José Antonio Constenla nació en 1970 en Santiago de Compostela. Estudió Derecho en la Universidad de Santiago y un Programa de dirección en el IESE Business School (Escuela de Negocios de la Universidad de Navarra).
Desde joven se ha involucrado en diferentes movimientos sociales y representativos. Fue miembro del Claustro de la Universidad de Santiago, Presidente del Consello da Xuventude de Galicia, miembro de la Comisión Interdepartamental de Xuventude de la Xunta de Galicia y Vicepresidente del Comité Gallego de la campaña europea “Juventud contra el Racismo, la Xenofobia, el Antisemitismo y la Intolerancia”.
En Madrid, fue miembro del Comité Permanente del Consejo de la Juventud de España, consejero del Consejo Asesor de Medio Ambiente (Ministerio de Medio Ambiente), Asesor de la Secretaría del Plan Nacional de SIDA y del Plan Nacional sobre Drogas (Ministerio de Sanidad y Consumo) y Miembro del Grupo Operativo de proyectos del 0’52 (Ministerio de Trabajo).
Es colaborador habitual de diferentes medios de comunicación, publicando semanalmente una columna en varios diarios de papel y digitales. Es autor de un libro de “Guía-Vademécum de Ayudas y Subvenciones Europeas”, editado por la Unión Europea en el año 2000.
Entre otras entidades, ha sido Secretario General de la delegación en Galicia de la Asociación para las Naciones Unidas y vocal de la delegación española; Patrono de las Fundaciones EUROFORUM ALAPÍTVANY (Budapest-Hungría) y BPATA KBM CBETA (“Puerta al Mundo”) (Sofía-Bulgaria) y Delegado en Galicia de la Fundación Mainel.
Ha impartido conferencias y seminarios en diversas comunidades autónomas y en Uruguay, Brasil, Venezuela, Argentina Portugal, Italia, Bélgica, Dinamarca, etc.
Desde 2019, es concejal del PP en el Ayuntamiento de Santiago de Compostela.
– ¿Cómo nació su interés por la política? ¿Por qué se decantó por el PP?
– Me afilié a la antigua Alianza Popular en 1989, coincidiendo con la llegada de Fraga a Galicia, cuando ganó las elecciones autonómicas.
Desde la adolescencia he sido muy inquieto y me he implicado con diversas entidades. Siempre he considerado que hay unos valores constantes en el tiempo que son importantes para mí, lo que denota una tendencia hacia un cierto conservadurismo.
Soy un democratacristiano por convicción y práctica religiosa, que considera que la libertad y la defensa de la dignidad humana son muy importantes y que su defensa de manera natural nos lleva a buscar activamente una sociedad justa para todos.
Partiendo de estas notas, lo natural en aquel momento, era recalar en un partido como AP donde se había creado un ámbito de relación, encuentro y debate entre diferentes sensibilidades políticas: liberales, conservadores y democratacristianos.
– ¿Quiénes son sus referentes políticos nacionales e internacionales? ¿Hay políticos de otros partidos que admire?
– A nivel nacional, citaría a uno fallecido y a otro vivo. Comenzando por el último, señalaría a José Manuel Romay Beccaría, exministro y antiguo presidente del Consejo de Estado, con el que he mantenido contacto, ya que Romay, con sus recomendaciones literarias ayudó a que madurase mi conciencia política y aumentase en mí una cierta vocación de servicio público. El primer libro que me regaló y me causó un verdadero impacto fue “La sociedad abierta y sus enemigos” de Karl Popper, que me permitió reafirmar mi compromiso con la libertad como valor y aspiración.
Por otro lado, destacaría a Manuel Fraga por su compromiso con nuestra tierra. Partiendo de un profundo amor a España, se convirtió en el creador de la mejor Galicia de todos los tiempos. Su identificación de las políticas públicas que se tenían que abordar y la identificación de los retos que teníamos por delante para madurar como sociedad, siguen siendo cuestiones de actualidad y se estudian en teoría política.
