Lo malo de renunciar a la batalla de las ideas es que te pasarás el resto de tu vida retirando trastos de encima de la mesa y todo el día discutiendo sobre pequeños absurdos que debieran haber quedado resueltos de una forma pacífica y sencilla desde el primer día.
La batalla de las ideas es la de los principios, la de los conceptos morales y éticos elementales. “No robar’ y de ahí deriva luego el resto, porque de otro modo tendrás que discutir millones de veces sobre cada truco, cada enjuague, cada estafa y, mientras eso ocurre y lo dilucidas, seguirán robando.
Vivimos rodeados de una generación de gente caprichosamente asertiva a la que a base de yogures y de tener todo resuelto la convencieron de que no debe temer a nada, ni siquiera a hacer el ridículo, porque cualquier cosa que se les ocurra están en su derecho de exponerla e imponerla a los demás.
No conocen la frustración porque todo les vino regalado y eran sus profesores los que sufrían las regañinas de los padres a modo de castigos y los malos modos como precio si sus hijos recibían malas notas en el cole o eran los vecinos quienes soportaban las reprimendas de esos padres si sus vástagos hacían una trastada.
Irene Montero, por ejemplo, gasta esa desvergüenza consentida y sin sentido que le permite reñir a quien discrepe de sus enunciados y silogismos indemostrados que la autorizan, cree ella, a imponer su visión de las relaciones humanas hasta en la cama.
Es esa caprichosería prefabricada la que le permite fruncir el ceño cada vez que se dispone a imponer su peculiar tiranía de los conceptos biológicos y psicosociales y también la conduce a expresar su indignado asombro cuando alguien la desmiente.
A Pedro Sánchez, que es de una generación más talludita, también le alcanza parecido desparpajo, de tal modo que aunque todas sus medidas concretas resulten un fracaso, siempre encuentra refugio en las ambigüedades que soportan sus discursos, cada vez más alejados de las soluciones pero más inmersos en la vacuidad de planes a 30 años como si se tratara de un stalincito o un distinguido hijo de Alejandro Magno capaz de proyectarse hacia el futuro, como una dinastía zarista que nunca fuese a tener fin.
La obra de Sánchez, de momento, no se vislumbra como una tarea de levantar escoriales, obras públicas, circos de piedra, monumentos, templos laicos de mármol ni arcos del triunfo que reflejen la inmortalidad de su proyecto, sino que consiste apenas en un amontonamiento de palabras innecesarias y vacías de significado que sólo tejen redes clientelares en una tupida y creciente red de asesores con el graduado escolar hecho en la nómina del Estado. Son los hijos de Sánchez y un solo de trompeta.
De tal manera, además, se evita la tarea de inaugurar embalses, plazas kilométricas o fabulosas autopistas, donde se vería obligado a comparecer en público y sería abucheado.
Como no levanta ni inaugura nada, le sobra con sus apariciones en el plasma en foros inventados desde donde anuncia rascacielos de palabras y promete un cielo de inanidades sin filetes, sin coches, en vagones de tren, en reciclaje permanente y con ropa usada, mientras él se pule 6.000 pavos en jamones de pata negra o se va de vacaciones en el Falcon con su tropa de amigotes a los palacetes de Patrimonio del Estado en un guión imaginado que se traza en una curva aleatoria pero ascendente que le eleva al cielo hueco de sus ensoñaciones de tirano más allá del tiempo y el espacio.
Ha nacido un sátrapa y pronto aspirará a que a él y a Begoña les levanten una pareja de estatuas sedentes como las de Abu-Simbel del tamaño de la Cruz del Valle o que incrusten en alguna montaña un relieve de ambos como los budas de Bamiyán.
Tendrá que ser antes del año 02050, si el pueblo no se les arracima alrededor para arrojarlos a un pilón de brea y plumas por el desfalco.
He dicho.






2 Comments
Demasiado, es demasiado honor este despliegue de periodismo, al tratar de un canalla tan nefasto. Ahora bien, como todo artista, demuestras maestría grande al tejer esta obra de arte con la poca materia prima que ofrece el personaje.
Gracias por el regalo. Ayer era mi cumpleaños. 🙂