Ahora que ha acabado todo, consideramos que el momento es bueno para contar según qué cosas que pueden ayudar a definir la histórica estancia de la imagen del Santísimo Cristo de la Expiración, el Cachorro, en Roma. Empezamos, como es lógico si hablamos de Sevilla y de cofradías, con las vísperas.

«Fachada» de la carpa de montaje de la procesión del Jubileo con el trampantojo de la Puerta Santa.
El brevísimo equipo de Sevilla Post/Sevilla Info llegó a Roma con bastantes horas de antelación, antes incluso de que lo hiciera el paso del Cachorro. Y lo hizo sin acreditaciones de ningún tipo, ni de la hermandad ni del arzobispado ni del jubileo. Se trataba de vivir el acontecimiento de la procesión y todo lo que la rodeaba desde fuera y contarlo así. Tras las visitas de rigor en esta maravillosa ciudad en peligro de extinción, llegó el momento de interesarnos por cómo iba todo. Lo primero, llamó la atención que en la aplicación Google Maps apareciera un lugar llamado “Tinglao de el Cachorro y la Esperanza” (la carpa) y allá que nos fuimos. Hablamos del lunes, 12 de mayo, cinco días antes de la procesión.
Un numeroso grupo de jóvenes de la Hermandad del Paso y Esperanza de Málaga se afanaba en dar los últimos toques al soberbio trono de la Virgen. La alegría e ilusión que desprendían era contagiosa. Se les veía disfrutando de cada instante, hasta el punto de que ellos mismos habían señalizado el lugar de la carpa en Maps. Sólo mostraban incertidumbre por la coincidencia de la misa estacional en la Plaza de San Pedro con la de entronización del Papa León XIV. Minutos después se demostró que tenían razón.

Paso del Cachorro, dentro de la carpa y envuelto en plástico. Foto: Víctor Espinosa/@elllamadorcsr
Y en un rincón, entrando en la carpa a mano derecha, estaba el paso del Cachorro, envuelto en plástico y con piezas también envueltas, pero nadie de la hermandad había pasado aún por ahí.
Al día siguiente, 13 de mayo, llovió sobre Roma. Hubo un chaparrón entre las 13:15 y las 14:15 y otro más tarde, entre las cuatro y media y las seis y media, en el que llegaron a caer incluso bolas de granizo. Quiso la casualidad que dos periodistas sevillanos se encontraran en la carpa esa mañana y pudieran constatar que había piezas -afortunadamente embaladas aún- del envío de la cofradía de Triana que se estaban mojando. El paso, también envuelto en plásticos, estaba cerca de la parte por la que entraba agua. Allí no había nadie de la hermandad y uno de esos periodistas llamó a un miembro de la junta del Cachorro para informarle de la situación. Éste fue puesto en contacto con los jóvenes de la cofradía de la Esperanza de Málaga y fueron ellos los que movieron las cajas para que no se mojaran más e incluso se metieron bajo el paso para llevarlo a un lugar más seguro, una mudá dentro de la carpa.
Mientras tanto, se suponía que el traslado de la imagen del Santísimo Cristo de la Expiración -desde Sevilla hasta Roma por carretera y con una empresa especializada como responsable- se estaba desarrollando sin novedad. Y decimos “se suponía” porque no se facilitaba ni la más mínima información. Aludiendo a la seguridad, es lógico que no se dijera nada de sitios de pernocta ni de rutas, pero no lo es tanto que los hermanos del Cachorro no recibieran un simple “primera etapa del viaje cumplida sin novedad”, o algo parecido. En ocasiones, el «no news, good news” no es suficiente y en este caso concreto muchos hermanos del Cachorro estaban, como poco, intranquilos.
El momento más esperado, el de la llegada de la imagen del Santísimo Cristo de la Expiración a la basílica de San Pedro estaba cerca. Más de lo que parecía…