Fui presidente del Consejo de la Juventud de Galicia, y desde ese puesto, que dependía del presidente de la Xunta, tuve la oportunidad de tener una cierta relación con él. Recuerdo que en cierta ocasión escribí un artículo sobre el Estado autonómico, la necesidad de la Administración Única y la conversión del Senado en Cámara de representación territorial, que tenía una docena de páginas. Por cortesía y por cierta autocomplacencia (pecados de juventud) se lo envié para que me dijese qué le parecía. Su respuesta me llegó por correo a los pocos días con una nota y una caja con quince libros.
A nivel internacional tienen todo mi reconocimiento Margaret Thatcher y Ronald Regan, políticos únicos que supieron hacer lecturas y propuestas coherentes (que se podrán compartir o no) de un mundo en transformación.
De manera especial siento una profundísima admiración por los políticos fundadores de la Unión Europea porque fueron capaces de transformar un continente herido por la guerra en un proyecto de paz, unidad y cooperación. Robert Schuman, Jean Monnet, Konrad Adenauer o De Gasperi demostraron un coraje moral y político extraordinario, apostando por una Europa de valores fundamentales: la democracia, los derechos humanos y la dignidad de la persona.
En la actualidad tengo que decir que estoy siguiendo con expectación a Giorgia Meloni, primera ministra italiana. Un verdadero descubrimiento, en especial en lo referente a su reivindicación y defensa de las «raíces de Europa», con un fuerte énfasis en la identidad cultural, religiosa y nacional de los pueblos europeos.
– En términos de tribunal de la Historia, ¿qué valoración hace de los diferentes presidentes del gobierno de la democracia?
– Creo que todos son hijos de las circunstancias que les tocó vivir, las cuales condicionaron su labor de gobierno.
Adolfo Suárez fue un político joven y transformador con el que se recupera un verdadero parlamentarismo en la sociedad española, en tiempos convulsos y de expectativa. Ahora vemos cómo los consensos de la Transición son cuestionados por los gobiernos socialistas y sus socios separatistas. En cualquier caso, el liderazgo de Suárez fue inspirador en su momento, permitiendo que personas de ideologías tan distintas llegasen a acuerdos de mínimos.
Felipe González también fruto de sus circunstancias, con el Telón de Acero de fondo, liderando la socialdemocracia europea que transformó el país en un doble sentido. Para bien, en materia de infraestructuras y modernización del país. Para mal, potenciando el crecimiento de las estructuras del Estado para controlar mejor todos los aspectos de la vida pública y privada, reduciendo el papel de la autonomía individual. En cualquier caso, los que han venido después al frente de su partido lo han hecho bueno. En términos absolutos, considero que fue un presidente respetable, a pesar de sus múltiples sombras.
José María Aznar es el presidente del cambio de siglo. Sufrió un descrédito que no se merece y, además, por razones muchas veces no relacionadas con su labor de gobierno. Creo que fue absolutamente transformador. Potenció la autoestima del país y posicionó a España de nuevo entre los grandes países del mundo. A mi juicio, un gran presidente, el mejor de la democracia, y creo que la Historia le va a hacer más justicia que la sociedad contemporánea, que se ha quedado con anécdotas como lo de hablar catalán en la intimidad, los pies encima de la mesa junto al presidente Bush, o la boda de su hija, que nada tienen que ver con su gestión.
De José Luis Rodríguez Zapatero sólo puedo decir que no le perdono que haya resucitado la cultura guerracivilista en España. Es un comisionista de dictadores y de regímenes políticos de dudoso respeto que en el gobierno sacó redito político de resucitar a los muertos de la Guerra Civil por medio de un revanchismo innecesario en clave de culpables e inocentes. Desde aquí quiero dejar un mensaje claro: ninguna ideología vale una vida humana, y en la guerra los dos bandos hicieron verdaderas barbaridades. Es tiempo de pasar página con el recuerdo de la barbarie para no repetirla, pero sin resucitar el dolor.
