1.- Sobre la dictadura. Las dictaduras de derechas y del capital son malas, genocidas y represoras, pero las dictaduras de izquierdas y del proletariado son libertadoras e intrínsecamente buenas. Una revolución de izquierdas solo busca el Paraíso en la tierra, aunque para ello tenga que ahogar en sangre a su población, a menudo tan embrutecida por la explotación imperialista que es incapaz de valorar que su degollina y la de sus familias son por el bien supremo de las generaciones que nacerán en otras eras.
No importa que, tras un siglo de experimentos comunistas en numerosos países y con variedades distintas, no exista una sola prueba – ni una – de verdadero progreso y bienestar social bajo un régimen comunista. Un buen retroprogresista debe persistir y no rendirse jamás ante la Verdad incuestionable del Marxismo Auténtico que es a las ideologías lo mismo que El Dorado a las exploraciones: brilla mucho, todos hablan de él, pero nunca se ha podido encontrar. Un buen retroprogresista sabe hacer propios los éxitos sociales, políticos y económicos del liberalismo al tiempo que tacha a sus artífices de fascistas. La herencia liberal será el combustible incendiario.
2.- Sobre la violencia. Los violentos y asesinos de derechas son «fascistas», pero los violentos y asesinos de izquierdas son… «antifascistas». Por lo tanto, y en pura lógica, si un fascista es malo, un antifascista es bueno. Relativicemos el valor del concepto violencia equiparando la violencia terrorista a la «violencia económica» o «violencia cultural» o “estructural”. Chomsky puede resultar de ayuda, y aunque con los años su demagogia resulte cada vez más incomprensible, su nombre aún conserva la fragancia libertaria de los años sesenta. La confusión, tergiversación y “alargamiento conceptual” siempre es una buena estratagema para imposibilitar un debate libre y racional, bajo cuyo “despotismo clasista” poco o nada tienen que hacer los liberales, conservadores y otra ralea fascista.
3.- Sobre la Religión. La religión es el opio del pueblo siempre que sea católica. Cuando se trate de la musulmana no es opio sino fragancia de jazmín y debe ser respetada y escuchada con arrobo pues comparte el mismo odio por nuestros enemigos: las democracias liberales de Occidente y los creyentes cristianos y judíos. La religión hebraica y, por asimilación antisemita, el Estado de Israel, deben ser también execrados por un buen retroprogresista, ya los judíos no solo son pocos y se niegan a desaparecer, sino que, además, han favorecido el desarrollo de la ciencia y cultura occidental.
4.- Sobre el Capitalismo y la riqueza. El capital y el capitalismo son una peste y deben ser erradicados de la faz de la tierra, excepto cuando se trate de mis propiedades, bienes, negocios, sociedades “offshore” y haciendas en cuyo caso se trata de una propiedad legitima obtenida con el sudor de mi frente (algo que, por supuesto no sucede con la de los demás fascistas, sucios explotadores). Conviene, además, hacer pasar el capitalismo como una ideología política opuesta al comunismo y no como un sistema de gestión económica que puede ser instrumentalizado por todo tipo de ideologías, desde las más despóticas hasta las mas liberales.
5.- Sobre la Cultura. Solo hay intelectuales de izquierdas. El resto de mentes que han sembrado la historia del arte y del pensamiento occidental con sus obras no son más que esbirros vendidos al capital de mecenas avarientos e insensibles con la diversidad, de curas pederastas y de una superestructura imperialista de poderes facticos que nos alienan. En España, además, los intelectuales retroprogresistas no están obligados a saber leer o escribir – basta con saber gimotear – para recibir un Goya o alguna medalla honorífica con el nombre de algún cristianísimo rey, de esas que últimamente se comercializan desde el BOE.
