Que esta feria de Sevilla 2025 que acaba de iniciarse con la corrida del Domingo de Resurrección es la más especial en la carrera del gran matador de toros Morante de la Puebla es más que sabido. Su prematura retirada a finales de la temporada pasada y sus reflexiones vitales desde su refugio portugués así lo han marcado.
Pero Don José Antonio Morante Camacho sigue en pie y Morante de la Puebla sigue lleno de vida, la misma que da a la Fiesta y nos da a todos los que la amamos y disfrutamos de ella. Su genio y su figura volvieron a quedar patentes en la mala corrida de toros enviada por Núñez del Cuvillo en el inicio de la Feria de Sevilla, en el Domingo de Resurrección de 2025.
Nooo, sufrido lector. No estamos diciendo que el cigarrero la liara en tan señalada fecha. Que le suponemos ya medianamente informado de lo ocurrido el el coso del Baratillo, pero sí fueron una alegría las verónicas auténticas, pulcras y el remate genuflexo al primero bis. Y las dos series de naturales uno a uno, con gran esfuerzo porque el toro iba mejor la izquierda, pero salía suelto. Se intuían más series finales del mismo porte -recurso habitual de Morante ante toros noblotes, con cierta clase y poca fuerza- incluso con la espada de verdad, pero en vez de eso intentó ligar y sólo apuntó algún detalle. Pinchazo tendido, media atravesada y contraria y una cálida ovación. Y en el cuarto, después de sufrir cabezazos, que el toro -tal vez el más desrazado de una corrida sin raza- punteara la muleta en vez de embestir y que pareciera que iba a tirar por la calle de enmedio, intentó lo imposible. Pero, eso. Era imposible. Dio un pinchazo y mató de media y un certero descabello.
Sí, Luque, un sensacional torero en un extraordinario momento, cortó la única oreja y hay cosas que contar sobre él.
Pero lo más importante, a nuestro periodístico entender, era ver cómo se encontraba Morante de la Puebla en su regreso a Sevilla. Diez o doce desalmados (mejor dejarlo ahí) del público osaron pitarle cuando salía del ruedo. Y se escuchó (con acento canicheli del norte de Despeñaperros que quiere hacerse notar) el argumento de “ejjje yo he pagao mi entrada, oyes…”. Pero podemos asegurar a los aficionados, a los aficionados, que Morante de la Puebla sigue dando vida a la Fiesta.
Daniel Luque, de Gerena, provincia de Sevilla, cuajó una buena tarde de toros. Transmite seguridad en cualquier momento y en cualquier gesto, pero esa forma de esperar al sexto, al hilo de las tablas del 7, parado, con la rodilla medio flexionada, dándole igual que le llegara por la derecha, por la izquierda o por el medio. Un “aquí están mis eso, que son muchos pa este toro y pa seis más como él«. Ninguno de sus enemigos decía mucho, así que si para Luque es fácil estar por encima de cualquier toro, más si es uno de los de la lamentable corrida que Núñez del Cuvillo trajo a Sevilla. Él pone todo de su parte sabiendo que o hace eso o no hay nada. Y no es procedente ni serio ni torero que no haya nada.
Lidió bien al flojo y soso tercero. Embestía y respondía bien cuando se alargaba el lance, sin acortar el viaje. Las dos primeras series ya no fueron tan claras, pero con la muleta en la izquierda, Daniel se empleó y empleó, explotando con un cambio de mano por detrás y dos pases más. Le arrancó una más por cada lado y otra última, clavado en el suelo, pase, el de pecho, otra vez y luego, natural y remate con izquierda con la plaza entregada. Estoconazo y oreja.
En el sexto, además de lo ya reseñado, hizo un gran esfuerzo tirando de un animal -otro- sin raza, dejándole media muleta en el albero bajo el hocico y llevándolo hasta sacarle varias series. La última, sus luquecinas, con la espada de matar tirada en el suelo. Posiblemente esta última faena fue mejor que la del tercero, pero no tuvo premio, posiblemente porque el personal ya estaba largándose y no era plan perder el tiempo pidiendo la oreja, pero bueno…
Talavante no estuvo ni bien ni mal, en el segundo no hizo nada destacable y en el quinto, el toro más alegre de todos, se empeñó en torearlo en las rayas y encima cuando pedía a gritos los medios y más espacio. Nunca llegó a entenderlo ni a acoplarse, en una repetición de lo que hizo el año pasado ante toros también de Núñez del Cuvillo.
Algunas cosas más.
Da lástima ver el desempeño de los toros de Núñez del Cuvillo. Noblotes, pero sosos, sin casta ni raza. Esos años diez de este siglo…
Lo del presidente, Gabriel Fernández Rey, rozó lo bochornoso. En el segundo paró un cambio de tercio pedido por Talavante porque Luque iba a hacer su quite, como si eso tuviera algo que ver. En el quinto, usó el VAR… aparentemente: cambió el tercio con el toro con sólo un puyazo y sin que nadie lo hubiera pedido. Después de los clarines, el toro volvió a ir al caballo. Sacó el pañuelo otra vez y volvieron a sonar los clarines.
Sorpresa por el vestido de Morante. Sangre de toro y oro, pero con un diseño clásico, algo a lo que nos tiene muy poco acostumbrados.
Volvemos a vernos el domingo, día 27 de abril.






