El 21 de diciembre de 1929, Sevilla fue una fiesta. En «el día de la suerte», el número 17.894 de la Lotería de Navidad, que venía celebrándose en nuestro país desde 1892, Sevilla se vio agraciada con el tercer premio del sorteo, dotado con cinco millones de pesetas, a las que se sumaron otras trescientas noventa mil por las aproximaciones. La prensa calculó que unas 250 personas fueron agraciadas en Sevilla. No había sido el premio gordo, que ya tocó en Sevilla en 1868, 1873, 1883 y 1884, pero el tercero, y más en aquel año de crisis y gastos, era motivo de euforia.
La Gaceta del 23 de diciembre, en la que se publicaron las localidades a las que habían correspondido los 63 premios mayores, nos permite saber que en Sevilla cayeron otros premios; salió uno de los dos de 250.000 ptas. (el 39.111), parte de uno de los cinco premios de 80.000 ptas. (el 25.223), y dos de los 25 premios de 50.000 ptas (el 61.928 y el 14.007). Además, en Sevilla y su provincia tocaron tres premios de 3.000 ptas.: en Osuna el 640, en Sevilla el 28.198, y en Mairena del Alcor el 8.868.
Decían que la Fortuna había querido visitar las Exposiciones; la ciudad condal se vio agraciada con el segundo, el 35.677, de diez millones de pesetas. Pero el gordo, premiado con quince millones fue para un casi capicúa, el 53.453, vendido en la calle Alfonso de Zaragoza y muy repartido.
Las novedades del sorteo
Aquella fría mañana del 21 de diciembre de 1929, en plena Exposición Iberoamericana, a las nueve, se activaron los altavoces de las victrolas de la Plaza de España, la Plaza de América y del Sector Sur del recinto para conectar con la retransmisión del sorteo de la lotería de Navidad que venía celebrándose con tal nombre desde 1892. Más frio debieron pasar las ciento veinte personas que, según la prensa, hicieron cola durante la noche previa, a las puertas de la Casa de la Moneda, calentadas por algunas hogueras encendidas en la calle.
A esa hora abría el recinto de la Iberoamericana, aunque los pabellones lo hacían una hora después. Con esta medida, el Comité se adaptaba a la realidad del momento, pues toda España estaba expectante ante el sorteo de Navidad que en aquella edición tenía importantes novedades.
En concreto, se habían incorporado tres mil nuevos números, pasando de 62.000 a 65.000 billetes de 2.000 pesetas cada uno, divididos en (20) vigésimas de 100 pesetas. De estos 65.000 billetes del sorteo de Navidad de 1929, 9.844 saldrían premiados, puesto que al incrementarse la cantidad a repartir (89.908.000 de pesetas) aquel año se habían aumentado los premios.
Los cinco primeros premios eran iguales a los del año anterior; pero de ahí en adelante hubo un aumento proporcional en los premios con relación a los tres mil billetes aumentados. En concreto, se habían creado nuevos premios (un sexto de un millón, quinientas mil pesetas; más premios de medio millón, de 250.000 pesetas y de 50.000; cinco premios más de 25.000 pesetas) y se habían sumado a la pedra más números, ciento quince (que pasaban de 2.662 a 2.777). Pese a ello, la lotería de Navidad resultaba un auténtico negocio para el Estado, pues frente a los 89.908.000 de ptas. de premios, ese año se vendieron 417.680.000 ptas. para el sorteo.
España y Sevilla, expectantes ante el sorteo del día 21
La Lotería de Navidad era todo un acontecimiento. El estreno dos días antes, el 19 de diciembre, en el cine Avenida de Madrid, de la película «El gordo de Navidad», del guionista y director cinematográfico Fernando Delgado de Lara (1851-1959), uno de los principales artífices del cine mudo en nuestro país, no había hecho sino incrementar el interés y mostrar al público los pormenores de la manipulación del juego oficial a través de los episodios de diferentes personas que resultaban haber adquirido participaciones del gordo, porque una de sus escenas, filmada en la misma Casa de la Moneda, reproducía fielmente el sorteo.
