Como una Guardia Pretoriana, cuya fuerza nace del veneno y de la incuria, el gobierno que nos debería representar ha sometido a la población española a la ponzoña del odio de la inducción al pánico a la muerte. Nos enfrentamos cada día a un atentado mayor a la libertad. La fuerza que nace del veneno inducido y la sospecha pertrechada, en este caso a fuerza de dinero que paga a sus voceros y alguaciles, acabará con el asalto de los lobos al redil de los corderos, que sin pastor y sin mastines que les defiendan, perecerán entre sus fauces hambrientas.
A día de hoy, inducido el miedo, sólo algunos se atreven a saltar los límites del aprisco en que se ha sometido a la población española, y las caceroladas de Madrid, vienen a significar que cuando un pueblo empieza a tener más temor a perder su libertad que su vida por una pandemia, es que está perdiendo ambas cosas.
Esto no es nuevo, en 1931 el Rey se les escapó vivo. En 1936 no encontraron a Gil Robles ni a Antonio Goicoecha y consolaron su asesina frustración en la nuca de José Calvo Sotelo, detuvieron a José Antonio Primo de Rivera y meses más tarde, ahítos de odio le dispararon a los pies porque se había negado a arrodillarse, para que muriera arrastrado y desangrado a los pies de sus asesinos, mientras Alfonso XIII contemplaba la llaga sangrante de España jugando al golf y cazando en el exilio.
A él le había tocado aquel 31 de mayo de 1906 cuando Mateo Morral tiraba bombas el día de su matrimonio.
No hay nada que excite más a la izquierda criminal de este país siempre mostrenca y acémila, criada y servil de los odios de los magnicidios y regicidios de los Jacovinos que tornaron en bolcheviques. Tienen un largo pasado en la materia, Juan Prim, Antonio Cánovas del Castillo José Canalejas, Eduardo Dato, Luis Carrero Blanco, José María Aznar, el helicóptero de Rajoy y les sigue faltando la Cabeza de Abascal, para colgarla en sus metopas que exhiben en sus palacios de invierno como trofeos de caza.
Ya habían intentado también Juan Oliva Moncasi y Francisco Otero González asesinar a Alfonso XII y el afrancesado Cura Merino apuñalando embarazada a Isabel II. Arronategui Azurmendi, hizo lo mismo a su vez con el Rey Juan Carlos I. Estas son las izquierdas que después pactan entre ellas para salir de las cárceles y seguir propagando el odio y los tiros.
El odio propagado, sobre la presidenta de Madrid, tiene tales notas de infamia, que llegan a pregonarla hasta 10 y 12 veces diarias, y tratan de pactar mientras la mitad de una población indefensa perece, su cabeza con ciudadanos, al igual que Roma ya hizo con Minuro, Ajax y Ditalco con Viriato. Inés Arrimadas e Ignacio Aguado, serán los Vellidos Dolfos de esta Reina Sancho II que es ya Isabel Ayuso por derecho propio. Pero es que tienen a Yolanda Díaz enterrando a toda oposición por la izquierda de los zares del Psoe.
Pero su pieza de caza Mayor es sin duda Abascal, que tiene más escaños en el Parlamento que los comunistas, y la pandemia les ha llenado de muertos y de miedo el escenario, con lo que han llenado las cartucheras para cazar fachas y hacer justicia proletaria. El miedo a perder el poder hace que se desgañiten metiendo miedo al pueblo para que siga escondido, el miedo con el que procuran atenazar como el hambre al estómago, como el látigo a la espalda, como la soga al reo, como el garrote al cuello, como las multas a la cartera, como las corrientes a los genitales.
Tratarán de meter miedo, porque mientras el miedo actúe, los cobardes seguirán clamando como plañideras en funeral por su cobarde seguridad. No han sido nunca jamás capaces de gobernar si no es a través del miedo, la insidia y el tiro en la nuca. Seis veces intentaron asesinar a Franco entre el 23 de mayo del 36 y el 18 de Julio, intentado meter miedo al resto de militares que ya abiertamente advertían que no se podía seguir asesinando españoles impunemente en las calles.
Mucho me temo, que harán todo lo que puedan para soterrar en sus casas al pueblo español, porque se juegan que salga a la calle, y que ellos pierdan el poder. Abascal, siguiendo la larga tradición de la izquierda española está ya en el punto de mira.
Pablo Iglesias, llegó, ahíto de sangre como hiena hambrienta hoy disfrazado de oveja merina, lanzaba veladas amenazas a Vox a Abascal, y acusaba de corrupción a Isabel Ayuso, y nos recuerda que es el legítimo heredero de aquel “Revertino” de Villafranca de los Barros la antigua Pereyana, al que acusaron de la desaparición de Dorado y Ceballos y no sabemos si en esta cuita Pedro Sánchez y Marlaska serán el “el Chaparro”, “el Hornachego”, “el Vinagre”, “el Ojo de Perdiz” y “el Cojo de molletes, que puedan tener miedo a que un tribunal popular acaben con sus vidas.
De momento, han seguido, durante la cuarentena, tres campañas una contra el Rey, contra Isabel Ayuso y otra contra Abascal, y ahora ya han comenzado una más contra Alvise, y existen demasiados antecedentes en la izquierda española, como para no tomarse en serio a estos personajes
Mientras tanto te seguiran contando que los asesinos de las retaguardias del 36 eran héroes que luchaban por la libertad, en un pais en el que no sabe la gente quién fue Atadel ni que en Madrid hubo 357 checas, dos de ellas del PNV





