«Salvar la Navidad no es salvar las borracheras, es recordar el nacimiento de Jesús, al menos para los católicos», ha asegurado el juez de menores de Granada Emilio Calatayud, que se autodenomina «el aguafiestas», por sus frecuentes pronunciamientos cargados de sensatez y sentido común.
«Dicen que hay que salvar la Navidad, pero algunos de los que lo dicen (me temo que son mayoría) están pensando en realidad en salvar las borracheras, el desmadre y el despadre. Y eso no es la Navidad, al menos para los católicos, como es mi caso. Salvar la Navidad es recordar el nacimiento de Jesús. Lo demás es otra cosa. Estaría bien que se hablase claro para no confundir al personal», explica, pero «La Navidad -añade- es una celebración religiosa y está salvada desde el momento en que los católicos conmemoramos el nacimiento de Jesús«.
A propósito de una intervención de la Policía en Vizcaya, que se saldó con varias detenciones por la participación de unas setenta personas en una fiesta ilegal, el juez de menores relata que «cuando llegó la policía para poner coto al desfase decían: «Que nos quiten lo ‘bailao’” y gritaban “Libertad”. Sobre lo primero -apunta el juez-, sólo puedo decir que ellos también tendrán que morir algún día y, cuando eso ocurra, no se van a llevar ni la llave. Sobre lo segundo, propagar el virus no es libertad, es meter en una cárcel a las personas más vulnerables y, en muchos casos, matarlas«, expresa Calatayud con contundencia.
El juez, a punto de cumplir 65 años, confiesa que padece un cáncer «que está bajo control» desde hace algunos años, además de alguna otra enfermedad crónica, «lo que me coloca -afirma- en las primeras filas para recibir la vacuna del coronavirus que pronto llegará. No sólo no me da miedo, sino que lo considero una suerte y animo a todos a vacunarse. Y, en especial, a los que están en las mismas condiciones que yo».
Para el juez Calatayud, la vacuna «es la forma de acabar con la pandemia. Lo sabemos -asegura- porque así acabamos con otras enfermedades que antes causaban millones de muertos. Esta es la realidad y no la que se inventan algunos porque se aburren, por maldad o por ignorancia», concluye.
Calatayud confiesa que no ha besado ni abrazado a su nieta desde el mes de marzo, «cuando empezó la pesadilla, y ella a mí tampoco», puntualiza, «no por falta de ganas, sino porque me quiere mucho». Al respecto, relata que su nieta «sólo tiene un año y medio, pero es muy observadora. Ella tampoco me ha besado ni abrazado desde marzo porque me quiere mucho. Es muy difícil ser abuelo en estos tiempos. Pero quien resiste gana», dice.
En manifestaciones expresadas en su blog, muy activo en las últimas semanas previas a la Navidad, Calatayud ha aprovechado para pronunciarse sobre diversos asuntos, entre ellos, la aprobación de la polémica Ley Celáa, sobre la cual, el pasado 15 de noviembre, mientras se debatía en las Cortes, exclama: «Otra ley de Educación que nacerá fracasada, me jubilaré condenando a niños a aprender a leer y escribir. Una pena y una vergüenza», concluye.
Calatayud, no cree que el momento elegido para debatir una nueva Ley de Educación, «en medio de una pandemia terrible, sea precisamente oportuno. Una ley que afecta a toda la población y a nuestro futuro necesita sosiego y transparencia». Y añade: «Avanzamos hacia atrás. Y no escarmentamos. Tiene toda la pinta de que será una Ley que nacerá fracasada. Es decir, que cuando cambie el Gobierno, que alguna vez cambiará, se empezará a tejer otra ley de Educación…. Y así hasta el día del juicio final. Una ley de Educación que nace sin el acuerdo del 90 por ciento del Congreso, como mínimo, está condenada a morir joven«, explica.
En otro orden de cosas, Calatayud, como en otras ocasiones, apunta a otro problema típico de padres e hijos en las fechas que se aproximan: «¿Os habéis dado cuenta de que a los amigos de vuestros hijos sus padres les dejan hacer todo lo que quieren? A mis colegas, sus padres les dejan salir sin hora”. “A mis compañeros de clase, sus padres les compraron el móvil cuando sólo tenían nueve años”, etc. Ante estas cantinelas -dice Calatayud-, hay dos respuestas: que los padres se sientan culpables por ser los progenitores más tiranos del mundo o la que yo recomiendo: “Hijo, no soy el padre de tus amigos, soy tu padre”.
Aprovechando la celebración el pasado día 6 de Diciembre, Día de la Constitución, Calatayud quiso felicitar a todos la fiesta con estas palabras: «Lo digo siempre: la Constitución es un conjunto de derechos y deberes, pero hay algunos listos (quizá demasiados) que solo ven los derechos: igual que muchos de los niños que juzgo. Y para que la Constitución funcione debemos ejercer los derechos, pero cumplir con los deberes. Ese es el secreto».
Y dos días más tarde, el día 8, festividad de la Inmaculada, apuntó con ironía: «Soy católico, apostólico y romano, aunque poco practicante. Y no me escondo. Y acepto que haya quien señale las contradicciones de los católicos, apostólicos y romanos. Por eso mismo, yo también señalo las contradicciones de los que no son católicos, apostólicos y romanos. Y es que hay quien ve contradicciones en todos los demás, pero no la ve en ser ateo o laico y descansar en el Día de la Inmaculada, que es una fiesta religiosa. En cualquier caso, feliz Día de Inmaculada a todos: a los contradictorios y a los que creen que no lo son».





