Javier Garisoain Otero nació en 1969 en Pamplona. Es licenciado en Historia y librero de profesión desde 1998. En el plano político, fue secretario general de Comunión Tradicionalista Carlista entre 2007-2018, número dos en las listas de la coalición Impulso Social (formada por Alternativa Española, el Partido Familia y Vida y la CTC) a las europeas de 2014, y presidente de la Comunión entre 2018-2020, y de nuevo, desde 2022.
– ¿Cuál fue el proceso por el que abrazó ideológicamente el carlismo?
– En mi caso ideología poca porque viene de familia, ya que mi padre era un gran entusiasta de la causa, y transmitió a sus hijos el amor por la tradición carlista. Esto es algo muy sano, muy humano y muy normal, igual que en el PSOE hay gente socialista “por tradición”, ¿qué mejor que ser coherente defendiendo la propia tradición de España.
– ¿Tiene simpatías por políticos internacionales presentes o pasados?
– De políticos internacionales recientes no sabría qué decir, y sobre históricos prefiero fijarme en los propios de la historia del Carlismo, que nos sirven de inspiración. Recientemente hemos asistido al homenaje a Manuel Fal Conde, que fue jefe delegado de Comunión Tradicionalista durante la Segunda República, en el 50 aniversario de su muerte.
La política de la modernidad, inspirada por las ideologías, está sacando todo de quicio también en esto, lo que menos se necesitan son caudillismos. No está bien eso de venerar a líderes políticos como salvadores de la Patria.
Por supuesto que sí sería bueno que hubiese una monarquía legítima con un Rey legítimo, que no tiene que ser necesariamente carismático, y que, al igual que los Papas, basta con estar dispuesto a servir. Como dijo Jesucristo, “el que quiera ser grande entre vosotros sea vuestro servidor”. Esto es precisamente, lo que debe guiar a un católico en política.
– Su partido manifiesta que la política debe estar supeditada a la religión, ¿apuestan entonces por un Estado confesional o teocrático?
– Como he dicho antes, la política se ha sacado de quicio, invadiendo ámbitos que debían ser de la filosofía, la ética, la religión, la economía… estando todo dominado por la voluntad del poder y el juego de los partidos. La política debería, como se dice vulgarmente, quitar sus sucias manos de muchas cosas para volver a ser un servicio al bien común y una expresión de la caridad bien entendida.
Uno de los campos en el que se ha metido la política es en el de la religión, cuando la política y la religión tienen su ámbito. No creemos en el estado actual que idolatra a la libertad o a una especie de falsa religión masónica. Tampoco queremos una teocracia o que la Iglesia dirija la política, pero el nuestro es un país de tradición católica, y si está habitado por católicos, las instituciones y las leyes deben ser católicas. Somos partidarios de que esta realidad se refleje en las instituciones.
En 1975 se produjo una gran traición a España, que indiscutiblemente era entonces una nación católica, en la que la gran mayoría iba a misa, bautizaba a sus hijos… y entonces se impuso con trampas y mentiras una Constitución atea. Muchos católicos no lo entendieron, cayeron en el engaño, y cincuenta años después, como dijo Alfonso Guerra, a España no la conoce “ni la madre que la parió”.
– ¿Puede un ateo o un agnóstico pertenecer a la CTC?
– Que una persona con dudas en la fe, agnóstica o incluso atea pertenezca a la Comunión no sería muy lógico porque nuestro Ideario es claro, y los carlistas somos católicos prácticos en la vida pública. Sin embargo, tampoco le impediríamos colaborar o ayudar de alguna forma a la España católica si lo desea. No somos sectarios.
– En lo que al sistema político se refiere, ¿defienden un modelo corporativista similar al de Falange o uno diferente?
– Es muy diferente porque nosotros creemos que los cuerpos intermedios naturales no deben ser creados, ni sostenidos ni dirigidos por el Estado. Este debe ser fuerte pero pequeño, limitado al Rey y sus funcionarios, y respetuoso con en el principio de subsidiariedad. La sociedad debe funcionar con libertad, los sindicatos y las asociaciones profesionales deben ser libres; las universidades responsables de sus propios planes de estudio, etc. El estado debe limitarse a coordinar y suplir en aquello a lo que no llegue la iniciativa social, a evitar abusos y a arbitrar cuando haya conflicto.
Por poner un ejemplo, el estado no puede dedicarse a barrer la nieve de la puerta de los vecinos. No puede meterse en todo como sucede ahora, que se quiere regular hasta cuánto tiempo tienen que planchar los hombres o las mujeres en sus casas, o cómo deben de constituirse los Consejos de Administración de las empresas.
– ¿Cuántos militantes tiene actualmente CTC?
– Desde siempre hemos sido una organización muy descentralizada, basada en círculos y otras entidades que se adhieren a la Comunión pero que no son propiamente la CTC. Los que participamos en los Congresos y las Juntas Políticas somos unos cientos, y luego hay un número indeterminado de carlistas.
