Antonio Ortega García nació en 1955 en Linares (Jaén). Estudió Ciencias Humanas en el distrito universitario de Granada, militó en el entonces PSA, luego PA, desde su fundación hasta su disolución entre 1976-2015. Ha sido secretario general del Partido Andalucista entre 1995-2004, consejero de Relaciones con el Parlamento de la Junta de Andalucía entre 1996-2002 y de Turismo y Deportes entre 2002-2004, candidato andalucista a las autonómicas andaluzas de 2004, concejal del Ayuntamiento de Sevilla y portavoz del PA en la Diputación de Sevilla entre 1987-1990, así como diputado autonómico entre 1990-2004. Bajo su liderazgo, el PA obtuvo los mejores resultados en votos, con un total de 300.356, gobernando en dos legislaturas (1996-2004) en coalición con el PSOE en la Junta de Andalucía.

– Quisiera comenzar preguntándole en torno a su trayectoria. ¿Cómo llegó al andalucismo?
– Fue un proceso de búsqueda de identidad, ya que viajé con catorce años a Cataluña y en Barcelona había una calle que se llamaba Conde del Asalto. Era una calle del barrio chino que daba a Las Ramblas, y había un bar de esquina que se llamaba Andalucía, que era un bar de meretrices, de prostitutas, y me dolió que Andalucía fuera eso en Cataluña. Fue el primer shock que recibí siendo todavía niño, por lo que me identifiqué con la necesidad de reivindicar la identidad de Andalucía de gente honesta y trabajadora.
Había en Cataluña muchas cosas que nunca había visto, como el Metro, dándome cuenta de que los andaluces éramos los últimos, por lo que esa vocación política se transformó en compromiso. Luego, con 18 años, leí el Ideal Andaluz de Blas Infante porque alguien me lo regaló, pero con 17-19 años, todavía en vida de Franco, no teníamos una definición partidaria sino ideológica, ya que los jóvenes teníamos inquietudes, y unos acabaron en Comisiones Obreras, otros en el PCE y en el PSOE, aunque este último no tenía tanta presencia pese a que en Linares había algún socialista. Yo acabé en el PSA.
– Muchos han tenido dudas por la evolución del PSA, luego PA, que comenzó siendo un partido a la izquierda del PSOE, luego ideológicamente similar al PSOE y después, en un término medio entre el PP y PSOE, lo que ha generado desconcierto en no pocas personas. ¿Era el PA de izquierdas o de derechas? Dentro de esta misma cuestión, ¿se puede ser andalucista y de derechas?
– Si tuviera que responder el Antonio Ortega de hace treinta años, diría que no se puede ser andalucista y de derechas, pero el de hoy cree que la izquierda y la derecha son una rémora histórica, una definición decimonónica y geográfica, fruto de la pura casualidad, ya que podría ser justo al revés: si los más radicales se hubiesen sentado a la derecha en el Parlamento francés, la izquierda y la derecha se definirían justo al contrario.
El mundo está cambiando y han pasado más de dos siglos desde que se crearon esas definiciones, hoy existen móviles, internet y el fenómeno de la globalización, lo que es indicativo de una vida muy diferente a la que conocimos. Hoy no solo hay un cambio tecnológico, sino también de las ideas.
Hay conceptos que sigo defendiendo, como la igualdad social, el respeto al pensamiento de los demás y la memoria histórica, sobre todo el respeto a los que, con la memoria fresca, dieron un paso adelante y apostaron por la reconciliación construyendo ese ejemplo universal de la Transición Española. Y ahora vienen los que no saben nada de nada, una generación de tramposos, a decirnos que la Transición fue una claudicación y no un perdón colectivo para que nunca más en España vuelva haber una guerra entre hermanos.
El verdadero progreso está por escribir, necesitamos una nueva visión política que responda a las necesidades del siglo XXI. Por ejemplo, la gente que apoya la energía nuclear, ¿es de izquierdas o de derechas? Vivimos en un medio en el que, si no hay luz 24 horas, hay una revolución, y se deben buscar soluciones que estén al alcance de todos. Puede que la energía nuclear sea de derechas y su precio sea de izquierdas. Se debe dar una vuelta a los nuevos conceptos y valores.
– Una pregunta que me gusta formular a los representantes de terceros partidos en un país tradicionalmente bipartidista como el nuestro es: ¿quién considera que ha sido el mejor presidente del gobierno de la democracia?
– Sin duda, Adolfo Suárez, que fue un hombre de Estado por encima de sus intereses personales, que entendió (muy en relación con la respuesta anterior) que el mundo tenía que cambiar, y él, que había sido secretario general del Movimiento, era de quien menos se podía pensar que haría desaparecer el Movimiento.
Luego fue otro gran presidente Felipe González, que, con sus pros y sus contras, también entendió que el papel de España en el mundo debía ser otro, acabando con el aislacionismo e integrando a nuestro país en el mundo occidental, tanto en la OTAN como en la Unión Europea.
No obstante, el político innegable fue el Rey Juan Carlos.
– ¿Y qué opina de los presidentes Aznar y Rajoy?
