El auge del consumo de complementos alimenticios hace que aprender a interpretar las etiquetas sea esencial para conocer qué contiene realmente un producto, en qué cantidad y si responde a una necesidad real
Según el experto, elegir un suplemento por el envase o la publicidad puede conducir a decisiones poco acertadas e incluso poner en riesgo la salud si no existe una necesidad real o una supervisión adecuada
El consumo de complementos alimenticios no deja de crecer y cada vez son más las personas que incorporan vitaminas, minerales, omega-3, probióticos, creatina, colágeno o extractos vegetales a su rutina diaria.
Sin embargo, este aumento del interés por la suplementación también ha venido acompañado de un mercado en el que el diseño del envase, los reclamos comerciales o términos como «premium» y «natural» pueden condicionar la decisión de compra por encima de criterios realmente relevantes.
«Un suplemento de excelente calidad sigue siendo una mala compra cuando no existe una indicación clara. La primera pregunta no debería ser ‘qué marca compro’, sino ‘para qué quiero tomarlo'», explica Miguel Ducrós, nutricionista de Monarka Clinic.
Uno de los aspectos que el especialista considera más importantes es aprender a interpretar correctamente la información que aparece en la etiqueta. En muchos casos, el consumidor presta atención al número más llamativo del envase, aunque este corresponda al peso total del ingrediente y no a la cantidad del compuesto activo que realmente utiliza el organismo.
Esto ocurre, por ejemplo, con el magnesio, el omega-3 o numerosos extractos vegetales, en los que la eficacia depende de la dosis efectiva y no del peso total de la materia prima.
«La apariencia del envase no informa de lo verdaderamente importante: qué contiene el producto, en qué cantidad, con qué controles se ha fabricado y si esa persona realmente necesita tomarlo«, afirma Ducrós.
El experto también recuerda que la presencia de una materia prima patentada o de certificados de calidad puede aportar confianza, pero no constituye una garantía absoluta.
En su opinión, estos elementos deben interpretarse junto con otros factores como la formulación completa, la dosis utilizada, la trazabilidad de los ingredientes o la existencia de análisis independientes del producto terminado.
Del mismo modo, recomienda desconfiar de las llamadas «mezclas propietarias» que no detallan la cantidad de cada ingrediente, ya que impiden valorar si la fórmula contiene dosis realmente eficaces.
La suplementación también requiere supervisión
Además de ayudar a elegir un producto de mayor calidad, conocer esta información también contribuye a prevenir riesgos asociados a una suplementación inadecuada. Los complementos alimenticios pueden interactuar con determinados medicamentos, duplicar nutrientes presentes en otros productos o resultar poco aconsejables en personas con enfermedades renales, hepáticas, cardiovasculares, tiroideas o durante etapas como el embarazo y la lactancia.
«La mejor suplementación suele ser la más sencilla: responde a una necesidad real, utiliza el menor número de productos posible, establece una dosis y una duración, vigila las interacciones y reevalúa el resultado. Bien utilizada puede ser una ayuda excelente; utilizada sin criterio puede hacer gastar dinero, retrasar un diagnóstico o comprometer la salud«, concluye el especialista.





