La muerte del Papa Francisco y la entronización de León XIV condicionaron los actos del Jubileo de las Cofradías para bien y para mal. Y el “para bien” más claro es el alivio de la junta de gobierno de la Hermandad del Cachorro, que se vio liberada del compromiso de que la imagen tuviera que estar presente en la misa estacional final. La imprevista coincidencia con la de entronización hizo que se suspendiera la presencia de las imágenes y los representantes trianeros respiraron al poder evitar un nuevo traslado de la imagen hasta San Pedro para pasar allí, bien a la intemperie, bien dentro del cajón y desclavado, la noche del sábado 17 al domingo 18 de mayo.
Y es que pensamos que a los máximos dirigentes de la cofradía de la calle Castilla toda esta historia nunca ha acabado de hacerles gracia, hasta el punto de poder decir que -a diferencia de los cofrades de Málaga, que transmitían una ilusión y una alegría enorme- ha sido más un marrón que un disfrute.
Un marrón porque poco menos que se vieron obligados a mover todos los resortes posibles para que el “sí” al viaje a Roma fuera secundado por los hermanos -cosa que se hizo con solvencia y eficacia- por la sencilla razón de que lo había pedido el Vaticano, es decir, el Papa, es decir, el jefe de toda la Iglesia Católica incluidas las hermandades.
No podemos dejar de lado la especial sensibilidad que existe en la calle Castilla con cualquier cosa que tenga que ver con la imagen, de forma que los esfuerzos se centraron en que el Cachorro viajara con la máxima seguridad. Todo lo demás era secundario.
Secundario fue que los hermanos, tan sensibles como la junta de Gobierno, estuviesen informados de que todo iba bien en el traslado. Secundario fue que estuvieran representando a la Semana Santa de Sevilla, que sólo se adivinó por la presencia allí del presidente y el vicepresidente del Consejo de Cofradías. Y secundario fue, por tanto, erigirse en punta de lanza para mostrar, rodeados de otras hermandades, cómo se vive la Semana Santa en nuestra ciudad.
¿Hubo algún contacto con las hermandades del Viernes Santo para procurar alguna representación en Roma, más allá de los escudos en los codales? ¿Y con las de Triana? Que sepamos, un encuentro testimonial en el Arzobispado y la Misa de envío sin apenas representaciones. ¿Alguien pensó en proponer vuelos de ida y vuelta tipo final de fútbol a precios asequibles para que hubiera más presencia de cofrades? Este ha sido un proyecto de la junta de gobierno que preside José Luis Aldea -y obligada- nunca un proyecto de hermandad, de hermanos, ni mucho menos de la Semana Santa de Sevilla, es decir, de la forma de expresar la piedad popular en nuestra ciudad.
Allí, en Roma, estaba previsto que la Reina Sofía representara a la Casa Real Española en la procesión, pero se suspendió. Debió de tener que ver la llegada de los reyes Felipe VI y Leticia el mismo sábado, día 17, para la misa de León XIV al día siguiente. Por cierto, en el envío de enseres del Cachorro a Roma había una vara especial por si acaso… Los Reyes, directamente, pasaron del tema, aunque allí hubiera tres cofradías españolas llegadas para una misión en la que el nombre de España estaba en boca de todos.
También la Curia Vaticana pasó. Habría que saber la opinión de monseñor Rino Fisichella, responsable del Jubileo, sobre esto, porque parece que el feo no ha sido hecho sólo a las cofradías. Y también si en algún momento los cardenales del mundo (los había españoles, vinculados a España y sudamericanos, lugares donde la piedad popular alcanza su máxima expresión), que estaban todos allí, supieron del esfuerzo tremendo hecho por las cofradías que acudieron a la llamada del Vaticano. Del Va-ti-ca-no. Una anécdota: Un reconocido sacerdote, sevillano y cofrade, que estuvo en Roma comentaba sonriendo a su llegada al aeropuerto de San Pablo: “Bueno, nos dijeron que fuéramos y hemos ido…”
En cuanto a la escasa afluencia de público, ¿sorprendente? Un poné: Si a Sevilla viene el Nazareno de León, la Esperanza de Málaga, Maria SS. Addolorata de Enna (Sicilia) o los crucifijos del Priorato de Génova (Italia) y se divulga convenientemente seguro que más uno y más de cien cofrades irían (iríamos) a verlo. Y hay ejemplos. ¿Hay capillitas en Roma? Hasta donde sabemos, no es la Ciudad Eterna un sitio donde la piedad popular tenga raigambre.
Por otra parte, ¿en qué pensaban los organizadores que instalaron las vallas convirtiendo el recorrido en un desfiladero? ¿Será que les enseñaron imágenes de las carreritas? ¿Esperaban que desembarcarían Sevilla, Málaga y León al completo? ¿Nadie le dio al ayuntamiento romano datos de viajeros? ¿Había noticias de que se hubieran multiplicado las plazas de vuelos domésticos hacia Roma para ese día?
Nos da que la organización del jubileo de las cofradías le vino grande y bien grande a varias de las personas implicadas, por una actuación defectuosa o excesiva.
Un detalle para ir acabando: el no saber estar del alcalde de Málaga. No se le ocurrió otra cosa que ponerse la ruleta de colorines de la agenda 2030 en la solapa en vez del escudo del Ayuntamiento o, simplemente, nada.
Acaban aquí estas publicaciones sobre la estancia del Cachorro en Roma. Enhorabuena a los hermanos de la corporación trianera que sí supieron disfrutar de un acontecimiento único y mostraron su veneración al Santísimo Cristo de la Expiración, pero haciéndolo compatible con una sonrisa y las ganas de vivir, junto a los suyos, unos días para recordar toda la vida.





