¿Saben una cosa? Ninguno de esos que de manera tan vehemente y políticamente correcta deplora la conducta de los estudiantes del Colegio Mayor Elías Ahúja como si fuesen hordas del ISIS por hacer gamberradas, jamás hizo ninguna en sus años mozos…
Todos fueron siempre miembros de la coral polifónica del colegio, monaguillos o penitentes que jamás pensaron con un cirio en la mano en una novia imposible; todos ellos principiantes de la caballerosidad con botonadura intachable en Eaton (¡si supieran las que lían en Eaton o en Cambridge!); nunca se sobrepasaron en un cántico, en un grito, en un insulto bravucón, en una conversación de la pandilla o en una parranda y ni siquiera bailaron aquello de «La Ramona pechuchona» en las fiestas de su pueblo y además se marchan siempre de los chiringuitos playeros cada vez que suena un perreo encantador («Y aprovecho y ¡pam, pam, pam…!»).
Son seres, como digo, beatíficos, que abandonaron la adolescencia y vuelven a ella ahora pontificantes, con mirada de escandalizados («arráncatelos…»), de turbadores moralistas que predican la nueva religión de lo políticamente correcto para que no abusen de ellos demasiado los de la nueva pacata moral que chilla a grito pelado cada 8 de marzo «Los Borbones a los tiburones», «Sacad vuestros rosarios de nuestros ovarios» o «Macho muerto abono pa mi huerto»… Y todo así, callados como puertas, pero ejerciendo de Spinozistas o de Calvino…, que no es ningún pariente de la ministra de Economía, oigan. Es que ni se alarman cuando un presunto periodista en la SER le zampa a una ministra llamada Irene que «ella tiene un coño tan grande como esta mesa»… y la ministra le responde, casi emocionada: «¡Qué bonito!».
Ni se inmutan, porque la izquierda escoge las dianas y los petimetres de cualquier lado disparan sobre el blanco hasta agotar los cargadores. Y no les señales otro objetivo, porque para entonces no les queda ni una sola bala dialéctica, salvo para llamarte facha, no sea que no les perdonen lo suficiente su aturdimiento.
Pero sabed algo más: ninguno de esos, tan obediente, tan piadoso, tan formal y tan educadito, cuando llegue la hora, se olvidará de desear que aparezca como por ensalmo un ejército de presuntos machirulos que les salve y les proteja, a ellos y a sus familias, de alguna horda de salvajes. No sé de dónde esperan sacar a los henchidos de la testosterona necesaria para ello…
Y aún peor, añado y cierro: ninguno de esos meapilas olvidadizos tan educaditos sabe, ni se ha preguntado todavía, quién fue Elías Ahúja. Cosas de la nueva buena educación.
He dicho.






2 Comments
¡Pues claro! ¡Cuántas primeras piedras libres de pecado! ¡Cuánta soeza soez «permitida»!
Por cierto, que todos los que estaban asomados a las ventanas deberían hacer causa común con el portavoz expulsado y dimitir del colegio o de la universidad o de lo que le caiga a su líder. Borregos, pero al menos consecuentes y valientes. Como protesta por la imbecilidad e hipocresía de los responsables del colegio (salvo que haya sido solo este año cuando se han enterado de esas costumbres). O que los expulsen a todos si hay arrestos, ¿por qué solo al que más gritaba?
Nadie, absolutamente nadie, desenfunda o tira de valentía para confrontar a la horda de mastuerzos de la gazmoñería reinante y que en la izquierda ha adoptado formas inquisitoriales. Ya sabes: no está de moda practicar sexo… Gentuza.