6.- Sobre la Ética. Nos atribuiremos la bondad infinita y la legitimidad moral que negamos a nuestros opositores (al fin y al cabo, unos sucios fascistas). Cualquier progreso, logro o acto noble en la historia de la humanidad se debe a la izquierda y así deben escribirlo, filmarlo y cantarlo nuestros bardos. Aunque, como es bien sabido, hasta el nacimiento de Marx nuestro planeta era un páramo deshumanizado y baldío en donde los de arriba subyugaban a la clase trabajadora, es fundamental dejar claro que ideas como «Paz», «Solidaridad», «Humanitarismo», «Diálogo», «Justicia», «Tolerancia» o «Ética» fueron inventadas y conquistas por la izquierda, aunque como Aristóteles, Jesús, Seneca, San Agustín o Tomas Moro o Locke las utilizaran inadecuadamente antes del advenimiento de Marx.
7.- Sobre la Democracia. La Democracia al impedir con la fuerza de los votos la dictadura del proletariado -fin declarado del socialismo- es un mal menor, del que habremos de servirnos hasta conseguir convencer al populacho que esa democracia «no es real» y está podrida y controlada por las fuerzas oscuras del capital y la iglesia.
8.- Sobre el Ejército. El ejército y las fuerzas de seguridad del Estado no socialista -incluidos por supuesto los estados democráticos – son siempre «fuerzas represoras» en tanto en cuanto nos impiden o dificultan la toma violenta del poder.
9.- Sobre el Asesinato. El asesinato de un opositor debe ser siempre considerado como la «ejecución» de un fascista y, por lo tanto, de un potencial genocida y explotador. Un verdadero revolucionario de izquierdas no asesina, sino que ejecuta o mata luchando, aunque su víctima sea una niña de 5 años. La inquebrantable sangre fría del Che Guevara – ese Santo laico – debe servirnos de inspiración, luz y guía. Es nuestro Portador de la Luz, nuestro Lucifer.
10.- Sobre la instrumentalización de la Historia. Todos los males del presente se deben siempre a un lejano pasado poblado de protofascistas e imperialistas asesinos. Marx los tipificó magníficamente en sus diferentes tipos de sociedades y esa clasificación ya será válida hasta el fin de la Historia, del mismo modo que El Corán – alabado sea el Profeta- lo explica todo y no necesita exégesis de los simples mortales. La Historia es un amasijo amorfo de datos que podemos moldear como si fuera arcilla. Negaremos con desparpajo los millones de muertos debidos al comunismo en menos de un siglo, así como la inexistencia de libertades en ninguno de los regímenes comunistas que hasta la fecha han existido. Negaremos que la URSS fue aliada de Hitler entre 1939 y 1941, negaremos los más de 20 millones de muertos en la Rusia estalinista, negaremos los gulags o minimizaremos sus efectos. Silenciaremos el probado horror comunista, justificaremos la nobleza de su causa y con ello podremos pasear la hoz y el martillo y las banderas rojas por numerosas democracias sin que nadie se altere del mismo modo que cuando ondean las esvásticas.
Corolario: Cualquier aberración cometida por un revolucionario de izquierdas, desde la violación, el parricidio hasta los crímenes de guerra o el genocidio será siempre justificable como «mal menor» pues la causa que la ampara no puede permitirse reparos de conciencia. No puede hacerse una tortilla sin romper el huevo.
APOSTILLA: Si usted ha llegado hasta aquí sin prejuicios ni anteojeras se habrá dado cuenta de que este decálogo, con ligeras variaciones, sirve perfectamente para un fascista empedernido, para un nazi fanático, para un comunista “new age” o para un fundamentalista asesino. El elemento común al pensamiento totalitario (que es de lo que hablo) es su odio a la democracia y al liberalismo, su justificación de la violencia y del asesinato «político», el uso de la dictadura como forma de gobierno, la persecución (comunismo, nazismo) o instrumentalización de la religión (fundamentalismo), el monopolio de la moral, la cultura y el pensamiento, el victimismo y la manipulación de la Historia.