Hay que tener en cuenta que no somos propiamente un partido pese a estar inscritos como tal, ya que es la única posibilidad que nos ofrece el sistema para darnos de alta como asociación política. A nosotros nos repugna el sistema de partidos, que consideramos un grave error. Pero tampoco queremos aparecer como una mera asociación cultural porque tampoco somos eso. Somos un grupo político que quiere dar voz a la sociedad.
– ¿Hay fuera de España algún partido o movimiento ideológicamente similar a la CTC? ¿Tienen relaciones con organizaciones extranjeras?
– El Carlismo es algo muy original, no existe ninguna fuerza que sea exactamente como la Comunión fuera de España, y actualmente tampoco tenemos alianzas a nivel institucional. Sí que existen contactos puntuales con legitimistas franceses, miguelistas portugueses, movimientos tradicionalistas en Italia o con el movimiento monárquico en Polonia, por ejemplo. Naturalmente, aparte estaría todo el ámbito del hispanismo, que para nosotros tampoco es exactamente “el extranjero”.
– Cuando alude a movimientos tradicionalistas italianos, ¿a qué organizaciones se refiere?
– En el caso italiano son organizaciones que actúan en un plano más cultural que político, pienso por ejemplo en el “movimiento neoborbónico” que reivindica el reino de las Dos Sicilias en el sur de Italia, sus instituciones pre-liberales y que son, por tanto, muy críticos con el proceso masónico que dio origen a la Italia moderna.
– De cara a las sucesivas elecciones, ya que su partido no concurre, ¿piden a sus bases la abstención o el voto a otras formaciones?
– Nosotros solemos insistir en que a las elecciones no hay que darles tanta importancia. Todo el sistema de partidos -la partitocracia- se basa en la importancia de votar porque es un sistema amañado. El Carlismo tiene una historia muy larga, de casi doscientos años, y por experiencia sabemos que este sistema electoral es la coartada para la dictadura perfecta porque con él elegimos, a la vez, al que va a mandar y a quien nos debería defender del que va a mandar. La realidad es que cuando se le da el poder a un partido, se le está entregando un cheque en blanco sin posibilidad de matizar, ya que se prohíbe expresamente el mandato imperativo y nadie está obligado a cumplir los programas electorales. Yo suelo decir que el voto inorgánico es algo tan irrelevante como un estornudo. Personalmente, las veces que he ido a votar no he necesitado demasiada reflexión. Algunas veces he votado nulo, metiendo una estampita en el sobre, eso además de las pocas ocasiones que la CTC se ha presentado, al Senado y a las elecciones europeas, que fundamentalmente han sido experimentos para hacer propaganda.
– Recientemente se han unido Falange Española de las JONS y FE-La Falange pese a sus diferencias ideológicas, ¿sucederá lo mismo entre la CTC y CT? ¿cuáles son las diferencias entre ambas organizaciones?
– Yo creo que sí. Creo que sucederá tarde o temprano y que las diferencias caerán por su propio peso.
Conviene recordar que el Carlismo ya vivió su propio proceso de unidad en 1986, cuando confluyeron en el mismo la Comunión Tradicionalista, Unión Carlista y Comunión Católico-Monárquica para reconstituir, todos juntos, la actual CTC. Años después, la CT de 2001, surgió como un proyecto nuevo liderado por Miguel Ayuso en torno a la Secretaría Política de don Sixto de Borbón-Parma, y aparte hay otros carlistas que no militan actualmente en ningún grupo. Se van a cumplir 40 años del Congreso de la Unidad Carlista del Escorial, cuando se inició un proceso que al menos por nuestra parte sigue vivo en el sentido de que estamos abiertos al entendimiento y por el que procuramos no hacer críticas públicas a otros grupos.
La peculiaridad del carlismo, nuestra debilidad y nuestra fortaleza, está en nuestra concepción monárquica, en la lealtad a la persona del Príncipe, que es lo que falla actualmente cuando no todos los carlistas están de acuerdo en la persona que deba encarnar esa legitimidad. Nos queda el Ideario, que se resume en Dios- Patria-Fueros y Rey, y eso es mucho, pues recoge perfectamente lo esencial. En resumen, seguimos trabajando en ello y pensando también que cualquier unidad como mejor se logra no es en la teoría sino en la acción.
– Hay carlistas con posturas muy diferentes sobre el Franquismo, ¿qué opina usted sobre esa etapa histórica?
– No hay tanta diferencia. Lo resumiría diciendo que los carlistas fuimos antifranquistas cuando había que serlo, y que ahora no tiene mucho sentido ser antifranquista cincuenta años después de la muerte de Franco.