En la Sevilla de la Exposición había también mucha expectación por la lotería de Navidad. Los vigésimos se habían agotado antes del día de Todos los Santos, como resultado de una mala previsión en los cálculos del reparto; de hecho, a pesar de ser el año de la Iberoamericana, en que hubiera sido previsible una mayor venta, solo se asignaron 1.998 billetes para ser vendidos en la ciudad, cuando en el sorteo de la Pascua anterior se habían vendido 2.002 billetes y cinco vigésimos. Aquel 1929 se vendieron en Sevilla billetes por valor de 3.428.000 ptas., una cantidad nada comparable con los 36.000.0000 de ptas. vendidos en Barcelona. A pesar de todo, Sevilla era la tercera ciudad de España en ventas, superando en muy poco a Valencia, habitualmente en tercer lugar, que aquel año pasó al cuarto. Madrid y Barcelona jugaban más de las dos terceras partes de los billetes: Madrid (donde cayó el quinto) 23.175, y Barcelona (premiada con el segundo) 18.474.
Nada nos cuenta la prensa sobre las personas que desde las plazas del recinto escuchaban el sorteo pero sí que, como era habitual, la gente se congregaba a las puertas de las sedes de los periódicos para ver las pizarras con las listas de los números premiados con la información que recibían por telegrafía sin hilos, el THS, a través de los corresponsales de la provincia que estaban desde primeras horas de la mañana en el Gabinete de Prensa, instalado en la Central de Teléfonos de la calle Alcalá. En Madrid todo era más rápido; reporteros en actividad, pizarras en los balcones de la puerta del Sol, donde los agentes de circulación tuvieron que poner orden porque los curiosos la entorpecían…
Aquel año, como en 1918, la Dirección General de Tesorería y Contabilidad del Ministerio de Hacienda, trasladó al sábado 21 el sorteo –que desde 1902 se celebraba el día 22 (antes era el 22 o el 23)– para respetar el « Día del Señor ». El cambio no habría sido previsto por los falsificadores de billetes, puesto que se editaron refiriendo el sorteo en la fecha habitual.

Billete falsificado de la lotería de Navidad de 1.929, fechado para el 22 de diciembre
El tercer premio, la primera sorpresa de la mañana
El tercer premio salió enseguida, en la octava bola, que fue la primera sorpresa de la mañana. Pero en Sevilla no se supo que la ciudad había sido agraciada con este premio hasta las once; a partir de ese momento, la noticia circuló con gran rapidez. A las doce, Miguel Escámez Arqueros, propietario de la administración de la Plaza de Europa, la que vendió el número 17.897, recibió un telegrama urgente notificando que ellos habían realizado la venta. Según Escámez declaró a la prensa, desconocía quiénes eran los afortunados. Miguel Escámez Arqueros y el encargado Antonio Soriano Rodríguez, quedaron inmortalizados en una magnífica fotografía de Sánchez del Pando que se conserva en la Fototeca Municipal de Sevilla.

Administración de loterías de Miguel Escámez Arqueros, en calle Amor de Dios 62. El propietario posando ante la fachada (fot. © ICAS-SAHP. Fototeca Municipal de Sevilla, fondo Sánchez del Pando).
En la pescadería Las Gallegas, los primeros agraciados
Por la proximidad del establecimiento, los primeros en saber que habían resultado premiados fueron los dependientes de la pescadería conocida como Las Gallegas, establecida frente a la administración de Escámez. El encargado, Joaquín Reina Fonseca, había adquirido un vigésimo que jugaron los quince dependientes de las pescadería en participaciones de una y dos pesetas, salvo el jefe del escritorio, Ramón Martínez, que pagó dieciséis y otro de los dependientes, Marcelino Fernández, seis. También adquirieron participaciones de una peseta algunas “criadas de servir” que eran clientes habituales, Esperanza González y Mercedes Castaños.
Felices, contaban en la prensa que había adquirido la lotería muy tardíamente, ya a final de noviembre y celebraban el premio ante las cámaras de los fotógrafos de prensa. Cecilio, Alfonso Rodríguez, Manuel Casal, Ramón Miguel y Rafael Monsalve estaban eufóricos con sus participaciones de dos pesetas.
