Francisco Martín Aguirre nació en 1953 en Málaga, siendo el segundo de siete hermanos (cuatro varones y tres mujeres), pasando sus primeros cinco años de vida en Madrid, siete en Cartagena, estudiando en los maristas, y uno como interno en los jesuitas de Alicante.
Llegó a Sevilla con trece años, cuando trasladaron a su padre a la ciudad por motivos profesionales, estudiando en Portaceli, y en los dos últimos años estudió en el Instituto Fernando Herrera, que se abrió frente a las Adoratrices, en La Palmera.
Cuando terminó el Bachillerato, se marchó a Madrid porque quería estudiar Economía rama Empresariales, estudiando los dos primeros cursos en la Universidad Complutense, y luego, el tercer, cuarto y quinto año en la Facultad de Economía de Málaga, donde la Obra había abierto un Centro.
Volvió a Sevilla y terminó la Milicia Universitaria, trabajando en la empresa Unquisa, y cuando sintió signos de llamada el sacerdocio, fue a Roma, donde estudió Teología durante dos años. Luego, tras un año en Pamplona de laico, terminó Teología, ordenándose sacerdote en 1980.
San Josemaría quería que todos los sacerdotes de la Obra tuvieran una carrera civil y un doctorado eclesiástico, e hizo su tesis sobre “El reconocimiento de efectos civiles al matrimonio canónico en los debates parlamentarios de la Ley del 7 de julio de 1981”, siendo, por tanto, Doctor en Derecho Canónico.
Siendo sacerdote en Pamplona, fue capellán del Colegio Mayor universitario Belagua durante dos años, mientras terminaba el doctorado. Luego le preguntaron si le importaría marcharse a Estados Unidos, y manifestó su plena disponibilidad, pero finalmente fue destinado a Madrid, como capellán del Colegio Mayor universitario Moncloa, entre 1982-1994.
En 1994 volvió a Sevilla, y se dedicó a la atención pastoral con universitarios, en dos Centros de formación de la Obra. Luego en 2003, atendió la Capellanía del Colegio Tabladilla, en la etapa de la Primera Comunión y los alumnos mayores.
En 2009 se fue a Córdoba para ocuparse de la Pastoral Familiar, donde permaneció hasta 2018, cuando volvió a Sevilla, siendo capellán del Colegio Altasierra, un colegio del Aljarafe, y luego en el Centro Educativo Albaydar.
Desde 2022 atiende la labor de formación en el Centro de la Obra Cancel, y es confesor en las iglesias del Señor San José y La Magdalena, en Sevilla. Atendiendo también, desde 2019, la labor apostólica de la Obra en Sanlúcar la Mayor y alrededores.
– ¿Cómo recibió la llamada del Señor?
– Hay que distinguir dos momentos, siendo el primero de ellos a los catorce años. Mi madre era supernumeraria del Opus Dei y mi padre era un hombre muy trabajador, muy honrado y creyente, aunque no pertenecía a la Obra.
Mi madre nos dio mucho ejemplo y cariño, corrigiéndonos cuando nos tenía que corregir. Yo veía que ella iba todos los días a Misa, y yo empecé también a ir a Misa casi todos los días. También cuidaba la Confesión frecuente.
Al comienzo de la Cuaresma de 1967, con los de mi clase del Colegio Portaceli, hicimos unos ejercicios espirituales en San Juan de Aznalfarache. Allí de un modo espontáneo noté la atracción del Señor, y a partir de entonces procuré cuidar más la oración. Por otro lado, fui conociendo mejor el espíritu de la Obra y poco a poco fui comprendiendo que el modo de concretar mi entrega al Señor era en la Obra. No fue algo que sucediese de modo lógico tipo A, B y C, sino espontáneo, poco a poco, de modo natural.
Con catorce años y medio pedí la admisión en la Obra, y en los siguientes 6 años se fue consolidando la vocación y renovando mi entrega, luchando contento por mejorar.
En octubre de 1970, empecé la carrera de Economía-Empresariales en la Universidad Complutense de Madrid, pues en Sevilla no había todavía esos estudios. Eran los últimos años de Franco y en la Facultad de Economía había especial inquietud política que se encauzaba en manifestaciones, huelgas, presencia de los grises en la entrada a los Pabellones, etc.
Mientras cursaba 4º y 5º de carrera, hice la milicia universitaria (IMEC), el CIR en Almería y luego en la Academia de Intendencia, en Ávila, así como las prácticas en Sevilla, en el Cuartel Guzmán El Bueno. Luego estuve trabajando en Unquisa, una empresa química ligada al Grupo Explosivos Riotinto, ya que pensaba ser empresario. Pero poco a poco se impuso la posibilidad del sacerdocio.
