Por más que los sevillanos hayan tenido que renunciar a sus ritos tradicionales del día de la Inmaculada, la festividad tendrá lugar en lo más profundo del corazón de la ciudad. La celeste y blanca bandera concepcionista en lo alto de la Giralda es todo un símbolo de los sentimientos marianos de Sevilla, que en la medida de lo posible y siguiendo las pautas convenientes de unas circunstancias especiales rendirá honores a la Virgen en un nuevo e histórico 8 de diciembre.

Lo especial, lo excepcional, se ha convertido ya en el estilo de vivirlo todo en este año 2020 que trajo la invasión de una pandemia. Sevilla en concreto hubo de sacrificar sus más arraigadas tradiciones como la Semana Santa y la Feria de Abril, entre tantos otros acontecimientos que se han ido sucediendo a lo largo de los largos meses de confinamiento y estado de alarma: el Rocío, el Corpus, la Velá de Santa Ana, la procesión extraordinaria del Gran Poder (entre otras muchas, como las que realizan las hermandades de Gloria), besamanos y besapiés de las imágenes sagradas, etc.
Ahora, y con motivo de la llegada del día de la Inmaculada, han tenido que suspenderse los actos en honor de la Virgen, como los toques de Laudes por la Banda del Sol ante la Pura y Limpia del Postigo y el canto de las tunas a los pies del monumento de la Inmaculada en la Plaza del Triunfo.
La enorme convocatoria de las tunas rondando a la Inmaculada Concepción ha convertido su formato de gran asistencia de público en otro de carácter íntimo y, de alguna manera, hasta privado, con la finalidad de no faltar ni siquiera este año a homenajear a la Virgen, aunque sea sin la serenata universitaria a sus plantas.
A media tarde y tras la celebración de una Eucaristía en la Catedral, sólo dos integrantes de cada tuna se acercarán hasta el monumento a la Inmaculada, pero sin bandurrias ni instrumento alguno, sin cantar, con la intención de que no falte ni por una vez su ofrenda floral y el testimonio de su devoción y tributo a la Inmaculada.
El objetivo de esta discreción en la forma de llevar a cabo un acto tradicionalmente muy popular, se ha encomendado incluso a los sevillanos, a quienes las tunas ruegan que no se concentren en la Plaza del Triunfo, para que no se contravengan las medidas recomendadas por las autoridades sanitarias.
Fotografías de Beatriz Galiano

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