Ayer, martes 12 de agosto, fue el último día de la Esperanza Macarena recibiendo culto a punto de ser trasladada desde su camarín a las dependencias privadas y no visitables de la Hermandad, donde tendrá lugar el largo período de su restauración. No ha cabido otra posibilidad tras la desafortunada tarea de puro mantenimiento que la devolvió a los fieles irreconocible el pasado 21 de junio. Ahora serán el cualificado profesional Pedro Manzano y la supervisión del prestigioso Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico (IAPH), los encargados de reconvertir las lamentables actuaciones de Francisco Arquillo y su hijo David, que según lo afirmado por los expertos del IAPH en el informe solicitado por la también desdichada Junta de Gobierno, se han «extralimitado» en sus funciones de mero mantenimiento.
La Basílica ofrecía ayer el ambiente de un silencio especial, una atmósfera de profundo respeto, una actitud entre la preocupación y la fe en que todo salga bien. Era como la viva antesala de un quirófano, teniendo la conciencia fuerte y grave de que la Virgen Macarena ha de ser forzosamente intervenida. Será una larga operación que durará hasta devolverle las constantes vitales, liberada poco a poco de los efectos sufridos por una agresión imposible de justificar, por más que sus agresores y cómplices se esfuercen en justificarse mediáticamente, concediendo ahora entrevistas con las que persiguen resarcirse públicamente de semejante atropello y lesiones cometidas nada menos que con La Macarena. Pero no hay más que seguir las redes para conocer directamente el clamor popular, al que le resulta inconcebible que no haya dimitido la Junta al completo, en bloque; o que su teniente de hermano mayor, Eduardo Dávila Mihura, no se encontrara presente la noche del 20 de junio, viernes, en que la Virgen volvió a ser depositada en su camarín tras la supuesta tarea de exclusivo mantenimiento. Del hermano mayor, Cabrero, la gente no quiere saber ya más, calificado por muchos como un mentiroso compulsivo, un auténtico obstáculo, en connivencia con los miembros de gobierno, para permitir el total esclarecimiento de los hechos, que aún arrojan muchas dudas y aspectos muy oscuros.
En la despedida de ayer a La Macarena, sus devotos podían acceder a su camarín, sentir su aproximación y hasta una cercanía física muy necesaria en momentos tan tristes como esperanzados en que esta pesadilla termine más tarde o más temprano, pero que termine.
Entre los fieles sentados, callados y orantes, en los bancos, se encontraba Fernando Cabezuelo, candidato a hermano mayor para las próximas elecciones de noviembre, y en quien miles de macarenos ya manifiestan en redes sentir con su deseado mandato la forma de escapar de la total incompetencia de la actual junta de gobierno y entregar los nuevos destinos de la Hermandad a una persona responsable y de total confianza que sepa ejercer el cargo, que demuestre no ignorar, como ha pasado con Cabrero, el gran significado universal de la Hermandad de la Macarena.
Las fotografías están realizadas por Beatriz Galiano, la pintora sevillana que nada más se tuvo conocimiento de la desgraciada intervención de Arquillo y su hijo David, el 21 de junio se personó en la Basílica y al contemplar a la Virgen se atrevió a dictaminar en estas páginas de SevillaInfo, antes que nadie y en un alarde de audacia profesional, que la Macarena tenía solución. No estuvo equivocada, según los informes posteriores que le dieron la razón. Y eso es lo que ahora esperan miles de fervorosos devotos en todo el mundo. El regreso triunfal y feliz de la Macarena de siempre con la mirada inconfundible de su Esperanza.













