Es incansable en imaginación, tan incansable como irritante para los sevillanos. Y acaba de dar a luz a la última de sus creaciones: la Alianza público-privada, para sacar a Sevilla del hoyo donde no sólo la ha metido un virus, sino también las “brillantes” medidas de un ambicioso de poder llamado Pedro Sánchez, el que jugó durante tres meses a un caudillaje que ha provocado todas las ruinas económicas de España habidas y por haber, también por supuesto la de Sevilla. Y ahora llega otra vez Juan Espadas -procedente de su ideología socialcomunista- con otros polvitos mágicos y, cómo no, fiel a su afición por las palabras rimbombantes, dándoles el nombre de Alianza.
En habla de lo más popular, el alcalde “es la leche”. Ahora se adorna con lo que llama “reorientar” el acuerdo político de hace cuatro meses para reactivar social y laboralmente a Sevilla. Papel mojado hasta hoy y mesas Ikea, como ya les llaman a sus convocatorias de reuniones periódicas que acaban sin continuidad una vez que pasa el primer momento de las fotos para los periódicos.
El alcalde persiste en la equivocada estrategia de que los desastres económicos, concretamente los de Sevilla, están causados única y exclusivamente por el coronavirus. Pero nadie se cree ya su lavatorio de manos, no para evitar contagios, sino para declararse inocente de una gestión municipal lamentable, defendiendo incluso entregarle a Pedro Sánchez los ahorros de doce millones de euros en la caja del Ayuntamiento de Sevilla. Además de que entre sus innumerables inspiraciones políticas, nunca ha incluido la de bajarse el sueldo y el de toda la corporación municipal. Sería ahora justo lo contrario de lo que hizo en cuanto ocupó el sillón de la alcaldía: subírselo.
La denominada Alianza -por grandilocuencia que no quede- ha sido acogida de inmediato, por cuantas instituciones y entidades colaboran en el invento, como “un primer triunfo”. Por triunfalismo que tampoco quede. Afirman que se han antepuesto los intereses de las personas y de la sociedad a cualquier otro. Se referirán a cualquier otro que no sea Espadas. La ciudadanía a la que se le caen los negocios, no cobra los ERTE y cierra persianas por todas partes, se pregunta dónde ha pasado eso. ¿En Sevilla?
La nueva fantasía de Espadas que -al tiempo- habrá que “reorientar” en un futuro no muy lejano, en cuanto se le pase el efecto foto de la rueda de prensa, ha sido capaz de abarcar 230 medidas -ahí es nada- para la recuperación de Sevilla en una etapa que acuña un nuevo término: la Era postCovid, fruto de la Era Espadas.
La redacción del documento no es más que pura hinchazón política de una publicidad socialcomunista, absolutamente desconectada de la realidad, de tantos sufrimientos personales a causa de situaciones de precariedad a punto de lo insostenible. Es una mera declaración de sucesivas palabras vacías, sin apoyo en realidades ni soluciones concretas, que no merece la pena reproducir como si siguiéramos un juego político en el que la opinión pública no cree. Y tiene perlas de esas en las que el PSOE se diría que está escribiendo el Evangelio: “Éste no es el Plan Estratégico del Ayuntamiento, es de todos, y si el resto de administraciones y la sociedad civil no ponen de su parte no será posible”. Y añade, porque Espadas nunca tiene bastante, que la Alianza da preferencia a la salud de todos y fortalece la prevención de los contagios y sus rebrotes, señalando especialmente a las personas mayores y a las más vulnerables: “La imagen de una ciudad cuidadora es un importante referente de futuro para Sevilla”. Emocionante. Y reitera el eslogan nacional de su querido Pedro Sánchez, una de las más notables mentiras del presidente del Gobierno: que no dejará a nadie atrás.
Por este camino Espadas llegará a creerse que es Adam Smith… ya saben, nada menos que el “padre de la economía moderna”.