Euforia en la Macarena
Pero lo adquirido en Las Gallegas era solo un vigésimo. La mayor parte del premio fue a parar a obreros que vivían en el barrio de la Macarena, que trabajaban en la fábrica de tornillos y tirafondos de los Sres. Ollero (Ollero, Rull y Cía.), establecida en la avenida de Capuchinos.
De hecho, Mariano Arias, el cajero de la fábrica, había adquirido diez vigésimos (la prensa fue rectificando) que se repartieron entre los ciento cincuenta obreros de la fábrica, en participaciones que oscilaban entre dos reales y tres pesetas. Al teniente coronel de Artillería Ernesto Ollero, propietario de la fábrica, le correspondieron 50.000 pesetas, y a la viuda de Benito, 100.000 ptas. que repartiría entre sus dos hijas, empleados y allegados. También habían sido agraciados con participaciones algunos vecinos del grupo de casas del Patronato Municipal próximo a la fábrica.
Arias contaba a la prensa que no jugaron el número “al tun-tún, sino que fue escogido” entre los que se le ofrecieron después de rechazar otros dos. Bromeaba el periodista de ABC diciendo que, en adelante “nadie osaría discutirle su bien cimentado prestigio de catador de números de Lotería”.
Según algún diario, algunas operarias “no pudieron resistir la impresión y sufrieron repentinas indisposiciones y desvanecimientos”; también se vio bastante afectado el comprador, Mariano Arias, “teniendo que salir acompañado de D. Ernesto Ollero para que le diera un poco el aire… y para depositar en el Banco de España los diez vigésimos”.
La prensa cuenta que, pese a que los premios eran muy modestos, porque los obreros jugaban muy poco dinero, ante el júbilo y la algarabía, D. Ernesto Ollero “para que los operarios gozaran de su alegría a su placer y pudieran ir a participarla a sus respectivas familias, dio orden de que se tocara la campana suspendiendo el trabajo”. Algún periódico dijo que en la fábrica se suspendió el trabajo y que los obreros se echaron a la calle “con gran algazara”; aquello debió ser criticado, por lo que días después la dirección de Ollero Rull y C.ª, remitió al director de ABC la siguiente carta, que el diario publicitaba con el titular “Los obreros sevillanos y la lotería”:
“Muy señor nuestro: Por cuanto pueda contribuir a enaltecer el buen nombre de la clase obrera sevillana, debemos informarle que el personal que presta sus servicios en esta fábrica, favorecido con el tercer premio de la Lotería de Navidad, con participaciones en general de una a cinco pesetas, ha acudido hoy al trabajo, que ha podido organizarse en completa normalidad.
Nos congratulamos en hacer pública esta noticia que confirma la cordura y sentido de previsión de nuestros empleados y obreros y hace esperar que la importante cantidad que habrá de distribuirse será debidamente aprovechada, parea que, prosiguiendo en la honrada vida de trabajo, puedan encontrar en esos extraordinarios recursos el medio de estar a cubierto de las vicisitudes a que está expuesto el que tan solo cuenta con un modesto jornal.
Quedamos de usted afectísimos seguros servidores q.e.s.m. Ollero, Rull y C.ª”
El barrio de la Macarena se vio revolucionado. La prensa cuenta que el día 22, los empleados de la fábrica agraciados por la lotería cobraron importantes anticipos para que pudieran celebrar las Navidades “con la natural alegría y desahogo” y que varios macarenos se proponían contribuir con cantidades de importancia para la confección del manto de la Virgen que Juan Manuel Rodríguez Ojeda estaba realizando y para el que se había abierto una suscripción popular. Según la prensa, varios de los agraciados con el tercer premio pensaban celebrar una función en honor a la Macarena en agradecimiento a su intercesión.
