Doña Amparo Graciani.
Sevilla, 3 de Diciembre 2024
Respetada profesora:
Tan pronto como tuve información de su nombramiento como Comisaria del Centenario de la Exposición del 29, me dirigí a Vd. el 28 de julio pasado, felicitándola y ofreciéndole mi modesta colaboración. Después nos carteamos hasta que entendí de que era momento principal el de planificar su proyecto, sin aturdirla.
Hoy, cuando mi preocupación es grande, al tener a mi esposa muy grave con más de veinte días hospitalizada, aunque ya con visos de recuperación, vengo a enterarme de su dimisión en el cargo para el que fue elegida.
No sé si lamentar o felicitarle por su decisión, porque estoy seguro de que la buena fe siempre o casi siempre la quiebran los sancadilladores y ratas de bajo fondo, que están alerta de la más mínima oportunidad, para aprovecharse de la honestidad ajena. El nada más y menos que Aníbal González tuvo que renunciar del colofón de su obra cumbre.
Ahora nombran a Julio Cuesta, un hombre inteligente, y que vuelca su preparación en saber adaptarse a la sociedad en que vivimos, por supuesto no es ningún revolucionario, sino un coleccionista de cargos, que bien sabe navegar por los entresijos del discurso. Por ello es posible que corra mejor suerte.
Nos enseñan, de forma directa o indirecta, a odiar, a la violencia, a pisarle el cuello al prójimo, a la desigualdad, etc. Tal es el caso de los políticos, los medios de comunicación y las grandes entidades financieras. Han creado una esclavitud conformista, que acepta gustosamente los anzuelos que les ponen en sus seseras.
Tengo el convencimiento de que eso de los Partidos Políticos es una farsa. Esa denominación no les corresponden porque no se acuerdan del pueblo sólo cuando necesita su voto. Son empresas propietarias del país, o más bien el Consejo de Administración, que hacen y deshacen según sus intereses, al igual que hace un banco o unos grandes almacenes, pero con visos monopolizadores. Y por encima de los dirigentes políticos se esconde las grandes entidades financieras que con sus préstamos, a veces a fondo perdido, se dictan las leyes que les favorecen.
La celebración del Centenario, se limitará a discursitos del Rey, de babosos, políticos y asesores o enchufados, mucho marisco y jamón, y algunas publicaciones de historias e historietas, y pare usted de contar.
Sobre poco más o menos eso será todo y así seguirá funcionando esta sociedad cuajada de mandatarios podridos.
Reciba mi cordial saludo.
Emilio Pérez Romero





