aguilar de la Frontera (Córdoba) por qué motivo arrojó a la basura una cruz arrancada en su pueblo a pesar de que numerosos vecinos le pidieron hacerse cargo de la misma, lo que desvela que quienes aceptaron la retirada fallera no lo hicieron sólo por el miedo a una respuesta violenta (lo cual ya es grave), sino por el puro odio sectario que acumula la progrez hacia la religión católica.
Justo ese es el momento en que los medios se ponen a hablar de otra cosa. Por ejemplo, de dos youtubers aburridas como almejas que quisieron liar una trifulca en una discoteca alegando una tramposa acusación desvelada gracias a las cámaras de seguridad del establecimiento. Y a nadie se le cae la cara de vergüenza.
Tampoco a la Fiscal General del Estado, que en el mismo acto en el que intervino Lesmes ocultó con mentiras y tergiversaciones graves los datos reales sobre denuncias de violencia sobre la mujer y sobre los asesinatos de menores. Dijo, por ejemplo, que el 74% de las sentencias de violencia sobre la mujer fueron condenatorias, ocultando, claro, que el 64% de todas las denuncias no llegaron ni siquiera a juicio y, aun así, todavía un 26% resultaron absolutorias; igual que se calló el desglose de menores asesinados por sus madres y se limitó a ofrecer la cifra de que en el último año han sido 33 las víctimas de esta clase, siempre con el doble de madres que de padres como verdugas. Pero esto último se le olvidó.
¿Cómo quejarse de nada de esto si tenemos en cuenta que el ministro de Educación cree que copiar al de al lado en un examen no es sancionable, habida cuenta que su jefe plagió una tesis doctoral, y se la aprobaron por la cara? En Alemania hubo ministros que presentaron su dimisión por mucho menos que eso, pero a estos tipos les da lo mismo porque su objetivo carece de toda clase de racionalidad y van a lo que van.
Más de doscientas veces aparecen referencias a los musulmanes, con diferentes nombres (turcos, moros, sarracenos, mahometanos…), en el Quijote, de modo que se aproxima el tiempo en que un conglomerado de los más extremistas y abominables hijos de Mahoma exigirán la prohibición de la primera novela moderna. Y un ministro tragaldabas lo aplaudirá. Ni lo duden.
No entiendo por qué la luz está tan cara si en el Gobierno no gastan de eso. No queda ni una bombilla encendida en ese manicomio.
He dicho.





