Supongo que ya se puede decir, sin resbalarse apenas y sin muchos melindres, que esta vez el Sanchicomunismo ha intentado dar un golpe de Estado para acabar con lo que iba quedando de la división de poderes y que la UE lo ha frenado.
No es la primera vez que lo intenta y a Montesquieu le llueven las balas y le pasan rozando, pero esta vez iba una dirigida a la sien y ha tenido que ser la armadura de protección comunitaria la que ha desviado el impacto. Por poco.
Tampoco Florentino pretendía con la llamada Superliga acabar con el fútbol, pero hasta los utilleros conocen que la tentación era quedarse como dueños de la banca y no repartir beneficios con los tipos de la UEFA ni con otros clubes ‘menores’. Pues parecido a eso.
El sistema de contrapesos funciona. El “Nos, que somos y valemos tanto como vos, pero juntos más que vos, os hacemos Principal, Rey y Señor entre los iguales, con tal que guardéis nuestros fueros y libertades; y si no, no”, que era la fórmula con la que se juramentaban los señores feudales para nombrar a los Reyes de Aragón, es una cumbre política que se encuentra en el origen remoto de las más modernas democracias, donde la representatividad llovió hacia abajo de la pirámide hasta alcanzar poco a poco a distintos estamentos y luego se universalizó entre todos los individuos, sin distinción de sexo, raza, condición social, etc.
A su vez, los diversos poderes del Estado se articularon para guardar una distancia de seguridad que ni siquiera con la pandemia terminan de entender estos alborotadores de la política y del populismo, donde ahora ya cabe incluir no sólo a Podemos, sino también al PSOE de Sánchez, cuyas prisas le delatan.
Mirado con lupa, el comportamiento del gobierno en el asunto de la renovación del CGPJ tal vez cabría considerarlo como una suerte de sedición, toda vez que ahora sabemos que en Cataluña se trató de una acción ejercida desde el propio poder para modificar las reglas del juego. La diferencia técnica, quizá, es que el ilícito penal que se ha pretendido ejecutar era contra el Tratado de la Unión; o sea, un sujeto de ámbito externo.
Me parece que la analogía resiste bien el encuadre, pero desde luego nadie podrá dudar de que el gobierno ha actuado de mala fe, era plenamente consciente del berenjenal en el que nos estaba metiendo a todos como país y que ha logrado desatar en unas pocas horas todas las desconfianzas de las instituciones europeas.
A Sánchez no le verán que se le caiga la cara de vergüenza por ello, porque ese es uno de sus rasgos distintivos, que no se desmorona ni el bochorno le achicharra ni siquiera cuando se salta el protocolo y se coloca con su señora al lado de los Reyes para saludar a la fila de invitados y es conminado a abandonar el lugar; o cuando el presidente de EE.UU pasa de escucharle y le ordena con desenfadado desdén que se siente donde mejor le pille y no moleste.
Es la escuela zapateril, aquél al que ninguneaban en las cumbres europeas y no encontraba nunca dónde colocarse, siempre en la periferia de las fotos, o que daba cabezadas de sueño entre los líderes de Europa con el gesto de un Mr. Bean de guardarropía.
A Zapatero le recuerdo clavándose las banderillas en la pierna al permanecer sentado cuando desfilaba la bandera norteamericana o en aquella otra ocasión que no acudió a un encuentro con su homólogo en Varsovia porque se levantó cansado después de una larga comparecencia parlamentaria un 14 de diciembre de 2004.
Lo normal que cabe esperar de ambos personajes cuando meten el pie en un charco, como esa «catalina» que ahora lleva Zapatero pegada en su zapato por las comisiones cobradas por su embajador en Venezuela, Raúl Morodo, en la venta de armas a la dictadura chavista, es que continúen caminando con el mayor desparpajo, como si nada sucediera; o como si las maletas de Delcy hubiesen venido cargadas de juguetes por encargo de Papá Noel.
Por cierto, este Raúl Morodo es cofundador del Partido Socialista Popular (PSP) junto al ex alcalde de Madrid Enrique Tierno Galván, partido también de procedencia de José Bono, que por esos años ocupaba la cartera de Defensa en el Gobierno de Zapatero.
Ni les cuento la que estaría cayendo en las «panzer televisionen» del sanchicomunismo si semejante entramado de coincidencias recayera sobre algunos miembros de cualquier otro partido.
Pues ni se inmutan ni descomponen el gesto, entre otras cosas porque no verán un sólo programa especial y acaso ni una sola pregunta en rueda de prensa por tanto dislate.
No es fácil imaginar lo que puede estar sucediendo de puertas para adentro cuando por las rendijas de las ventanas asoma toda esta basura, pero yo casi estoy por apostar que se está urdiendo un desfalco colosal en las elecciones madrileñas. Al fin y al cabo, quien es capaz de intentar un golpe a cara descubierta y sin cortarse un pelo, volverá al lugar del crimen con la confianza de que aquí no pasa nada ensayen lo que ensayen. Y lo mismo da que haya ministros cuyo primer puesto de trabajo sea el de ministro -Churchill bramaría como un gorila por algo semejante- o que coloques de ministra a la madre de tus hijos.
Vale, Montesquieu ha sobrevivido, pero lleva una diana en la espalda. Europa lo sabe.
He dicho.