Los otros diez vigésimos
La prensa también informaba sobre los restantes diez vigésimos, cuyos destinos poco a poco se fueron conociendo. Uno fue a obreros de la fábrica de Luca de Tena; otro a personal de la casa de los hermanos Camino; otro a huéspedes y personal del Parador de Lucero; dos fueron adquiridos por personal del puesto de la Guardia Civil del Prado de San Sebastián; otro había sido enviado a Perú el día 12 de noviembre por una personalidad de Sevilla que se reservó una participación de cinco pesetas; dos vigésimos fueron a San Fernando; otro a Córdoba. Del restante, no se sabía el comprador, aunque corrió el rumor de que había sido adquirido y repartido por el por oficial de la Administración de Aduanas, Joaquín Lacárcel Carrero, quien no confirmó la noticia. No debió ser así, porque días después la prensa publicó que un conserje del Banco Asturiano, Eladio Bea, era el poseedor el vigésimo. No se trató del único rumor, pues también se dijo que Meyer, empresario del Teatro del Duque había sido premiado con 25.000 ptas., aunque este sí que lo negó.
La prensa fue informando detalladamente sobre quiénes habían sido agraciados; aportaba nombres y circunstancias de quiénes habían adquirido los vigésimos y cómo, y entre quiénes, habían distribuido participaciones. Esta información nos permite conocer hasta qué punto el premio benefició a sevillanos, mayoritariamente humildes, y, por la minuciosidad de los datos, la importancia que el premio tenía sobre la empobrecida población local.
El vigésimo de la fábrica de Luca de Tena, en la Huerta de la Salud, se repartió entre los obreros de la sección de jabonería, habiéndolo adquirido el encargado de esta, Pedro Lora. Los obreros jugaban participaciones de una y dos pesetas. ABC felicitaba a Antonio Sánchez Parrado, un empleado de la Administración de ABC de Sevilla, responsable de los pagos al personal, que en la fábrica había adquirido una fracción del vigésimo siendo premiado con 2.500 ptas.
Otro vigésimo había sido adquirido por un empleado de los hermanos Camino, casualmente propietarios de los terrenos del Sector Sur donde se construyeron las edificaciones de la Exposición Iberoamericana. En concreto, lo había comprado José Espinosa, chófer de Hilario del Camino Martínez, quien en dos ocasiones había sido Hermano Mayor del Gran Poder. Espinosa solo se había reservado veinte pesetas; así que el personal de la casa estaba realmente feliz con sus participaciones: Evaristo González, el portero, que llevaba cuatro pesetas; Carmela, la sirvienta, que llevaba una; el chófer de la casa que llevaba dos, como también el chófer de Basilio Camino, hermano de don Hilario que era entonces el Hermano Mayor del Gran Poder. El premio llegó a El Pedroso, donde una criada de la finca La Jarilla que allí tenían los Camino, llevaba una participación de cinco pesetas.
Dos vigésimos habían sido adquirido por las clases y soldados del puesto de la Guardia Civil del barrio de San Sebastián. Uno, adquirido por el chófer (“chauffeur”) José Espinosa, quien se reservó 20 pesetas, dio premio al comandante José Montes, a tres cabos y tres guardias y a algunos amigos de Espinosa, entre ellos Manuel Borrero Rebollo, chófer de uno de los copropietarios de El Noticiero Sevillano, que jugaba 20 ptas. Una de las restantes participaciones de aquel vigésimo, todas pequeñas, de nuevo llegó a El Pedroso. El otro vigésimo lo adquirió el cabo Gregorio García González, siendo este participado por algunos de sus familiares y por esposas de cargos del puesto.
Otro vigésimo había ido al Parador del Lucero, una casa del siglo XVI de la calle Almirante Apodaca convertida en lugar de hospedaje, recientemente rehabilitada como Posada del Lucero. Lo había adquirido Benito Soler, un pañero de Huercal-Overa (Almería) que, con otros diecisiete paisanos, de igual profesión, llegó a Sevilla, como todos los años en esa época, para vender sus productos, hospedándose como solía en el parador. La prensa desgranaba las participaciones de aquel vigésimo, que habían sido repartidas entre los restantes pañeros, un huésped de Alájar, la dueña del establecimiento Esperanza de Cué, y un mozo y una bella criada a la que Soler había regalado sendas participaciones por la que cada uno cobraría ¡2.500 ptas.! Cuenta la prensa cómo la fortuna había agraciado a uno de los pañeros Vicente Molina quien con las 7.500 ptas. que había ganado con su participación de tres ptas. podría operarse de su afección en la vista; Molina había venido a Sevilla con la esperanza de poder operarse con lo obtenido por la venta de sus paños, no siendo posible porque habían sido casi nulas al haberse prohibido en Sevilla la venta ambulante. Ni siquiera tenía dinero para volver a casa.
