Con motivo de cumplirse el 50 aniversario de la primera operación de cirugía coronaria llevada a cabo en España, que tuvo lugar en el antiguo Hospital de la Sangre de Sevilla, también conocido como Hospital de las Cinco Llagas, que actualmente es la sede que alberga al Parlamento de Andalucía, repasamos algunos de los avatares de aquella trascendental ocasión.
La cirugía que se abordó aquel 5 de octubre de 1970 por el equipo que dirigía entonces el Dr. jiennense Ramiro Rivera junto a su equipo y con un especialista del Instituto de Cardiología de Montreal (Canadá), supuso un salto de excelencia indudable que cambió el rumbo de los Servicios de Medicina Cardiovascular no sólo de Sevilla, sino de toda España.
Sucedió que en 1969, el cirujano Cristóbal Martínez-Bordiú, Marqués de Villaverde y, a la sazón, yerno del jefe del Estado, Francisco Franco, quiso ensayar un trasplante de corazón a la manera de Barnard y de otros médicos en diversos países, la cual resultó un fracaso absoluto.
Con tal motivo, el marqués, más aficionado al lucimiento que al conocimiento médico, decidió organizar un congreso en Madrid al que asistió, entre otros muchos especialistas, el jefe de cirugía del Instituto de Cardiología de Montréal, Pierre Grondin.
Una vez iniciado el congreso en España, el médico canadiense consideró que aquella reunión era una pérdida de tiempo y el doctor Ramiro Rivera aprovechó para invitarle a dar un par de conferencias en Sevilla y a realizar una demostración de cirugía coronaria abierta en Sevilla, en pleno verano.
Grondin, según relata el Dr. Rivera, sintonizó a la perfección con el inestimable catedrático de Patología Quirúrgica Sebastián García Díaz, siempre entusiasta de la cultura francesa, y quedó sorprendido de que se hicieran cirugías tan avanzadas en un hospital que remontaba sus días al siglo XVI. Rivera, que ya había estado en Canadá, ensayando junto a Grondin las nuevas técnicas de cirugía coronaria empleadas en aquel tiempo, tomó la decisión de intentarlo también en nuestra ciudad
Finalmente, el 5 de octubre de 1970, Rivera y Grondin llevaron a cabo aquella pionera intervención a un varón de unos 50 años, con un infarto y aquejado de una enfermedad infecto-contagiosa, el cual llegó a vivir muchos años, consistente en la implantación de un by pass a la coronaria derecha. Resultó todo un éxito y con ello se inauguraba en España la cirugía coronaria.
Poco más tarde de aquel hecho, Ramiro Rivera, un enamorado absoluto de Sevilla que hoy vive en Madrid a sus 80 años y que sostiene que «volver a Sevilla es muy fácil porque además -dice con sorna-, es cuesta abajo», se trasladó al Hospital Francisco Franco (hoy Gregorio Marañón) donde volvía a coincidir con Martínez-Bordiú.
Por azares del destino, a Rivera le tocó atender la grave tromboflebitis que padecía el jefe del Estado en 1974, un año antes de su fallecimiento, ya que en aquella ocasión su yerno, tan aficionado a ‘lo cardíaco’, se encontraba ocupado en menesteres de tanta importancia para el corazón como su participación en el jurado del concurso de Miss Mundo que se celebraba en Filipinas… Una cosa de mucho infarto, sin duda.
Así pues, Ramiro Rivera no hacía muy buenas migas con el «yernísimo», cosa que no mejoró después de que el médico jiennense hubiese obtenido la plaza por oposición de su Departamento en Sevilla ante un tribunal del que formaba parte el propio Martínez-Bordiú.
A su vez, un afamado cardiólogo sevillano de aquella época llamado Duclós, de la Cruz Roja de Triana, trató de oponerse a cada una de las intervenciones coronarias que emprendía el equipo dirigido por Rivera y se mostraba firme opositor de la colocación de marcapasos. Duclós terminó por denunciarles, no sólo en una carta en El Correo de Andalucía que armó gran revuelo, sino también ante el Colegio de Médicos, ante las sociedades científicas y en los tribunales.
