Permitan hoy que comience mi alocución diaria en estas páginas de plasma expresándole todo mi apoyo al etarra Iñaqui Bilbao Goicoechea, quien ayer, por orden de la Audiencia Nacional, fue trasladado al Hospital de Puerto Real desde el penal de El Puerto III tras cumplir veinte días ya de huelga de hambre. Cuente con todo mi apoyo, Iñaqui, sincero y profundo, para que siga adelante con semejante esfuerzo hasta agotar todos los hidratos de carbono, luego las grasas y después las proteínas… Adelante y que Dios Misericordioso le acompañe en su camino… hasta las puertas mismas del infierno, para que no escape.
Aclaro enseguida que el señor Iñaqui cumple 45 años de condena por el asesinato de un concejal socialista (sí, del PSOE, ya saben) y otros 14 años acumulados por las amenazas de muerte a varios jueces, entre ellos Baltasar Garzón, al que simuló dispararle con un gesto de sus dedos al entrar en su despacho de la Audiencia Nacional.
En su ‘descargo’, por decirlo de algún modo, cabe decir, anoten, que discrepa con la banda de mafiosos de la ETA en el abandono de las armas y cree que es conveniente seguir pegando tiros a todo el que se oponga a sus designios, razón por la cual, supongo, ni Marlaska ni vigilancia penitenciaria parece que vayan a mover ni un dedo por acercarle al lugar donde asesinó al concejal Juan Priede (sí, del PSOE, ya saben).
Así que si su designio, plenamente elegido, es ahora matarse de hambre, que cuente por esta vez con todo mi ánimo y apoyo. Y si precisa autorización alguna para lograr ese objetivo con la nueva ley de eutanasia, pues le presto mi rúbrica para que presente su solicitud donde estime más oportuno. Y ya luego, que manifieste su profundo pesar Pinocho Sánchez, en el Congreso o en el Senado, donde prefiera, para que yo le siga calificando de filibustero y cómplice de la miseria.
Dicho esto, ayer escuché una declaración de la viceministra venezolana de Gas (extrañamente, el cargo no añadía «…y de Flatulencias»), una tal Yazmín Ramírez, en la cual exige a los ciudadanos de su país lo siguiente: «Que se acostumbren, que se vayan acostumbrando a la leña y a los fogones, como hacían las abuelas, camarada, y como hacen en el campo en muchos otros países, porque tenemos una orden presidencial que dice que la prioridad es darle el gas que sea necesario a Trinidad y Tobago y a Cuba. Estos acuerdos no se van a irrespetar por unas protestas pendejas. No hay ni habrá gas en tu Estado» (sic).¡Tatachán! ¡Chimpún!, añado yo.
Y yo opino que después de escuchar sus palabras no debiera quedar otra que detener al señor Marqués del Moño Tieso y Príncipe de las Tarjetas de Móviles, así como a Zapatero, Conde-Duque del Mamporrerismo bolivariano, para que declaren sus verdaderas intenciones desde el puesto que okuparon u ocupan en el gobierno, habida cuenta el apoyo insoslayable de ambos, desde antes y durante, a la satrapía venezolana.
Un país entero no puede quedar a expensas del juego perverso e intencionado de un tipo que miente, engaña y estafa, a la vez que arruina a millones de trabajadores al mismo tiempo y deja en la estacada y sin protección alguna a sus fuerzas sanitarias, militares y educativas mientras continúa echando balones fuera en guerritas particulares con el único fin de no moverse de su sitio y seguir montando en Falcon.
No hay excusa posible ni se le puede pedir a nadie, ni siquiera al Rey, que se suicide como «los iñaquis» por lo que él asegura que es el bien del planeta, ya que España le importa lo mismo a Sánchez que a mí la Liga de cricket de Pakistán (¿ves, Iñaqui?, yo la k la uso cuando me apetece), como tampoco puede pretender que los españoles se queden cruzados de brazos hasta que llegue la hora de ir a por leña al campo para aprender a hacer fogatas para el puchero, mientras Monedero come «donde le da la gana» (sic) y la Marquesa del Vanity Fair se proporciona a sí misma un ejército de asesoras ágrafas con nuestro dinero para tratar de tapar su inconsistencia preadolescente.
Creo que ya lo he mencionado en alguna ocasión: que sepa Sánchez que la generosidad de los españoles puede no tener límite y nuestro cumplimiento de la Ley intenta ser escrupuloso, hasta el punto de que el pueblo ha permanecido casi inerte cuando morían a millares sus familiares y sus amigos más cercanos, e incluso calla y no protesta cuando un presidente regional inhabilitado ha permanecido casi dos años ocupando un cargo que no le correspondía y que, aun así, cobrará 92.000 euros anuales y otras prebendas en especie para el resto de su vida.
Pero soportar todo esto, así como una humillación constante a S.M. el Rey, a la Guardia Civil y a la Policía Nacional, es una cosa y otra muy distinta es que nos lleven al degolladero de los hatos de leña como si fuésemos pastorcitos de un Belén de parias cantando La Internacional, no villancicos, camino del cadalso.
Y digo más: a mí me sorprende que nadie del PP haya alzado todavía la voz para aclararle a la ministra Carmen Calvo que si derriban la Cruz de todos nuestros Caídos (los de uno y otro bando), apenas caiga este gobierno, ellos cambiarán la ley que sea necesaria para que los partidos que lo hayan apoyado no reciban subvención alguna hasta no cubrir los gastos completos de reconstrucción…, y que esto será así por los siglos de los siglos. Amén.
He dicho.





