Hay días en los que el paso del tiempo se nos presenta con una claridad meridiana, mostrándonos su fugacidad de un modo despiadado. Es lo que me ha ocurrido cuando he sabido del fallecimiento de nuestro querido periodista y escritor Antonio Burgos, uno de mis admirados columnistas de quien tanto he aprendido y aún tengo que aprender, como diletante que soy, en esto de la escritura.
He de remontarme muy atrás, a mi preadolescencia, para recordar los primeros artículos escritos en ABC, que en ocasiones me daba a leer mi abuelo Antonio para saborear ese estilo único, que hacía que nos viéramos reflejados en su opinión y en sus acertados comentarios. Más tarde, en mi época universitaria, lo seguí en Hermano lobo, la revista Triunfo y Cuadernos para el diálogo. Lo recuerdo en el programa de Luis del Olmo, Protagonistas, a principios de los ochenta en la tertulia El Estado de la Nación, con Alfonso Ussía, Luis Sánchez Polack y Antonio Mingote, cuyo formato se adaptó a televisión entre 1993 y 1994 en el programa de Telecinco Este país necesita un repaso.
Él fue la primera persona a la que le escuché decir que “Cádiz (ciudad que lo hizo hijo adoptivo en 2002) es la ciudad de la gracia, pero Sevilla es la ciudad de la guasa”. Con su fina retranca manejaba la pluma como bisturí, o mejor dicho, como espada de doble filo, que atravesaba las junturas de las noticias que todos comentábamos en el café o en las tertulias con los amigos.
Cuando leíamos «El Recuadro», con el mismo título que durante una época empleó también Azorín, maestro de la generación del 98, tan diferente a él en su estilo, no sabíamos si nos íbamos a encontrar con alguna joya de su cultivada memoria sobre la Historia de Sevilla, o si nos iba a deleitar con una de sus perlas sobre lo último que hubiera acaecido en nuestro entorno, porque nunca perdió el pulso de la actualidad, que tanto le preocupaba.
Hizo buena la frase de Rainer María Rilke con aquello de que la verdadera patria del hombre es la infancia, porque derramaba ternura cuando escribía sobre el barrio del Arenal, su hermandad de la Carretería, su Virgen del Baratillo, la entrada de los toreros a la plaza de la Maestranza por el callejón Iris y hasta el puesto de calentitos del Postigo desde donde le servían el desayuno a su majestad el rey emérito cuando hacía noche en los Reales Alcázares.
Amante devoto de las tradiciones de Sevilla, fue pregonero de su Semana Santa («la única semana del año que empieza en domingo») en 2008, y defendía lo inmutable de nuestra ciudad como «un nazareno del Silencio sobre un fondo de cal», además de bético declarado y aficionado taurino, currista por más señas.
De sus inquietudes sociales destaco su novela Andalucía tercer mundo (1972) escrita en el tardofranquismo cuando no había cumplido los treinta años, y el hecho de militar en formaciones que lucharon por la llegada de la democracia a España. Nunca ocultó su sentir monárquico, ni siquiera en los peores momentos del reinado de Juan Carlos I, ni le importaron los calificativos de “homófobo” por no plegarse a las directrices de los colectivos LGBT, o “rancio” por su amor a las tradiciones, que le profesaban sus detractores («Poco vales si no tienes enemigos»). Muchos de ellos ni sabían que fue el primer articulista con pagina web en 1997.
Nos deja una extensa obra literaria, que quizás adquiera a partir de hoy la relevancia que algunos no quisieron darle: Las cabañuelas de agosto (Premio Ateneo de Sevilla 1982) donde narró la historia del fusilamiento de Blas Infante, que continuó en Las lágrimas de san Pedro, El contador de sombras, Querencias, Folclore de las cofradías de Sevilla, Memorias de la Vieja Dama, Rapsodia Española, Gatos, Alegatos de los gatos, ….
Probablemente muchos no sepan que además de escribir en ABC, lo hizo en el diario Madrid (clausurado por la censura en 1971), fue fundador del diario Informaciones, y también colaboró varios años en Diario 16 y El Mundo, así como en la revista Hola, ni tampoco conozcan que en octubre de 2000, tras enterarse de que la banda terrorista ETA pretendía atentar contra él, se fue a vivir a Suiza durante un año.
Hijo predilecto de Andalucía en 2020, en Antonio siempre tuve la referencia del escritor libre de ataduras, quizás porque con el paso de los años cada vez se tiene menos que perder, y él lo daba todo en su columna, como si nada le quedara después de comunicarnos su parecer. Siento como si se nos hubiera ido el mejor solo de violín en la gran orquesta del periodismo. Hasta siempre, maestro.
Alberto Amador Tobaja: aapic1956@gmail.com





