Cuando el pescado entra en fase de putrefacción empieza a apestar por la cabeza, así como cuando una organización se pudre, son sus dirigentes los que huelen mal y es lo que comienza a suceder en la dirección regional del PP que encabeza Juanma Moreno Bonilla cuando, a propósito de la celebración del próximo congreso provincial de Sevilla, previsto para el día 27 de este mes de marzo, han intentado poner al corriente del pago de cuotas a militantes que hicieran frente a la candidatura de Virginia Pérez, actual presidenta del PP de Sevilla.
Tuvo que irrumpir de golpe y por derecho la dirección nacional del partido para zanjar los desmanes que viene ensayando el «frente boquerón» que encabezan Elías Bendodo y el propio Juanma Moreno, quienes pretenden situar a su «candidato a palos», Juan Ávila, actual alcalde de Carmona, al frente del partido en la provincia.
La candidatura de última hora de Juan Ávila, absolutamente improvisada y salida de ninguna parte, pues se trata de alguien sin experiencia alguna en las tareas internas del partido, se ha despeñado ya desde muchos días antes del congreso por una pendiente enloquecida que, lejos de buscar acuerdos o unidad en el partido, emplea palabras gruesas contra sus rivales, como acusar de fraude ab initio el proceso congresual y presenta las trazas de los desesperados.
El intento de «falsear» el censo de militantes con derecho a voto a base de pagar las cuotas de manera irregular, sin contar con el consentimiento de los mismos y pagadas por mano ajena, incluso haciéndolo fuera de plazo, cosa que ha quedado acreditada por los comunicados emitidos por la propia candidatura de Ávila y por la respuesta recibida del comité organizador denunciando esos hechos, es sólo una pequeña muestra del interés por amañar un cónclave como el que se avecina, pero una pregunta capital queda en el aire, que es saber de dónde ha salido todo ese dinero que pretendía emplearse en la operación fraudulenta.
Descartada la posibilidad de que el partido disponga de una cantidad tan importante para tales menesteres, además de ser una acción irregular, habrá que preguntarse quién estaba queriendo sufragar esta dudosa operación, que, más allá de los métodos, cuenta con el respaldo del que fuera todopoderoso secretario general y casi todo dentro del partido, Javier Arenas, además de algunos otros dirigentes regionales, entre ellos el propio Elías Bendodo, presidente del PP malagueño que ha urdido una red de control de cargos medios en diversos estratos de la Junta de Andalucía.
Los beneficiarios de dicha operación de acoso y derribo parece claro que serían, llegado el caso, quienes la promueven, que no son otros que Juan Ávila y Juanma Moreno, y ambos ocupan dos cargos institucionales, el de alcalde de Carmona y el de presidente de la Junta de Andalucía.
En Hamlet, la tragedia shakespeariana, Marcelo pronuncia una frase memorable referida al estado de corrupción en Dinamarca cuando desde lo alto del torreón del castillo escuchan el estado de embriaguez de las tropas: «Algo huele a podrido en Dinamarca» («Something is rotten in the State of Denmark»), dice, pero entonces, como lo es ahora, lo que apesta son las tripas que rodean la cabeza del pescado; es decir, la dirigencia de una dudosa operación que parecía dispuesta a todo, incluso a contravenir las normas internas del partido, con tal de salirse con la suya.
No quedan ahí las muestras de los oscuros manejos realizados en la trastienda, pues para tratar de asemejarlo aún más a las turbias maniobras de la «Suburra» romana, en los últimos días, hasta el propio marido de la candidata Virginia Pérez, Eloy Tarno, delegado de Economía hasta hace unos días en la localidad de Lora del Río, fue cesado de sus cargos en el Ayuntamiento por el alcalde de manera sorpresiva en una especie de ajuste de cuentas o de amenaza depositada entre las sábanas de la presidenta provincial.
Virginia Pérez no parece arredrarse porque, después de cuatro años al frente del PP provincial, ha acreditado ser persona juiciosa y no fácil de amedrentar con los subterfugios que estarían empleando algunos miembros con sus amenazas y métodos que recuerdan demasiado al más puro estilo siciliano.
A última hora de ayer, después de haber sido cesado de manera fulminante de todos sus cargos municipales, Eloy Tarno, hermano del que fuera presidente provincial del PP de Sevilla, Ricardo Tarno, ex senador y ex diputado del PP, fue repuesto en otros cargos de menor relevancia dentro del mismo Ayuntamiento tratando de ocultar la tropelía cometida contra el entorno familiar de la propia Virginia Pérez en claro aviso de hasta dónde están dispuestos a llegar los ejecutores de la maniobra urdida presuntamente con la complacencia y visto bueno del presidente regional, Juanma Moreno Bonilla, que es el principal avalista político de la candidatura de Ávila para hacerse con el control del PP hispalense.
Virginia Pérez guarda un silencio sepulcral y es el comité organizador del congreso el que por ahora responde con los estatutos en la mano a los ataques recibidos mientras aguarda al día del congreso provincial donde se verán las caras, mayormente a través de pantallas virtuales, para decidir si los congresistas renuevan su apoyo a la tenaz presidenta actual o si la mayoría se pliega a las maniobras orquestadas en la oscuridad por una dirección regional que no presenta la cara amable ni negociadora que el presidente de la Junta, que obtuvo los peores resultados electorales de la historia del PP, aunque le favoreció la carambola para ocupar San Telmo, pretende ofrecer en sus comparecencias televisadas de cara a la galería.
Nadie espere que haya «prisioneros» tras esta batalla, pero alguien debería llamar a la unidad y a la concordia para evitar males mayores y, sobre todo, para que a los ciudadanos no se les caiga el velo de que el presidente regional del partido se parece poco o nada a esa imagen apaciguadora y de negociador incansable que sus asesores pretenden transmitir desde el podio de San Telmo.





