Sospecho que algún día (ojalá no muy lejano) escucharemos a Sánchez ensayar alguna excusa para esta interminable baladronada que recuerda tanto a la película «El golpe», donde todos mienten y cada embuste termina con el órdago mayor de otra mentira cada vez más gorda y más enrevesada.
Para cuando llegue el día, Sánchez podría estar ensayando ya ante el espejo aquella célebre frase de «¿Y qué se supone que podía hacer? ¿Acusarlo [al PP] de hacer trampas mejor que yo?»…
Sánchez es el impostor sin límite, infinito, un timador de poca monta, como Johnny Hooker, interpretado por Robert Redford, cuya arrastrada peripecia personal le aguzó el ingenio, pero sobre todo la osadía, para lanzarse al órdago más bestia de su vida.
Una legión de estafadores y carteristas, tipos desamparados que no tenían donde caerse muertos, le acompañan en el papel estelar de sus respectivas biografías, con un plan trazado por Hooker y su recién llegado amigo, Henry Gondorff, interpretado por Paul Newman.
Sánchez ha asumido el papel de ambos criminales a la vez y utiliza cuando los necesita a los ‘pickpocket’ de su banda o de otras bandas amigas, con la merchera Yoli, ‘il sottocapo’ Otegui, ‘il caporegime’ Junqueras, más ‘il consigliere’ Illa el de las mascarillas, los ‘numerali’ de Pablo Iglesias o los ‘soldati’ de la opinión sincronizada para desviar la atención de sus víctimas propiciatorias. Ojito, porque también a menudo busca el concurso ocasional de algunas familias enemigas… y se prestan a ello, válgame la sangre licuada de San Gennaro.
La cuestión es que tal vez Sánchez piensa que sus víctimas no somos los ciudadanos ni la democracia misma, sino el PP, o la ultra derecha o lo que a él le salga de las narices, así que no habrá manera de pararlo mientras crea que «Si tú puedes hacer trampas, yo también puedo. No permitiré que me ganes jugando sucio; antes te derrotaré yo jugando sucio».
Y así nos tienen, entre los unos y los otros, de la Ndragheta a la Sacra Corona Unita y de ahí a la Camorra y a Cosa Nostra.
Todos van vendiendo una mercancía averiada y fullera mientras Ábalos, su antiguo ‘underboss’ le aflojaba 1.500 pavos a su ‘sobrina’, además de un sueldo de una empresa del Estado, por cada día de asistencia. Y luego dicen que si el feminismo.
Mucha palabrería hueca sobre resiliencias y transiciones digitales o climáticas mientras su mujer montaba un chiringuito elefantiásico por el que se derrama la alberca del presupuesto.
Un fiscal general protestando en la apertura del año judicial por la fuga de secretos de los sumarios mientras está a punto de ser imputado por revelación de datos personales de los investigados de otra cuerda.
‘La casetta’ María Jesús Montero exigiendo solidaridad fiscal a la vez que empaqueta 30.000 millones y una derrama colosal a los indepes para sostener al Don, aspirante a ‘capo di tutti capi’, en la cúspide de ‘la famiglia’ mientras nos apuñala a impuestos a los nacidos en España.
Varios ‘consiglieri’ encastrados en lo más alto del poder de la judicatura para evitar que les surjan los Falcone, Borsellino, Nino di Matteo, Marzia Sabella o Roberto di Bella (únicos capaces de arruinarles el negocio cuando se trata de liberar a sus ‘antonegri’ y sacarles de la cárcel) mientras el general Carlo Alberto della Chiesa, como el coronel Pérez de los Cobos, es sustituido por el sedicioso ‘capodecina’ Trapero.
Nótese que el mismo individuo que se descuelga con la idiotez de los ricos con Lamborghini acababa de bajarse de un vuelo en avión privado y helicóptero, acompañado de un séquito de guardaespaldas y asesores, donde le esperaba un vehículo blindado que dobla el precio del más caro de la factoría de deportivos italianos para trasladarle a un hotel de 2.000 euros la noche y dijo que todo ello era como asueto personal para ver una competición de bicicletas de montaña, a la vez que se disfrazaba un rato con un casco y un maillot ciclista para que su querida esposa luciese los nuevos abultamientos corporales bajo la lycra.
Nadie logró ver en aquellos días por esos andurriales andorranos a Delcy Rodríguez, la matrona colombiana, portando las maletas del ‘Boss’…, pero a nadie habría extrañado, porque no hay español capaz de creerse semejante despliegue para tan nimia actividad y, si fuese cierto, es aún peor, porque fue regresar a Madrid y colocar el discurso contra el lujo y contra los que disponen de medios para garantizarse varias vidas.
Todo es un disparate que sólo entra en la cabeza de un timador profesional como Johnny Hooker, pero sin clase. Cuando el humo de todo esto se haya disipado, no lo duden, una nueva alta burguesía emergente de afiliados poblará los campos de golf y Óscar Puente no tendrá que hacer favores políticos a nadie para seguir haciendo uso de automóviles tan caros como los Lamborghini de Pedro, ni usando de prestado las embarcaciones deportivas de sus favorecidos.
Que San Pedro Almodóvar desde el Panamá de sus «off shores» nos proteja, pero a este circo de timadores, como en el trile, se le ven ya hasta los movimientos de la pelotita. Porque todo tiene un límite.
He dicho.





