#LOMÍO
Están los tiempos mas revueltos que los pelos de Amy Winehouse en Tarifa. Dicha sea esta comparación desde el mayor de los respetos a la cantante británica, que en Gloria esté disfrutando de la toponimia de su apellido. No habíamos terminado de salir del virus del murciélago chino cuando Putin, que tiene toda la cara de un mostachón de Utrera con dos puñaladas por ojos, nos mete en una guerra que veremos a ver por dónde salimos.
De por medio, por si no tuviéramos bastante, los del PP se están matando entre ellos como es su inveterada costumbre desde los tiempos de don Manuel (Fraga que no Lopera ni Pellegrini). A Casado lo han dejado sin casa por lila. Y es que en política todo se perdona menos la ingenuidad y el de Palencia estaba más crudo que el menú de un japonés.
Al final, la baronesa madrileña le ha levantado la merienda con la inestimable ayuda de aquellos medios de comunicación que riega generosamente con el aspersor de la publicidad institucional. Son malos tiempos para el amor, aunque Ayuso pueda decirnos aquello de quien bien te quiere te hará llorar, porque de un tiempo a esta parte, en política, se lleva más la lágrima que el argumento. Aquí lloran todos y todas tal parece que el foro político español es un campo de bulbos subterráneos, vulgo cebollas.
Lo malo de este panorama es que perdemos la visión de lo cotidiano, de lo que sucede a nuestros pies. Perdemos de vista las flores que notifican la luz clara de los nuevos días, el suave menguar de la falda femínea o el voleteo febril del cortejo de los pájaros; tan ensimismados como nos tienen en las desgracias de rigor.
Uno, que acumula defectos como si fueran alhajas familiares, tiene déficit de atención, que es como nos llaman ahora a los torpes, pero suele prestar atención a las musarañas de la vida que sin duda son lo mejor de este pasar nuestro por la tierra. Por eso, ni el adelanto electoral del virreino de Bonilla, ni el nuevo candidato a poner la espalda ante la cuchillería de la derecha genovesa, ni las olas de virus que nos mandan -ya no sé si los chinos o los fabricantes de vacunas-, ni las bombas que tiran los cosacos: lo que a mí me ha emocionado estos días es la vuelta de la tapa de pavía a la pizarra del bar Coli. “Más pavías y menos misiles” que dijo aquel gran filósofo del “malajismo” sevillano, Paco Palacios El Pali. Pues eso. Miren a su alrededor y disfruten de lo que hay, ¡que ya mismo nos invaden esos benditos blindados que son los caracoles y cabrillas!

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