Hay que distinguir entre las cosas buenas y malas del régimen de Franco. Durante décadas el Carlismo era el único movimiento político que le decía a la cara al Generalísimo aquello que veía mal: un Estado que iba ganando cada vez más peso, que funcionaba de arriba abajo y sin posibilitar una libertad real en la vida social, que hablaba de Cortes orgánicas, municipios y gremios, nombres tradicionales a los que no les dio contenido porque, en su lugar, había una estructura de partido único que no enlazaba con la tradición de España. Además, en el tema territorial el régimen se aferró a las provincias, como hace ahora Vox, ignorando cualquier peculiaridad política regional. En fin, el régimen de Franco incurrió en un excesivo estatalismo y centralismo.
Ahora la izquierda internacionalista está rabiosa contra Franco por haber construido embalses, por procurar la independencia industrial, energética y económica de España, por dejar la educación a la Iglesia, por no permitir inmoralidades como el aborto, el divorcio o la pornografía… Pues todas estas cosas son precisamente las cosas del régimen que nosotros mejor valoramos. ¿Somos franquistas por eso? Yo creo que no.
– ¿Cómo fue la experiencia de CTC en la coalición Impulso Social en 2014 con Alternativa Española (AES) y el Partido Familia y Vida (PFyV)? ¿A qué achaca los insuficientes resultados? Algunos análisis consideran que la presencia del PFyV perjudicó por su ambigüedad en materia de unidad nacional, algo que hizo que potenciales votantes fuesen canalizados hacia VOX, ¿coincide con ese diagnóstico?
– No creo que el Partido Familia y Vida fuera un problema en ese sentido. Creo que los pobres resultados (17.000 votos) se debieron a que salimos con una marca nueva al mercado electoral con muy poco tiempo, y por ello logramos menos votos que si los tres grupos hubiésemos ido cada uno por nuestra cuenta.
A pesar de ello creo que fue un buen intento y que hicimos bien en intentar sacar adelante el proyecto, aunque fuera para demostrar que el sistema electoral da de sí lo que puede. Un soporte suficiente de medios de comunicación y una financiación millonaria que no tuvimos es lo que al final posibilita que nuevas fuerzas consigan representación. En fin, es legítimo intentar actuar por la vía electoral, sí, pero la gente debe ser consciente de que no es la única vía legítima.
– ¿Se plantearon unirse a la coalición ADÑ (integrada por Falange Española de las JONS, FE-La Falange, Alternativa Española y Democracia Nacional) a las europeas de 2019? ¿De cara al futuro van a formar parte de nuevas coaliciones?
– No nos planteamos en aquel momento esa colaboración y ahora tampoco. En el caso de Impulso Social fue algo puntual basado en un planteamiento de mínimos, que eran los llamados “principios no negociables” de Benedicto XVI, buscando que, al menos, hubiera en las instituciones una voz que defendiera unos mínimos morales.
– En el pasado, la CTC llegó a sacar hasta 45.000 votos en toda España, que es una fuerza similar a la que tenía VOX en 2016, cuando era extraparlamentario, o el Frente Obrero actualmente, ¿a qué achaca esa pérdida tan sustancial de votos y el hecho de que desde 2014 no se presenten a ningunas elecciones?
– Esos votos no los hemos perdido. Creo que hay muchos carlistas, y que, si tuviésemos financiación suficiente, con un buen plan estratégico de carácter electoral, los resultados podrían ser todavía mejores.
Ahora estamos insistiendo en una labor pedagógica y en el aspecto más social, que es el más cercano: en los municipios, asociaciones y en el plano laboral. Pero no descartamos en el futuro ninguna herramienta legítima.
– Pasando a una cuestión más personal, ¿qué opina sobre el nuevo Papa León XIV? ¿Quiénes son sus Papas de referencia?
– Nuestros Papas de referencia son los de Roma, el que sea en cada momento, no somos protestantes, ni luteranos, ni del Palmar.
De todas formas, por aclarar, bastante trabajo tenemos nosotros con la política como para meternos a arreglar los problemas de la Iglesia. Como creyentes confiamos en Dios y como hijos de la Iglesia confiamos en el Papa, que hará lo que crea mejor para la Iglesia.
El Papa es la autoridad moral y religiosa para todos los católicos, nosotros, desde la Comunión Tradicionalista, no vamos a decirle al Santo Padre cómo debería llevar la acción pastoral, la catequesis o la liturgia. Del mismo modo tampoco esperamos sus instrucciones para dirigir la agenda política o para resolver asuntos concretos de política económica o migratoria. La Doctrina de la Iglesia, especialmente la social y política, aporta un marco filosófico, moral y espiritual que nos ayuda a actuar como laicos bajo nuestra propia responsabilidad.
– Si me permite la indiscreción, ¿asiste usted a misa tradicional o del Novus Ordo?
– Suelo ir a la del Novus Ordo, seguramente porque siempre he vivido en un ambiente en el que los sacerdotes que he conocido han sido fieles y no de los que van inventándose cosas sobre la marcha. En este asunto -es una opinión personal- creo que las cosas irán ordenándose para bien.





