Tengamos la fiesta en paz. Me refiero a las próximas Navidades, pues si nadie lo remedia, y ese «nadie» sólo puede ser Juanma Moreno Bonilla, tendremos elecciones andaluzas en enero.
También podrían ser adelantadas para diciembre, pero todo parece indicar que nos comeremos los polvorones y el turrón, salvando los imponderables de la pandemia, envueltos en los pasquines y eslóganes de una campaña electoral aún incierta, ya que ni siquiera se conocen quiénes serán los cabezas de cartel que le disputen la presidencia al barcelonés por circunstancias recriado en Málaga.
El PSOE decidirá en junio si quien le dispute la mayoría que recogen las encuestas al PP será Juan Espadas o Susana Díaz. Por su parte, C’s sólo puede aspirar a salvar los muebles con un cartuchito minúsculo de diputados o, si hay terremoto y sálvese quien pueda, estampida hacia el PP en un hipotético «Andalucía Suma» que le proporcione a Juan Marín y a alguno más prolongar un viaje en el transportín trasero de la bicicleta.
A estas alturas del partido, Moreno Bonilla tiene perfectamente claro que el camino se presenta en condiciones casi inmejorables, no sólo porque los congresos provinciales, más allá de la derrota sufrida en Sevilla, se han desarrollado sin graves pérdidas ni heridas, sino porque sus rivales están descolocados sobre el tablero, invalidados para recomponerse con la velocidad necesaria para adaptarse al calendario que se avecina.
La pandemia parece que remite con las intensivas campañas de vacunación y Moreno Bonilla es beneficiario de una sensación generalizada de que no se han cometido errores graves ni grandes disparates desde su Gobierno. Es más, mucha gente atribuye a su prudencia y su mesura que las cifras nunca hayan alcanzado los rigores de otras zonas y ha adoptado medidas razonables en lo económico y social sin necesidad de ir a grandes choques frontales con la oposición ni con los suyos.
VOX ha ejercido en este tiempo como una verdadera oposición a la vez que prestaba apoyo al gobierno en cuestiones decisivas. Lleva tiempo reclamando un adelanto electoral, en parte por aprovechar la ola de bonanza que le auguran los últimos resultados obtenidos en Cataluña y en Madrid, y a la vez para limarle el pedestal sobre el que se alzó C’s en su tiempo, lo que podría trasladarle a una posición de co-gobierno en Andalucía, aunque dependerá de muchas cosas si es entrando en el gobierno o actuando como apoyo externo. Cualquier excusa será buena para forzar a Moreno Bonilla a que adelante las elecciones y la intención de acoger a ciegas a los menores de Ceuta podría ser una de ellas, como otra cualquiera.
En VOX no sólo han escuchado campanas, sino que en parte tienen en su mano encender los motores electorales y por eso emprendieron los ajustes de la maquinaria de inmediato, procediendo al relevo en la portavocía y en la presidencia del Grupo parlamentario y relegando al cordobés Alejandro Hernández a un puesto decoroso con agradecimiento por los servicios prestados en la laminación del juez Francisco Serrano, el candidato que les impulsó contra todo pronóstico hasta el Hospital de las Cinco Llagas y que les concedió la primera representación parlamentaria de su historia.
Macarena Olona desmintió hace unas semanas que ella vaya a ser la candidata y yo la creo, porque les resulta, me parece, demasiado valiosa como para aparcarla en el papel de vicepresidenta de un hipotético gobierno renovado de Moreno Bonilla.
De UP no se espera casi nada, más aún porque llegan enfrentados a cara de perro con la ruptura absoluta de los ‘anticapi’ de Teresa Rodríguez y la versión a la baja de los podemitas de «la pata del caballo del Cid» Pablo Iglesias en un ejercicio que desmiente por completo el nombre de Unidas Podemos y pone mucho más que entredicho el apellido de Izquierda Unida.
En el PSOE, la incertidumbre hasta que se celebren las Primarias es absoluta y Susana Díaz no ha tirado la toalla. Sabe que en el ‘verticato’ socialista el que tiene el mando de la Secretaría General tiene todos los resortes favorables y a su paso se le pliegan voluntades como por ensalmo, pero también confía en que parecido mimetismo ocurra mientras ella conserve el mando en la ejecutiva andaluza.
Su ventaja de salida, no obstante, es más bien que su cara no precisa muchas presentaciones para el electorado mientras que a su rival en la disputa no lo conocen ni de refilón y apuesto a que en Almería, en Jaén o en Granada en una rueda de reconocimiento a ciegas a Juan Espadas lo confundirían con algún vendedor inmobiliario de los que ahora se exponen en la vallas publicitarias en los barrios de la periferia.
Susana es voluntariosa y decidida (hasta divertida cuando le sale), pero arrastra la pesada carga de un historial reciente en el cajón trasero de la camioneta con cientos de causas judiciales aún pendientes y las huellas todavía frescas de los dislates cometidos en 36 años de un régimen que duró lo mismo que el franquismo.
Al respecto, sus partidarios señalan, no sin razón, que Juan Espadas lleva en cargos institucionales dentro del partido más tiempo que Susana, lo cual es cierto, pero los votantes no lo identifican con ese lastre del pasado y sí, en cambio, con su posición actual de alcalde de Sevilla, y eso no es seguro que no levante cierto rechazo dentro del cainismo regional hacia lo capitalino.
Susana Díaz se ha descentrado mucho en estos meses de su tarea como parlamentaria, porque su cabeza estaba en recorrer la mayor cantidad de agrupaciones locales para la batalla verdaderamente importante, que es la que le llega ahora, la interna frente a Pedro Sánchez, que desde una posición aún más endeble y con menos medios que la suya, le ganó el sprint final ante aquella demoledora sentencia, tan inolvidable como inoportuna, que selló su suerte: «Pedro, tu problema no soy yo; tu problema eres tú»… El problema es que resultó vencedor… «el problema».
Los suyos creen que no está todo perdido, pero saben que de las muchas anuencias recogidas estos meses en los pueblos, un buen porcentaje se dará la media vuelta y si te vi no me acuerdo, porque no ha cuajado aún dentro del partido un espíritu de rebelión que alce la voz frente a un dirigente que da muestras muy serias de haber perdido el norte con sus extravagancias y delirios de las agendas 2030 o 2050, como un vendedor de humo tóxico.
Ante este panorama, tras haber solventado los riesgos de que C’s hubiera intentado presentar una moción de censura por la espalda, como lo hicieron en Murcia y lo intentaron en Madrid y en Castillá-Léon, Moreno Bonilla se encuentra en la mejor disposición para presentar una batalla electoral que le otorgue una mayoría superior, aunque todo parece indicar que precisaría el respaldo de VOX, así que no duden que sobre ese clavo martilleará la oposición desde la izquierda.