Aquellos embates de Duclós no condujeron a ninguna parte y Rivera, que tenía el apoyo de especialistas como Antonio Cortés Lledó o el profesor Sebastián García Díaz, ambos catedráticos de Patología Quirúrgica, siguió adelante con su actividad pionera y, cosas del destino, terminó teniendo que operar de graves afecciones cardiovasculares tanto al abogado de Duclós como al propio director de El Correo de Andalucía de entonces, el cura José María Javierre.
No obstante, aquella primera intervención quirúrgica del 5 de octubre de 1970 en el viejo hospital estuvo rodeada de otros acontecimientos de gran interés que corrían en paralelo y vinculados a la política de entonces, a lo que le dedicaremos una próxima entrega en este mismo diario.
Quien recuerda con precisión aquellos hechos es, curiosamente, un por aquel tiempo joven doctor, aún en período de formación y que ha permanecido en dicho Servicio hasta su jubilación, que a su vez es hijo del celebérrimo compositor y violinista José Font de Anta, autor de algunas de las marchas procesionales más emblemáticas de la Semana Santa sevillana, entre ellas las impresionantes «Amarguras» y «Soleá dame la mano», que durante décadas se creyó que habían sido obras de su hermano Manuel, renombrado pianista y compositor de cuplés y coplas.
El doctor Ignacio Font Cabrera recuerda de aquel tiempo que el Servicio de Cirugía Cardiovascular y la UCI del Hospital de las Cinco Llagas (todas las UCI eran entonces cardiovasculares, pues se crearon para atender específicamente esta clase de afecciones de máximo riesgo) permanecieron en dicho Hospital, el único de carácter universitario en aquella época, hasta la apertura del Virgen Macarena, más concretamente ubicados en la zona que hoy ocupa la Biblioteca del Parlamento, detrás de la iglesia.
Cuando se quiso habilitar el Hospital de San Lázaro para instalar una moderna unidad de cirugía cardiovascular, el propio Martínez-Bordiú, con el apoyo de la Diputación de Sevilla, presidida por «el segundo yernísimo», Mariano Borrero Hortal, casado con una hija del presidente del Gobierno, el almirante Luis Carrero Blanco, frustraron tal intento, pues el Marqués de Villaverde consideró que era innecesaria y que los pacientes de toda España debían redirigirlos a su servicio en el Hospital conocido como Piramidón, en Madrid, lo que le permitía aglutinar en su persona una celebridad absolutamente inmerecida e injustificada.
Pero lo cierto es que, a raíz de aquella operación pionera, al Hospital de las Cinco Llagas de Sevilla comenzaron a llegar pacientes de todas las provincias de Andalucía, los cuales, hasta entonces, solían ser trasladados a Madrid.
A partir de aquel hecho, el Servicio de Cirugía Cardiovascular hispalense estableció una red de médicos colaboradores por toda Andalucía para recibir a aquellos pacientes, a los que, según el doctor Font, a veces había que cazar a lazo porque no era fácil que los pacientes aceptaran someterse a operaciones que entonces eran incipientes pero en las que estaba en juego la propia vida.
«Era una actividad muy llamativa porque por aquellas fechas se consideraba que, así como la razón reside en el cerebro, el corazón era la sede del alma, de modo que en la imaginación de muchos accedíamos al alma de aquellas personas y tocábamos con nuestras manos lo más íntimo del ser humano», recuerda el doctor Font, dotado, como puede deducirse, de una veta lírica indudable que quizá procede de la que su padre poseía y que plasmó en partituras excelsas.
Pero detrás de todos aquellos movimiento en favor de los enfermos y de la Ciencia, en Sevilla se estaba gestando una batalla de largo alcance que implicaba a los más altos cargos de la política de entonces y que supuso el final de un Hospital venerable con más de 400 años de historia y una transformación radical del mapa hospitalario de la época. Al frente de aquella batalla se encontraba un coloso del Derecho, rector universitario por aquellos años, llamado D. Manuel Clavero Arévalo.
(CONTINUARÁ)
- Doctor Ramiro Rivera
- La Macarena entrando en el Hospital de las Cinco Llagas
- Cristóbal Martínez-Bordiú, Marqués de Villaverde en el quirófano
- Pilatos con el el Hospital de las Cinco Llagas al fondo
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