El matón de la clase quería la zona sombría del recreo. Era gordito, de cachetes sonrosados y sudor a todas horas. A base de amenazas y siempre rodeado de gallitos, se había forjado un estatus de respeto de los más cobardes bajo la desidia del Sr. Director.
Pronto, aquella parcela de patio se le quedó pequeña. Ahora, con el fin de recaudar cromos y bocatas, su intención era hacerse con el resto del reinado extraescolar que abarcaba columpios y escalinata, pero se topó con la oposición férrea y molesta de un grupo de empollones que sólo habían peleado usando como arma la palabra. Fueron acosados, atacados, difamados… Se les robó el bocadillo y la ropa de gimnasia y aún así seguían utilizando el patio soleado, como quien defiende un territorio que resiste, el reducto de juegos y chuches. Y un buen día, el matón enaltecido se llevó con engaños a uno de los empollones. El resto de la banda, acorraló a los subversivos y les ofreció al rehén a cambio del territorio. Pero no claudicaron. Y el pequeño secuestrado apareció despeñado por un barranco cercano al colegio. Tenía 12 años.
Los días siguientes fueron de rabia, de ira, de impotencia. El director del centro expulsó a los matones que de nada se arrepentían. Su minoría de edad no era sólo un atenuante, sino un eximente en toda regla. Hubo homenajes, misas, flores… Y aniversarios, muchos. Y hoy, que llevo a mis hijos a ese colegio, descubro que el director tiene como subdirector a un hombre gordito, de cachetes sonrosados que suda a todas horas. El lunes es el aniversario. ¿Vamos o nos plantamos y destronamos?
Fdo: AMPA (que no hampa…)