Mariano Rajoy se enfrentó a momentos complicados y creo que su gobierno necesita de una reflexión profunda y sosegada, que dado cómo terminó, no se realizó. Evitó que España fuese intervenida, pero teniendo una mayoría absoluta, casi todas las comunidades autónomas y el 90 % de las capitales de provincia, pudo realizar algunas reformas profundas y de calado, como por ejemplo, una nueva organización de la Administración General del Estado, de financiación de las comunidades autónomas, o la relativa a la Ley Electoral para que los españoles no seamos rehenes de veleidades nacionalistas que condicionan la gobernabilidad del Estado.
De Pedro Sánchez sólo puedo mostrar estupefacción, y cerraría la lista con él, teniendo por encima incluso a Zapatero. No es una cuestión de que yo sea del PP y lo critique por ser del PSOE. Me parece un hecho objetivo, estamos ante un presidente, al que no acompaña el interés general y que es capaz de cualquier cosa si con ello puede perpetuarse en el poder un día más. Ya sea dando una financiación singular e injusta a una comunidad autónoma, o troceando la soberanía nacional sin pudor.
– Si tuviese que hacer un ránking con cada uno de ellos, del mejor al peor, ¿cuál sería? Le propongo, además, algo más complejo, y es que les asigne a cada uno de ellos una nota numérica del 0 al 10.
– En primer lugar pondría a Aznar, a quien le daría un 8. Luego a Adolfo Suárez, con un 7, después a Felipe González, con un 6. Tras él, a Rajoy, a quien también le daría un 6. Por último, a Zapatero con un 4 y Pedro Sánchez con un 2.
– Desde su refundación en 1989, el PP sólo ha celebrado unas primarias, que fueron las de 2018, en las que concurrieron seis candidatos, aunque sólo tres (Casado, Cospedal y Sáenz de Santamaría) con opciones. En Galicia se votó mayoritariamente a Cospedal, ¿por quién se decantó usted?
– Voté a Cospedal porque había acreditado una cierta experiencia de gestión, y podría haber sido una presidenta de transición oportuna, pero a la postre se ha visto que esa fórmula de primarias fue un verdadero desastre, ya que no fuimos capaces de leer lo que quería la sociedad ni generar ilusión. Se votaba más por antipatía hacia alguien que por simpatía a un candidato. En ese contexto, ganó Casado de rebote y eso es algo que no debería haberse producido. Deberíamos haber actuado con más altura de miras.
– Una cuestión de rabiosa actualidad es la retahíla interminable de casos de corrupción que afloran en el seno de este gobierno. ¿Cree que Sánchez acabará dimitiendo por la presión de sus barones o que, por el contrario, agotará la legislatura con el apoyo de los separatistas, que pueden sacar de él más concesiones de las que nunca antes han conseguido?
– Lo has resumido muy bien. Los separatistas están exprimiendo al máximo los recursos del Estado en beneficio propio, y si cae Sánchez, cae también su chantaje ilimitado. Por eso, lo van a mantener hasta el final.
Su capacidad de aguante es casi infinita, y un ejemplo de ello es que si el actual presidente del gobierno va a un restaurante o a una visita, es muy probable que le silben. Esto llamaría a cualquiera a reconducir su vida política y personal pero, al presidente Sánchez parece que no le afecta. Donde algunos ven tesón, yo veo altanería.
El PSOE ha desaparecido entre las manos de Sánchez. No hay barones, no hay discurso crítico, no hay debate. Sólo existe Sánchez y sus intereses personales.
No sé si la legislatura va a llegar hasta julio de 2027 como estaría previsto o acabará antes, ya que uno no es adivino, pero creo que, salvo que se demuestre una implicación más directa del propio Sánchez en casos de corrupción, él intentará agotar la legislatura.
