La Policía Nacional ha detenido en Sevilla Formaban parte de una organización criminal dedicada al tráfico de estupefacientes, en concreto cocaína y heroína
Entre los detenidos se encuentran los presuntos líderes del entramado criminal, un matrimonio que supervisaba, controlaba y coordinaba el reparto de tareas entre sus miembro. Contaban con seis viviendas que disponían de grandes medidas de seguridad, ellas utilizadas como «puntos de venta», para la preparación de las «partidas» del estupefaciente y para repartir el dinero obtenido.
Durante los siete registros llevados a cabo por los policías se han intervenido diversas cantidades de droga, armas de fuego y dinero en efectivo.
Las primeras pesquisas realizadas por los investigadores permitieron identificar a un matrimonio, presuntos cabecillas, y la ubicación de seis viviendas que regentaban en la barriada de Los Pajaritos, las cuales disponían de grandes medidas de seguridad, para dificultar su acceso, lo que en el argot policial se llaman «narcopisos».
Así, dos de las viviendas eran utilizadas como «puntos de venta» de la droga. Otra de ellas la utilizaban para la preparación de las «partidas» del estupefaciente, mientras que tres domicilios eran usados como centro neurálgico, donde se repartían el dinero obtenido de la venta de la sustancia ilegal.
Viviendas diáfanas, sin muebles y solo con sillas, para que los «compradores» consuman la droga en su interior, evitando de esta forma ser detectados en la vía pública por la Policía que pudiera incautarles la droga.
Una vez identificado este matrimonio, los agentes pudieron determinar que, aunque la actividad ilícita la ejercían en la barriada de Los Pajaritos, ellos habían optado por residir en la localidad de la Algaba, como medida de seguridad, para evitar así ser localizados, ya que en otras ocasiones habían sido detenidos por los mismos motivos. No obstante eran frecuentes sus desplazamientos al barrio sevillano, para supervisar y controlar todo el entramado criminal que dirigían.
La identificación de los líderes y la localización de los inmuebles, llevó a los agentes hasta el resto de la organización, 19 personas más que formaban un grupo que seguía las directrices de los «jefes».
Por un lado, se encontraban los «empleados» que vendían la cocaína y la heroína. Por otro lado, contaban con personas perfectamente distribuidas por los alrededores de los «narcopisos», los cuales alertaban de inmediato ante la posible presencia policial, así como ofrecían a los «compradores» que hasta allí se desplazaban las indicaciones necesarias para saber a qué inmueble dirigirse para poder adquirir las dosis de droga.





