Algo del comercio más tradicional del centro de Sevilla se está salvando de la quema del coronavirus. En opinión cada vez más extendida, los estragos económicos no se deben tanto a una pandemia, sino a la pésima gestión que de la misma están haciendo el Gobierno central, la Junta de Andalucía y hasta el Ayuntamiento. Para la opinión pública, son los políticos los más culpables de la situación lamentable en la que se encuentra el país y, por supuesto, también Sevilla. Son los peores políticos para las peores circunstancias.
A los transeúntes les va dando alegría comprobar que parte de sus tiendas de toda la vida han vuelto a abrir. El centro las muestra deseando atenderles, iluminadas, con sus escaparates reclamando más que nunca la atención de los posibles clientes. Son las grandes supervivientes de unas calles en las que se ha visto sucumbir para siempre la existencia de cientos de negocios y locales comerciales que no han podido soportar las veleidades de unos políticos lamentables, mediocres e incapaces de dictar normas que hubiesen ponderado mejor las consecuencias ruinosas que iban a producir.
Para los sufridores comerciantes no se puede justificar el crimen económico que sólo puede atribuirse, más que a una pandemia, a unos políticos irresponsables y dictadores, que han cometido con sus órdenes dictadas el atropello y violación de tantos derechos irrenunciables y fundamentales de los ciudadanos.
El boca a boca de la gente en la calle no tiene clemencia ya para con los políticos, a los que están deseando esperar en las sucesivas Elecciones para ajustarles las cuentas que ya no salen y que ellos han llevado hasta situaciones desesperantes. Todos: los del Gobierno central, los del Gobierno andaluz y hasta los del Gobierno municipal. “Son unos sinvergüenzas que han abusado y siguen abusando de unas facultades que habría que discutir mucho en los tribunales, denunciándolos y encausándolos”, afirma un afectado en su negocio. Dice otro: “Se ha apoderado de ellos una especie de mimetismo totalitario, inhumano, que no tiene en consideración a las familias que dependen de tantos negocios”. Y hay quien asegura: “En mi vida he visto una remesa de políticos más mediocres, torpes e ineptos. En realidad son una partida de inmorales a los que les importamos muy poco teniendo como tienen esos sueldazos”.
En muchos casos, sólo un auténtico milagro bien trabado de empeños denodados por salir adelante ha hecho posible que algunos de los comercios más clásicos de Sevilla no hayan cerrado sus puertas para siempre, como ha sido el caso de tantos, desaparecidos y ahogados económicamente por un largo estado de alarma y confinamiento que prestigiosos juristas pusieron en entredicho, rayano en el estado de excepción y de una más que dudosa constitucionalidad.
Sevilla ya no es la misma, por más que se empeñe en hablar de su resurgir el alcalde que le ha tocado en desdicha, un soñador sin base en el conocimiento real y gravísimo de la ciudad que no sabe gobernar. Para los sevillanos, Juan Espadas lleva a cabo una suicida política de alucinaciones desconectada de auténticas necesidades palpables que él ignora.
Las tiendas de siempre son ahora mismo la mejor imagen de comercio que demuestra su heroísmo diario por subsistir, por mantenerse en la configuración más característica de calles como Sierpes, Francos, Plaza del Salvador, Cuna, Cerrajería, Rivero, Sagasta, etc.
Imágenes: Beatriz Galiano
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