– ¿Cree que como consecuencia del sanchismo habrá una escisión del PSOE si Sánchez se mantiene mucho tiempo en el gobierno? En la etapa de Zapatero, como consecuencia de cuestiones tan polémicas como el Estatuto Catalán, pese a los muchos gestos de amagar y no dar de José Bono, la única que dio un paso al frente fue Rosa Díez, que creó UPyD, ¿cree que en esta nueva etapa sucederá algo similar?
– Sería lo deseable, pero no alcanzo a imaginar por dónde podría surgir esa corriente y cuál sería su perfil ideológico. Zapatero intentó atraerse a votantes más radicales, radicalizando a sus bases, que hasta ese momento tenían un mayor sentido de Estado. Podían ser republicanos pero respetaban al Rey, no eran creyentes pero respetaban a quienes lo eran, no simpatizaban con el PP pero respetaban a sus votantes. Sánchez, discípulo avanzado de Zapatero, ha incidido en este proceso político radicalizando todavía mucho más a sus militantes.
De la dificultad de encontrar quién puede liderar ese proceso dan cuenta ejemplos como el Carmen Calvo, feminista clásica que veía en el feminismo un instrumento marxista de lucha reservado a las mujeres y no reconocía en este capítulo el transgenerismo. Ahora, sin embargo, no tiene nada que decir con lo que está pasando con Santos Cerdán y Ábalos, que elegía mujeres por catálogo, y que (perdón por la frivolidad) decía que cuando no podía decantarse por la rubia o la morena, se quedaba con las dos, algo absolutamente impresentable.
Page es como Bono, amaga más que da, y en los Comités Federales del PSOE no parece decir lo mismo ni con la misma claridad que lo dice en los medios de comunicación. Creo que si el PSOE quiere sobrevivir como partido, debe prescindir de Sánchez, y si no ha surgido ya una escisión, no creo que vaya a hacerlo con facilidad.
– ¿No cree que el PP necesita un liderazgo más duro y combativo que el de Feijóo como puede representar Ayuso? Lo planteo porque considero que un buen líder para el PP debe tener claro dos cuestiones: que con Sánchez no se puede ir ni a cobrar una herencia porque no cumple nada, y que si quieren gobernar, deben pactar con VOX, que es el único partido que está dispuesto a llegar a acuerdos con el PP.
– Puedo coincidir en la necesidad de una estrategia más dura, pero tengo en la retina a Feijóo hablando de los prostíbulos de Sánchez en el Congreso y retratando a un presidente falsario.
Alberto Núñez Feijóo debe explicar a los españoles que su alternativa es mejor que la de Sánchez, y debe ser presidente de los que le votan y de los que no, lo cual no es óbice para que también sea duro y sin medias tintas, pero sin palabras gruesas, sin enfangarse y sin caer en el insulto como hace el propio Sánchez, porque para esa pelea tiene a Miguel Tellado, que es un gran secretario general.
Desde el PP estamos haciendo una oposición dura como el país demanda. Denunciando con contundencia la corrupción y explorando la vía de una moción de censura, ya que los regímenes deben tener fecha de caducidad, sobre todo cuando tenemos un gobierno corrupto e ilegítimo, no desde el punto de vista electoral pero sí moralmente.
No soy ambiguo y creo que el PP debe explorar todas las vías de futuro para un gobierno solvente. Con el PSOE compartimos muy poco a día de hoy, y con VOX compartimos muchas más cosas, y prueba de ello es que muchos de sus votantes lo fueron antes del PP. Debemos contemplar la posibilidad de que vuelvan a casa, y si no es posible que voten de nuevo al PP, tenemos que ser capaces de construir una alternativa sólida al actual gobierno.
– Sánchez blanquea incluso a Bildu, del que ha llegado a decir en el Congreso que “es un partido como cualquier otro”, mientras que el PP compra el discurso de la izquierda sobre VOX, que busca dinamitar la única posibilidad que tiene de volver al gobierno, es decir, pactando con el partido de Abascal. ¿Qué opina usted sobre VOX? ¿Considera que es un partido de extrema-derecha o una derecha democrática?
