Ay Señor, otra vez en el invernadero para relajarme un poco y descansar…
Como recordaréis, ayer hubo un «quítame allá esas pajas» (con perdón) entre la señora y Dominga, la lideresa del grupo feminista.
La pitonisa Isa, sacó todos los trapos sucios del pasado de la señora y ésta, en venganza por el ultraje me hizo entrega de la Caja D, cuyo contenido airea todo el pasado matrimonial de Dominga y las infidelidades de su «ex»…
Por orden de la señora, os narraré la historia.
Dominga contrajo matrimonio con el hijo de unos conocidos empresarios madrileños.
Corría el verano de 1994 y una vez por fin licenciados en sus carreras (que les llevaron la tira de años), Cornelio Malaespina en ciencias empresariales y Dominga Navarrete en filología árabe, contrajeron santo matrimonio con toda pompa y boato en la Catedral de la Almudena.
Dominga, según consta en el vídeo y las fotos, llegó al altar del brazo de su padre y padrino, don Críspulo Navarrete.
Dominga estaba radiante. Vestía un traje blanco inmaculado estilo Imperio con más cola que la lanzadera de la Feria de Sevilla… y también lucía una diadema perteneciente a la familia del novio, de un valor histórico de esos que te marean.
Seguida de cerca por su suegra, Doña Blanca de la Osa Mayor, que daba el brazo a su hijo vestido de impoluto chaqué…
Tras una boda que emocionaría al mismísimo Lenin y un banquete de postín en la finca de los padres del novio, llegó una idílica Luna de miel en forma de crucero por el Mediterráneo.
Ahí fue la primera infidelidad del golfo.
Dominga le pilló en el camarote con dos azafatas del crucero…
Después vinieron dos pasajeras noruegas y antes de desembarcar, una animadora de la orquesta que estaba de «toma pan y moja»…
La excusa del entonces marido de Dominga, siempre era la misma:
«Cariñín, es que tú eres muy sosita en la cama…»
Los siete años de matrimonio de Dominga fueron por el mismo estilo.
La criatura tenía más cuernos que una tasca de Triana especializada en caracoles.
A partir del séptimo aniversario de bodas en el que Dominga le pidió el divorcio al crápula, ésta comenzó a cambiar… y cambió mucho.
Quedó forrada (eso sí), ya que le sacó a su «ex» hasta los implantes dentales con sus tornillos.
Se quedó con la vivienda conyugal, un chaletazo que ríete tú del de Galapagar…
… y se hizo feminista radical.
Fundó la Asociación CONEJOS SOLITARIOS y desde hace ya unos cuantos años, no hay manifestación feminista que se precie en la que no sean invitadas Dominga y sus batukeras.
Es muy famoso su numerito de aparecer con las ubres al aire, tocando la batuka con sus cabellos morados y su matojo axilar tintado de verde.
Ahora me veo obligada a publicar todo el contenido de la Caja D por las redes sociales…
En fin, hasta otro rato, que esto pinta peor que el maquillaje de Carmen de Mairena.
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