– De Aznar hay muchas cosas que no me gustaron porque en sí mismo tiene una actitud provocativa, pero tuvo claro que había que defender el sitio de España en el mundo, como se ve en la foto de las Azores, tan denostada. Luego se demostró un error político porque las armas de destrucción masiva que se esgrimieron para derrocar al régimen de Saddam Hussein no existían. No obstante, dio un paso adelante por la posición internacional de España con sus ventajas y defectos. Todos tenemos una cara y una cruz, y se puede ser perseverante (la cara) y cabezón (la cruz).
Rajoy tuvo un ministro de Hacienda comunista como Montoro, que hizo mucho daño. Si la libertad es evitar la explotación del hombre por el hombre, también se debe evitar que nos explote el gobierno, y esa fue la parte que menos me gustó del gobierno de Rajoy, a quien creo un hombre bastante centrado (que no es lo mismo que de centro), lejos de lo que promovían los nacionalistas catalanes y, por cierto,el seny catalán es un bulo, una fake news que le hemos comprado durante muchos años a los vendedores de tejidos de Manresa.
– ¿Y a quién considera el mejor presidente de la Junta de Andalucía?
– Creo que en la Junta ha faltado ambición, aunque personalmente tengo cariño y respeto a Manolo Chaves, con el que hice amistad.
La Junta nunca ha sido un instrumento sino una herramienta para pegarle en la cabeza al PP o al gobierno central. Es cierto que el árbol ha crecido y no es como en 1975, pero entonces los árboles nos sacaban un metro y ahora nos sacan metro y medio.
– ¿Quiénes son sus referentes políticos? ¿Hay políticos de otros partidos que admire?
– Sí, sin duda Adolfo Suárez es uno de mis referentes. También Alfonso Guerra, al que conocí en una visita a mi pueblo, Linares, en el verano de 1976, y los jóvenes tuvimos una reunión con él y me pareció un hombre inteligente y brillante. También señalaría a Rajoy y Rodríguez de la Borbolla, y a quien no admiro es a Pedro Sánchez, al que considero un referente del frentismo.
– ¿Qué opina de los nuevos partidos nacionales que han aparecido recientemente como Podemos, Ciudadanos, VOX y más recientemente, Se acabó la Fiesta, ¿el partido de Alvise Pérez?
– De Alvise Pérez, honestamente, no pienso. No he tenido tiempo para pensar en él y sólo sé que tiene ya problemas legales, no habiendo tardado mucho en generar un problema de financiación ilegal.
Creo que Podemos cuando nació era necesario, siendo como un sonajero o una campana para despertar una conciencia muerta, pero la ideología comunista no es que haya muerto de éxito, sino que siempre ha sido un fracaso. Muchos dicen que no se ha interpretado bien a Carlos Marx cuando habla de la dictadura del proletariado, pero yo con las dictaduras no me llevo bien, y antes como ahora digo que “dictaduras, ni la del proletariado”.
La comunista no es una opción para libre pensadores, ya que el comunismo, no deja de ser, en realidad, una monarquía medieval y esclavista sin concepto de libertad.
Ciudadanos fue interesante en su momento, pero ha acabado desapareciendo como todas las opciones que han pretendido ocupar el espacio de centro, como el CDS de Adolfo Suárez o el Partido Reformista (PRD) de Roca Junyent. No han analizado bien el mundo al que se dirigían, queriendo debatir si eran más de izquierdas o de derechas cuando debían ser ciudadanos del siglo XXI, y no pretender llegar tan rápido al poder.
VOX tiene algo interesante al hacer que espabile la derecha cobarde porque, no es posible que el centro-derecha o derecha centrada, no modifique las políticas, sobre todo fiscales, de los gobiernos del PSOE porque eso no es valiente, pero creo que los extremos siempre nos conducen al precipicio.
– ¿Qué opina de AxSí, que sería el partido más similar a lo que representaba el PA? ¿Cree que el andalucismo político tiene recorrido?
– Creo que sí, y que ahora tiene una ocasión importante para afianzar ese recorrido, ya que estamos en una encrucijada política, y eso da muchas expectativas políticas al andalucismo. El debate debe ser en torno al andalucismo, dejando a un lado si se es más de izquierdas o de derechas, y prueba de ello son los pasos en el desierto andalucista que da Moreno.
– Se han hecho análisis muy diferentes al respecto y por ello quería preguntarle, ¿por qué cree que desapareció el PA?
– Las razones son que en cada elección teníamos menos votos. Está claro que algo no hicimos bien y dejaron de confiar en nosotros. Cuando algo ya no es necesario, se necesita algo nuevo con gente nueva, ya que no tiene sentido mantenerse arrastrando la noble historia del Partido Andalucista.
– ¿Cree que fue un error que los andalucistas pactasen con el PSOE en la Junta de Andalucía?
– Creo que no fue un error sino todo lo contrario, y nos dio algo que nos faltaba, que era consolidarnos en muchos puntos de Andalucía en los que no lográbamos entrar, ya que a partir de ahí se consiguieron diputados en Córdoba y Huelva.