– Me parece un partido absolutamente democrático, y los votantes de VOX son antiguos votantes del PP con una conciencia ideológica muy activa. En mi caso concreto, como he dicho antes, soy democratacristiano y le confiero un gran valor a la libertad, soy profundamente antiabortista en un contexto en el que ya no se habla sobre esta cuestión, y creo firmemente en la libertad de enseñanza. VOX ha acercado a la sociedad contemporánea algunas cuestiones que estaban silenciadas. Su discurso es tachado de ultraderecha y antisistema por la izquierda, que ha condicionado durante mucho tiempo el debate social.
VOX es un partido político democrático, y por tanto, totalmente legítimo, algo que Bildu, una formación filoterrorista, no es en modo alguno, ya que en sus filas están los mismos que aplaudían cuando asesinaban a un concejal del PP o del PSOE o a un guardia civil, en definitiva, a aquellos compatriotas que dieron su vida por defender nuestras libertades. Vaya por delante que respeto a todas las personas, incluso a aquellas que votan a Bildu, pero no a ese partido porque no todas las ideologías son respetables.
Me parece que VOX necesita trabajar y madurar sus propuestas políticas si quiere tener un verdadero programa de gobierno creíble que abunde en algo más que tópicos. Más allá de temas como la inmigración, la caza o los toros, me gustaría saber qué proponen sobre materias tan importantes como la vivienda, la fiscalidad, el estado autonómico o la política internacional, porque no conozco sus medidas en estas áreas. Más allá del leit motiv, no sé qué programa tienen para gobernar este país.
PP y VOX están condenados a entenderse. De hecho, hay muchos casos de miembros de una misma familia que conviven en la misma casa y votan al PP unos y a VOX otros. Creo que es más fácil entenderse de lo que parece.
– ¿Por qué un votante de VOX debe decantarse por el PP, que teniendo mayoría absoluta con Rajoy no ha derogado ninguna de las leyes ideológicas del PSOE como prometió: ni la Ley del Aborto, ni la memoria histórica ni ilegalizó Bildu, entre otros muchos ejemplos. ¿Por qué confiar en qué Feijóo lo hará cuando en Galicia incumplió sus promesas en materia de libertad lingüística?
– Dices que incumplió sus promesas sobre libertad lingüística, pero de 25 concejales que hay en Santiago de Compostela, soy el único que sólo habla español en la Cámara local a pesar de que también hablo fluidamente gallego, y nadie me censura por ello.
En Galicia no hay una dictadura lingüística como la que se vive en Cataluña. Afortunadamente la sociedad gallega ha normalizado el concepto del bilingüismo armónico, bajo el cual, alguien puede preguntar en gallego y su interlocutor, con toda paz, le contesta en castellano y no pasa nada. Creo firmemente que la defensa del español no debe implicar un menoscabo de las lenguas regionales. Me siento enormemente gallego porque me siento profundamente español y no concibo la vida de ningún otro modo.
Sobre por qué sería conveniente que lo votantes de VOX votasen al PP, lo fácil sería acudir al concepto del voto útil, bajo el cual lo que toca es animar a los votantes de VOX para que apoyen con su voto al PP para echar a Sánchez. Esto sería lo fácil, pero lo fácil podría no serlo tanto, ya que los votantes de VOX, legítimamente podrían negarse a renunciar a la defensa de sus propuestas políticas.
Sea como fuere, el PP tiene que hacer los deberes y trasladar a los votantes de VOX que van a estar cómodos votando al PP o gobernando con él. Nuestro presiente, está trabajando en ello más allá de declaraciones de coyuntura política.
