Antonio Tejero Molina, antiguo miembro de la Guardia Civil española que ascendió al rango de teniente coronel, se encuentra en estado crítico en Valencia. Aunque en un primer momento se le dio por fallecido la realidad es que su estado es grave. Nacido en Alhaurín el Grande el 30 de abril de 1932, el nombre de Tejero está indisolublemente ligado a un momento crucial de la transición democrática española: el fallido golpe de Estado del 23 de febrero de 1981.
Ese día, el teniente coronel Tejero, sin tropas bajo su mando directo, orquestó un asalto al Congreso de los Diputados durante la sesión de investidura de Leopoldo Calvo-Sotelo como presidente del Gobierno. Tejero, tras pasar la mañana coordinándose con otros oficiales como el coronel Miguel Manchado, irrumpió en el Congreso y retuvo a los parlamentarios como rehenes hasta la mañana del 24 de febrero. Este acto de rebelión contra el orden democrático establecido fracasó finalmente, lo que llevó a la rendición de Tejero.
En 1983, Tejero fue juzgado y condenado por rebelión militar, agravada por reincidencia, y sentenciado a treinta años de prisión. La sentencia también incluía la pena accesoria de destitución de su cargo, lo que suponía la expulsión de la Guardia Civil y la pérdida de su rango. Tras obtener el tercer grado de libertad en septiembre de 1993, salió en libertad condicional el 3 de diciembre de 1996.
Más allá de la notoriedad de su papel en el intento de golpe de Estado, Antonio Tejero Molina en sus últimos años, se ha dedicado a la pintura, una afición que cultivó durante su estancia en prisión. Está casado y tiene seis hijos, uno de los cuales es sacerdote. A pesar de la sombra que proyectan sus acciones en 1981, su vida personal refleja una dimensión más allá del singular acontecimiento que definió su imagen pública.