Por eso fui a Roma, a Cavabianca, el Seminario Internacional de la Prelatura, donde estudié Teología y me ayudó a consolidar mi vida interior y las virtudes sacerdotales. También coincidí allí con gente de muchos países de los cinco continentes, una experiencia muy enriquecedora. Allí viví la muerte de San Pablo VI, el breve pontificado de Juan Pablo I y la llegada de San Juan Pablo II. Además, tuve la suerte de poder estar en frecuentes tertulias formativas con el Beato Álvaro del Portillo, en las que aprendíamos mucho de un modo sencillo, y en las que nos estimulaba a cuidar nuestra unión con el Señor, nuestro amor a la Iglesia y también en la fidelidad al carisma que había recibido nuestro Fundador.
– ¿Conoció personalmente a San Josemaría Escrivá?
– Sí, tuve la fortuna de conocerle y escucharle en diversos encuentros con más personas. Y en dos ocasiones le pude tratar más personalmente.
Me sentí muy atraído por su modo de ser, por su cariño de padre, su firmeza de convicciones y sobre todo, por el Amor a Dios que transmitía de un modo sencillo y atractivo.
– ¿Quiénes son sus Papas de referencia?
– Bueno, los que he podido conocer durante mi vida consciente. Conocí a Pablo VI en Roma en una audiencia que concedió a los participantes del Congreso universitario ICU en 1972. Era la primera vez que veía a un Papa y me impresionó mucho. Pero con quien más he coincidido, tanto en Roma como cuando vino a España, es con San Juan Pablo II, a quien además tuve la suerte de poder saludar pocos días después de su elección en una audiencia a finales de octubre de 1978, y en otra ocasión participé, con otros alumnos de Cavabianca, en una Misa que celebró en Castelgandolfo y pude recibir la Comunión de sus manos. Son muchos los escritos de San Juan Pablo II que me han ayudado. También tengo en muchísima consideración a Benedicto XVI, sobre todo por la profundidad de sus escritos y homilías, que expresan muy bien la armonía que hay entre la fe y la razón. Del Papa Francisco, me ha ayudado especialmente su Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium.
– ¿Tiene alguna devoción especial por algún santo o lugar sagrado?
– Realmente, a todos los santos los admiro, pero me atraen mucho San Agustín, Santo Tomás de Aquino, San Francisco Javier, que es mi patrón. También citaría a Santa Teresa de Jesús, San Juan de Ávila, San Juan de la Cruz y luego, lógicamente, San Josemaría, que es el santo al que más unido me siento, habiendo leído y meditado mucho sus escritos y su ejemplo, así como el beato Álvaro del Portillo, con quien coincidí durante mi estancia en Roma y del quien también me han ayudado mucho sus escritos y su predicación.
En cuanto a lugares sagrados, me siento muy atraído por Fátima, donde he estado más veces. A la Virgen de Torreciudad le tengo especial cariño, porque allí me ordené sacerdote. También he estado en Lourdes y en Loreto, en Italia.
– ¿Qué es lo mejor y lo peor de ser sacerdote?
– Lo mejor es ser instrumento del Señor y poder acercar Su Amor a los demás, a través de los Sacramentos y de Su Palabra, ayudar a las personas de diversos modos, y en definitiva facilitar a todos el acceso a la Vida Eterna.
Lo peor es lo que yo pongo, que son mis limitaciones y mis defectos, aunque procuro luchar todos los días para no estorbar la acción de Dios a través mía.
Pero el balance de la vida de un sacerdote -si somos generosos-, queda muy bien reflejado en lo que decía San Josemaría: “Soñad y os quedaréis cortos”.
– Atendiendo a su propia experiencia personal, ¿son muchos los jóvenes que acuden a los cultos religiosos?
– Efectivamente, es evidente que, en Occidente hay una menor práctica religiosa entre los jóvenes de hoy; pero el Espíritu Santo no deja de actuar y de fecundar la vida de la Iglesia de muchas maneras, también con diversas iniciativas nuevas que facilitan el encuentro con el Señor. Respecto al Opus Dei, hay siempre un empeño por conectar con la mentalidad juvenil para facilitarles el encuentro con el Señor: aprendiendo a transmitir el contenido del Evangelio como la mejor respuesta a los interrogantes grandes que todo joven se plantea, también ahora en el siglo XXI.
Los jóvenes, por definición, son personas inquietas que buscan el bien y la felicidad, pero les faltan referencias sólidas, valiosas; pues hay tantos canales por los que llegan multitud de sugerencias, y a veces no se tiene capacidad crítica para distinguir los valores que responden con plenitud a esa sed de felicidad y amor que toda persona lleva dentro. A este respecto son muy sugerentes las palabras de Jesús: “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida”.
Creo que, en conjunto, hay menos jóvenes que conocen al Señor, y por tanto ven la fe como un rollo o una cosa de niños chicos y viejas. Creo que falta un testimonio personal cristiano y una enseñanza que sintonice con sus inquietudes. La Iglesia pone un empeño grande en adaptarse y de salir al paso para iluminar esos cambios sociales tan fuertes; pero, también cada cristiano, en el lugar que vive y se mueve, debe formarse para procurar ser lo más auténtico posible, como los primeros cristianos en un ambiente más o menos hostil.
