Me llama la atención cómo algunos de los materiales que hacen más llevadera nuestra vida, van cambiando su uso con el transcurso de los años, y, en algunos casos, pasan de ser meros auxiliares a tornarse en imprescindibles en nuestro modus vivendi.
En el caso del cartón, mis recuerdos se remontan a aquellas cajas de zapatos donde guardaba los gusanos de seda que alimentaba con las hojas de moreras que cogía en los árboles de la avenida san Juan de la Salle, junto al colegio del mismo nombre, y que para un niño era lo más parecido a un cofre del tesoro. Siguió su empleo para guardar fotos, antes de que llegaran las cajas metálicas del Cola Cao y, posteriormente, pasó a ser el recipiente de las primeras nóminas y facturas varias.
Fundamental resulta la utilización de cajas grandes de cartón en las mudanzas, así como para secar líquidos derramados en establecimientos públicos. También recuerdo que hubo unos años en que se compraba el cartón al peso, y los chavales obteníamos una gratificación por su venta.
Hoy en día, y más concretamente desde la pandemia, hemos entrado en la edad de oro de los paquetes de cartón, un material, barato,seguro y sostenible,que ha destronado a la contaminante bolsa de plástico. Por eso, si antes la cotización del cobre, un metal esencial para muchas industrias, era el termómetro para ver la salud de una Economía, ahora se mira el precio del cartón, pues se ha convertido en el nuevo indicador o termómetro para pronosticar en tiempo real cómo avanza la marcha de la Economía.
Un indicador económico es un dato que hace posible extraer un análisis y, en consonancia con otros de su misma naturaleza, analizar la evolución de la Economía. Gracias a los indicadores, los analistas pueden hacer seguimiento, realizar un estudio continuado y predecir razonablemente la evolución y el ciclo económico. Cada uno de ellos nos ofrece información sobre un determinado aspecto o fenómeno.
Más de 24 millones de personas realizan compras por internet en España, lo que supone una media de tres veces al mes. La utilización del material para enviar estos productos es el cartón, porque es ligero, resistente y no contamina como el plástico. De hecho, cada día se envían 2,2 millones de paquetes en España. Sin embargo, se hace un uso poco sostenible, ya que uno de cada cinco envíos se devuelve, y el volumen de las cajas casi siempre supera con creces al del objeto transportado. Esto lleva a que de media se gasten unos 66 kilos de cartón por habitante al año.
El aumento del uso de este material es algo positivo, según los expertos. Esto se debe a que si su consumo aumenta, significa que está creciendo el e-commerce (comercio por internet), pero no sólo el de los envíos postales: desde AFCO (Asociación de Fabricantes de envases y embalaje de Cartón Ondulado de España), se manifestó el pasado mes de mayo que estaban notando un enfriamiento claro de la Economía.
Hay que tener, en cuenta que el principal consumidor de cartón ondulado en España es la industria alimentaria, con un 35,5 % del total. Por detrás, se sitúan los productos agrícolas, con un 25 %, y el sector de las bebidas no lácteas (9 %). Les siguen bienes de equipo y auxiliares y bienes de consumo; mientras que, pese al boom de la paquetería, la logística y el comercio electrónico apenas representan un 5 % del total.
España sigue siendo el tercer productor de Europa, por detrás de Alemania e Italia, pero si en 2021 AFCO contabilizó 71 empresas onduladoras y 89 fábricas en nuestro país; en 2022 ha rebajado la cifra a 67 empresas y 88 fábricas. A pesar de ello, la facturación total del sector (tanto directa como indirecta), creció en 2022 un 21,4 %, cifra que, salvo sorpresa, bajará en 2023.
Los bosques rusos son grandes proveedores de papel en Europa. La restricciones por la invasión de Ucrania generaron problemas de suministro de cartón, que se salvaron con importaciones de Finlandia y Suecia.
El indicador económico, en concreto, es la tonelada de cartón ondulado reciclado, y en los últimos meses este precio ha sufrido un desplome mayúsculo por la bajada de la demanda. En algunas regiones de los EE.UU. El precio ha llegado a los cero dólares y es difícil saber cuándo se habrá tocado fondo.
Consumidores preocupados por su futuro ralentizan sus gastos, las tiendas venden menos y se necesitan menos cajas. La misma dinámica se aplica al cobre, metal que recibe el apodo de “doctor cobre” porque permite conocer la salud de la Economía y que también se desplomó a comienzos de año. Esperemos una remontada, porque el diagnóstico del “doctor cartón” no pinta bien para 2023.
Alberto Amador Tobaja: aapic1956@gmail.com0





