Quienes hayan pensado que lo del año 02050 (sic), que lo escriben así porque Sánchez piensa continuar en el Falcon cuando lleguen al año 10.000, es una entelequia que poco le afecta porque para entonces todos calvos, se equivocan.
Lo que sí es verdad es que presentar en mitad de este desastre un plan a 30 años vista significa que los que anden por la cuarentena le importan al presidente una higa, de modo que quien tenga pensado votar a este PSOE a partir de esa edad es un perfecto inconsecuente, pues parece claro que, una vez vacunados, no entrarán en los cálculos de nada.
Bueno, sí, contarán con ellos porque no les queda otro remedio, pero sólo al modo de quien calcula la leña que hace falta para hacer funcionar los crematorios de un campo de concentración. El ministro Escrivá repite desde antes de ser ministro que las jubilaciones se van a endurecer (en su acceso y en el cómputo de plazos para calcularlas) y ayer mismo Pedro Sánchez recordó que quienes se jubilan son unos desalmados porque eso «reduce el bienestar del resto de la población».
– ¿Serás cabestro e insolidario? ¡Mira que jubilarte…!
A partir de ahora ser jubilado será un estigma tan insalvable como que te adjudiquen el apelativo de facha. Si eres viejo eres facha, por definición, aunque participaras en la batalla de Stalingrado junto a los camaradas de Stalin, pues ya advirtió en su día la podemita Carolina Bescansa que si no votaran los mayores de cierta edad, Pablo Iglesias sería presidente por mayoría desde hace mucho tiempo. O sea, esa era la idea.
Es decir, que Sánchez ha sacado el látigo de los esclavistas, se ha subido a la santabárbara de popa de este galeón llamado España, y se propone tenernos remando hasta que, exangües, reclamemos nuestro legítimo derecho a la eutanasia.
Para el ministro inclusero (la inclusa es el establecimiento benéfico donde se recoge, cría y educa a los niños abandonados y huérfanos) somos en todo tan iguales a un subsahariano recién llegado que nos aplicarán en la espalda los mismos zurriagazos que a Kunta Kinte, porque el objetivo no es en qué condiciones sobrevives, sino atravesar este océano de tormentas en el que nos han embarcado por su pura incompetencia.
Pero despierten, porque esto no va de 2050, sino de mañana, ahora mismo. Quieren que en el futuro (o sea, ya) no tengas casa, trabajes hasta los 75 años y vivas en un cuarto a cambio de cuidar de un anciano, que comas mierda, uses sólo ropa usada, que no viajes, que te resignes a tu viejo Nokia o Motorola de cuando la Expo 92 y todo ello mientras ZP, Iglesias o Felipe González se construyen casoplones de 2 millones de euros, Irene Montero se paga niñeras con nómina de Estado o Sánchez se va de vacaciones con toda su panda a las Marismillas en el Falcon y devoran los entrecots de ternera y los langostinos sanluqueños como vikingos en el día de la patrona.
Es tan ilusionante el panorama que dibuja en el horizonte Iván Redondo que dan ganas de salir huyendo y empezar a devorar filetes empanados hasta llegar a Vladivostok, no sea que comiencen a asfixiar a impuestos a los ganaderos y nos terminen administrando en cartillas de racionamiento los gusanos amarillos que la UE acaba de autorizar para consumo humano o hamburguesas de pensionista eutanasiado en plena fase de felicidad.
Escrivá repite desde su burbuja que necesitamos no menos de 250.000 inmigrantes netos cada año (es decir, una cantidad muy superior, porque tienes que restar la población que se muere cada año y todos sabemos que sólo de covid han caído en el último año unas 150.000 personas), lo que supone más de 400.000 incorporaciones anuales. A ese ritmo, según dice, podremos pelear por mantener un trozo de las pensiones, como si la mera presencia de esa gente produjera alguna riqueza en bienes o servicios y no consumieran los escasos recursos que ya no nos alcanzan.
338 millones de euros al día nos cuestan las pensiones, dicen, pero para sostenerlas no hacen falta seis millones de inmigrantes, sino seis millones de puestos de trabajo que no saldrán de ninguna parte porque Sánchez te quiere comiendo albóndigas de rata y sin comprar ropa nueva en Zara ni teléfonos de última generación.
Cuando quieras ir a Chipiona a comerte un choco o a las Rías Baixas a probar los mejillones, te sacas un cheque-tren y te llevas la fiambrera con los filetes empanados y la sombrilla. Olvídate del coche, donde te freiremos a peajes, y del avión, donde te pondremos los billetes a precio de viaje a la Luna para ir a Roma o a París. Y antes de acostarte, pastilla de soma comunista, como en el mundo feliz de Aldous Huxley.
Adriana Lastra está desconcertada, me parece, porque ni siquiera ella sabe ya de qué va esto. Siempre imaginó que ser facha era una cosa más sencilla y que el bienestar social consistía en que cualquier familia podría disfrutar de un plato de sardinas en el chiringuito o pillar unas vacaciones en Marina D’Or.
He dicho.






1 Comment
Queda dicho! España como dicen de cero a la izquierda gracias a Sanchez