– Adentrándonos en una cuestión más vinculada a la política como es la relativa al voto católico, ¿a día de hoy hay algún partido que se acerque más a la Doctrina de la Iglesia?
– Creo que ninguno recoge plenamente el Evangelio, y San Juan Pablo II decía que antes que quedarse sin votar, se debe tener en cuenta el principio del mal menor, optando por la opción que se considere más próxima a la Doctrina Social de la Iglesia. Porque unos partidos coinciden en algunos aspectos mientras se alejan en otros… En fin, me parece un consejo muy bueno recomendar a los católicos que no se queden sin votar; y menos pensar que eso de la política no va con ellos.
– A día de hoy se oyen diferentes posturas sobre la inmigración, desde aquellas que abogan por deportar a los inmigrantes ilegales, a aquellas que, en su lugar, abogan por regularizarlos. ¿Qué planteamiento es, bajo su punto de vista, más acorde con la doctrina católica?
– Bueno, yo también soy economista, y aunque no haya ejercido, hay cosas que se llevan dentro… Me parece muy importante que los países desarrollados se preocupen por el desarrollo de los países de origen de la inmigración, no limitándose a explotar sólo su materias primas y la mano de obra barata, como ha sucedido muchas veces en la historia.
Creo que la primera medida que debe adoptarse es de ámbito más universal, de la Unión Europea, de los Gobiernos de los países ricos, que deben poner las condiciones para que las inversiones que se hagan en esos países, se gane dinero, sí, pero a la vez reporten riqueza y educación a dichos países. También mediante el control de las inversiones que se hagan en esos países, para que el dinero vaya a su destino y redunde en el bienestar del pueblo, y no solo en el de algunos de sus gobernantes o intermediarios.
Esa debe ser la primera instancia, y luego, la inmigración hay que regularla adecuadamente, porque si no, se expone a crear unas expectativas que luego no se ven realizadas, generando una penosa frustración. Aunque no es fácil, el Estado tiene medios para evitar que esto suceda. Pienso que se puede poner mucho más esfuerzo a la hora de corregir ese flujo, inhumano en la mayoría de los casos, que se está produciendo en nuestras fronteras.
– Otra cuestión, en esta ocasión más polémica, es la relativa a la normativa aprobada en Jumilla (Murcia) en torno a la celebración de festividades musulmanas en instalaciones públicas, ¿qué opina usted sobre ello?
– No me parece bien lo que ha hecho el Ayuntamiento de Jumilla, porque si estiman que las instalaciones deben dedicarse al deporte y unas personas religiosas quieren un sitio para celebrar adecuadamente su culto, el Ayuntamiento, salvaguardando el orden público, debe llegar a un acuerdo, y facilitarles un espacio conveniente.
En el islam se dan facciones extremistas y peligrosas, pero gran parte del pueblo musulmán trata de dar culto a Dios a su modo, con el bien básico que eso conlleva para la sociedad, aunque en algunos aspectos no hayan alcanzado la plenitud de la Revelación que hemos recibido en la Iglesia católica.
A la vez, el modo que tenemos los católicos de defender nuestra fe, no es impidiendo el culto de otras religiones, sino viviéndola con más coherencia; y en el diálogo interreligioso mostrándola también con argumentos. Creo que las autoridades políticas en Jumilla se han equivocado, y me parece muy bien lo que dijeron los obispos.
– Una cuestión que también está de plena actualidad es la reforma de los Estatutos del Opus Dei. ¿Podría explicar de manera sencilla en qué consiste y qué se persigue con ello?
– Hace unos ocho años el Papa Francisco aprobó una reforma en la legislación de la Santa Sede que afectaba a varias instituciones de la Iglesia. En este contexto, se pidió al Opus Dei que llevase a cabo una actualización de sus Estatutos, atendiendo especialmente a la protección de su carisma.
Después de diversas reuniones bilaterales con el Dicasterio para el Clero, a principios de este verano, el Opus Dei ha presentado su propuesta definitiva y se está a la espera de la respuesta de la Santa Sede.
En estos tres años, el Prelado del Opus Dei ha dado un ejemplo maravilloso de unión filial con el Papa, tal y como nos inculcó San Josemaría.
Llevo más de cincuenta años en la Obra y, dentro de nuestras limitaciones personales, sólo queremos servir a la Iglesia como la Iglesia quiere ser servida.
– Para concluir, le planteo algo mucho más trivial: ¿es usted aficionado al fútbol? ¿Es de algún equipo?
– Si, mucho. Soy del Real Madrid, pues cuando de pequeño vivíamos en Cartagena, el Real Madrid ganó cinco Copas de Europa de fútbol seguidas, y como el Cartagena FC entonces no era relevante, me enganché al Madrid, algo que he mantenido y mantengo, aunque no me gustan los madridistas fanáticos.
– Estamos en Sevilla, la ciudad del derbi. Además del Real Madrid, entre el Betis y el Sevilla, ¿por cuál se decanta?
– Un poquito más por el Betis, me cae mejor.