Sin pacto con el PSOE no salimos (por orden de importancia en cuanto a votos) de Cádiz, Sevilla y Málaga, abriendo otros campos y posibilidades, y de no ser por el 11-M habríamos revalidado otros cuatro años en el gobierno.
– ¿Qué logros destaca de su etapa de gobierno a nivel autonómico?
– Comenzaría destacando algo que poca gente ha valorado, y es el hecho de que pedimos tres direcciones generales que se convirtieron en consejerías, como era Turismo (que estaba dentro de la Dirección General de Industria), Deportes y en 2004 íbamos a incluir Comercio.
Vimos que podíamos hacer algo nuevo al potenciar el turismo de interior y las agrociudades, no la Costa del Sol por un lado sino Andalucía en su conjunto, algo que dio buenos resultados, y posteriormente nadie ha hecho lo contrario, sino que se ha mantenido.
Decidimos que Deportes debía ir con Turismo y no con Cultura para hacerlo una herramienta más del turismo, vendiendo una imagen que nunca antes se había pensado de Andalucía, con campeonatos y el World Trade Marker, eventos deportivos de nivel internacional que daban la opción de presentar las ventajas de nuestra tierra, una Andalucía nueva y moderna.
Cerca del 18 % del PIB andaluz correspondía al turismo, que antes era el hermano pobre de Andalucía y se pensaba que no servía para nada, como algo propio de camareros. En definitiva, un concepto peyorativo del sector que se combatió drásticamente.
– Habida cuenta de que el andalucismo aglutina a aquellos que se sienten tan andaluces como españoles, más andaluces que españoles y sólo andaluces, ¿cómo se siente usted?
– En mis inicios era andaluz y basta, pero después, con el transcurso del tiempo, los análisis, los años y las circunstancias, me parece bien el “Andalucía por sí, para España y la Humanidad”, que es la clave de lo que debería ser el andalucismo. Lo primero lo pensaba con 18 años y lo segundo, con 68 años.
– Una pregunta personal que tiendo a formular a mis entrevistados es en torno a la religión: ¿es usted creyente? ¿qué papel ocupa la religión en su vida?
– El papel que ocupa la religión en mi vida no es tan importante como el que debe ocupar en la sociedad occidental. Soy de Cáritas, aunque no militante, y pongo la X a la Iglesia en mi Declaración de la Renta.
Que yo crea más o menos no tiene importancia. Lo importante es que hay un modelo en Occidente que nos ha llevado hasta aquí y no se debe cambiar por modelos que están todavía en el punto de salida y demasiado lejos del modelo judeocristiano, suponiendo volver la vista atrás con cuatro o cinco siglos de diferencia.
Se puede ser ateo pero nunca anticlerical, porque, por principios y filosofía, los principios cristianos han hecho del nuestro el modelo más civilizado y avanzado, algo que no se puede despreciar en absoluto.
Defiendo en muchos aspectos a la Iglesia, que es la primera y más valiente ONG, con un patrimonio que genera mucha riqueza para los demás, e ir contra eso supone tirar piedras contra nuestro propio tejado.
Hay quien cree que sólo la Iglesia ha cometido pecados, pero a lo largo de dos mil años de Historia es difícil no cometerlos y, sobre todo, en una comunidad tan amplia en la que no todos son santos, sobre todo cuando ninguna organización ha hecho tanto como la Iglesia por la humanidad, y poner el enfoque únicamente en los errores es tan injusto como negar la Revolución Francesa por la guillotina.
– Una cuestión que constituye para mí una línea roja es la defensa del derecho a la vida del no nacido. ¿Qué opina usted sobre el aborto?
– Yo no lo impulsaría pero tampoco juzgaría a la persona que pueda recurrir a él. Creo que el aborto no es la solución a ningún problema, aunque lo entiendo en determinadas circunstancias, y si estuviese al frente de algún partido en estos momentos, desde luego, daría libertad de conciencia al respecto.
– En lo que a lo más personal se refiere, ¿cuáles son sus aficiones?
– Estar con los amigos, tomar una cerveza y animar al que sepa cantar a que cante. Desde que vi la película “Manuela”, cuya banda sonora fue el primer disco de Loles y Manuel, soy buen aficionado del flamenco.
También me gusta mucho la lectura porque, la soledad cuando es contigo mismo leyendo, no importa, es muy sano y constituye medicina para la mente.
– ¿Y le gusta el fútbol? ¿Es de algún equipo?
– Sí, soy del Real Madrid y mi padre también lo era. Los que hemos crecido en pueblos, no entendemos ese dualismo Sevilla-Betis, mi padre era muy sevillista, yo soy más bético. Mi hijo es del Real Madrid y socio del Atlético Sanluqueño.
Pero lo que marcó mi vida futbolística fue escuchar cantar en el campo del Osasuna el día de su ascenso a primera “¡ya somos tres, ya somos tres, sólo falta el Alavés!”.
Yo siento ese mismo orgullo, y quiero que todos los andaluces desde Almería hasta Huelva estén en primera división.