Como se refirió, dos de los vigésimos premiados fueron llevados a San Fernando (Cádiz), por militares que lo habían comprado en Sevilla. Uno fue jugado por los oficiales del Cuerpo Jurídico de la Armada, Pelegrín de Benito y el Sr. Callejo, hijo del Ministro de Instrucción Pública. El otro, por el capitán médico de la Armada, José Hidalgo, que lo compró en unión de otros oficiales de la carabela Santa María.
Otro vigésimo se fue a parar a Córdoba, a Amador Pérez y Patricio Hidalgo, que lo adquirieron en su visita a la Exposición.

Los cordobeses agraciados en la lotería de Navidad. En El Noticiero Sevillano, de Sevilla. 24 de diciembre de 1929, p. 3.
El último vigésimo en aparecer terminó en Infiesto (Asturias), villa y capital del concejo de Piloña; fue el que Eladio Bea, conserje del Banco Asturiano, encargó a su jefe, Antonio Fernández, cuando este fue a visitar la Exposición Iberoamericana. Bea solo se quedó con 10 ptas. siendo premiado con 25.000 ptas. El resto lo repartió, entre otras personas, entre su jefe, el conserje del Ayuntamiento, el director de la Banda Municipal, el médico forense Rogelio Carrión.
Los premiados con participaciones
La prensa refiere también algunos de los premiados con participaciones; una, en la Unión de Ganaderos (compartida por los señores Pablo Rubio, José Guerra, José Escudero, Manuel Pineda, Fernando Argelino, Rafael Porras y Francisco Medina); otra, premiada con 50.000 ptas., adquirida por unos hombres de Carmona que patrocinaban la fiesta de los Reyes Magos en beneficio de los niños pobres de la localidad y que habían hecho la promesa de dedicar una parte del premio a la cabalgata, en caso de tocarles la lotería; otra, de varios empleados de la Tabacalera; y varias jugadas por los empleados del cortijo El Gallego, propietario del referido Borrero, por la que entre los premiados se encontraba el propio Basilio del Camino.
Incluso recoge los nombres de los afortunados con aproximaciones del tercer premio. Así indicaba que una había ido a parar a la base aérea de Tablada; otra a Gabriel Cardona u Ordoñez, empleado de la Catalana del Gas, que estaba abonado al número, y que la distribuyó en participaciones, algunas de la cuales fueron a varios camareros del Ateneo. La centena la llevaba el personal de la estación de ferrocarril.
La necesidad frente a patriotismo
Antes del sorteo, la prensa apuntaba la posibilidad de que el gordo saliera del país por haberse vendido a algún turista extranjero en alguna de las dos exposiciones y lo veía incluso como una “patriótica oportunidad” de promoción de nuestro país. De hecho, el día 3 de diciembre, argumentado un cálculo de probabilidades, el Sol de Madrid, auguraba que el gordo caería fuera de España, ya que «habiéndonos visitado curiosos de ambos hemisferios… ¿quién puede esperar que el gordo se quede esta vez en España, si ya antes, con menos invitaciones a emigrar, solía sentir inclinación a pasar las fronteras ?… Seamos patriotas y acojamos la fuga del gordo con alegría… Ahora que empezamos a tener prestigio el gordo puede acabar de redondearnos yéndose de casa».
No fue así, pero la Exposición de Sevilla dio alegrías a algunas personas que se llevaron a su tierra participaciones compradas durante el certamen. Algunos ya referidos: aquellos cordobeses, los asturianos, los peruanos, los tripulantes de la Santa María… y también, entre ellos, el cabo Domingo Vicente, madrileño destinado a Sevilla para prestar servicio durante la Iberoamericana, al que le tocaron 10.000 ptas. Pero los realmente beneficiados fueron los sevillanos, personas modestas y trabajadoras, muchas de las cuales agradecieron a la Esperanza Macarena haber resultado agraciados aquel año. El mejor regalo para la euforia de la Sevilla de la Exposición.