Alberto Núñez Feijóo ha sido un gran presidente de Galicia y lo va a ser para España, aunque no somos monedas de cinco duros, que les gustan a todos, como decía mi abuela. Por ello, quiero pedir desde aquí a VOX que contribuya a construir una alternativa sólida frente a Sánchez, que no sea ni histriónica ni provocadora.
– Usted ha conocido a políticos y periodistas de primer nivel. ¿Podría contarnos alguna anécdota reseñable? ¿Cuál es el que más le ha sorprendido y del que guarda mejor recuerdo?
– Santiago de Compostela es la mejor ciudad del mundo, y prueba de ello es que tenemos un Apóstol, lo que nos convierte en algo especial, y cada año nos visitan primeros ministros, embajadores e intelectuales.
Vi muy de cerca a San Juan Pablo II cuando tenía 16 años y participé en la organización de la Jornada Mundial de la Juventud, incluso conservo un rosario que nos regaló. Su discurso sobre la necesidad de que Europa volviese a sus raíces, fue totalmente premonitorio. Me impactó Benedicto XVI, a quien también vi muy cerca. En sus ojos se reflejaba la profunda humanidad del Santo Padre, que es la humanidad de Cristo.
Para mí, como referente político destacaría a Jaime Mayor Oreja, un hombre absolutamente implicado con la sociedad de su tiempo y con quien he hablado centenares de veces, escuchando su experiencia política, que me ha sobrecogido. Igual que María San Gil, testigo directo del asesinato de Gregorio Ordóñez, lo que marcó su vida.
Con Fraga tengo infinidad de historias, y me llama la atención que a pesar de toda la gente que le trataba, nunca le escuche una anécdota repetida, ni vi que se reservase tiempo para él. Tenía un altísimo sentido de servicio público. Tuve ocasión de acompañarle en uno de sus últimos actos públicos antes de fallecer, una conferencia que dio en un Colegio Mayor de Santiago para explicar a los chicos cómo fue posible la Transición. Aquella última vez que le vi, apenas se le podía entender y a pesar de su condición frágil y débil, no dejaba de hacer esfuerzos por poner en valor aquella época clave de la historia de nuestro país.
– Para concluir, le formulo dos preguntas personales que tienden a ser comunes a todos mis entrevistados, y como siempre, matizo que la primera es más profunda y trascendental y la segunda, mucho más trivial. Comenzando por la primera, ¿es usted creyente? ¿Qué papel ocupa la religión en su día?
– Sí, soy católico practicante y la fe ocupa un papel muy importante en mi vida. Si me preguntan sobre el mensaje que más me haya calado, sin duda contestaría que el mensaje de amor y redención de nuestro Señor Jesucristo. En todas las casas tendríamos que tener impresas las bienaventuranzas. Yo soy educado y políticamente duro, pero no me gusta faltar a la caridad. Me gusta ver detrás de cara rostro el rostro de Jesús, y destacar que todas las personas tenemos la misma dignidad de hijos de Dios. Por ello, todas las personas, a pesar de sus creencias, son respetables. Lo que no siempre son respetables son sus ideologías. Creo que se puede santificar hasta la actividad política, y en eso estamos.
– Por último, ¿es usted aficionado al fútbol? ¿es de algún equipo?
– Soy muy taurino, y en la tablet, cuando me voy a dormir, veo corridas de toros, pero también soy muy futbolero, en concreto, del Real Madrid. Esta pasión blanca me la inculcó mi abuela. Murió muy avanzados los 90 años, cuando yo era pequeño vivía con nosotros, y si el equipo perdía, se iba a la cama muy enfadada, refunfuñando.
Esta afición por el Real Madrid también la ha heredado mi hija. No soy radical y en mi vida he discutido con nadie por el fútbol, pero tampoco puedo ver perder al equipo, y cuando esto sucede, apago la televisión.
Como corresponde, también soy fan y seguidor del Compostela, el equipo de mi ciudad, al que voy a animar al campo siempre que me resulta posible.





