Blas Infante no es más que un mito carente de solidez histórica, y que el PA homenajease a su ideólogo es tan lógico como que el PNV haga lo propio con Sabino Arana, pero que partidos nacionales como PP, PSOE y Ciudadanos se sumen a un aquelarre en honor al Sabino Arana del sur no deja de ser un esperpento.
Que alguien sea asesinado no da la razón a sus ideas, se las quita a quien le asesinó, porque de lo contrario, Mussolini sería digno de homenaje al haber sido igualmente asesinado.
Como decía Vidal-Quadras en cierta ocasión, Padres de la Patria son George Washington, Juana de Arco o Pericles, y la Patria es una obra de la Historia y no hace referencia a naciones inventadas por el nacionalismo, en concreto, como hacía Blas Infante: interpretar la Historia de España en clave de derrota, porque, para el nacionalismo andaluz, la toma de Granada en 1492 es lo mismo que para el nacionalismo catalán la derrota de los Austrias en 1714.
Es evidente que más importante para la Historia de Andalucía y su devenir es Fernando III el Santo o San Isidoro de Sevilla, mucho más que Blas Infante, que no hizo nada por nuestra tierra. Si alguien merece el título de Padre de Andalucía son los Reyes Católicos, que hicieron grande esta tierra al convertirla en protagonista de la Historia de España: desde donde partieron las carabelas que descubrieron América y desde donde se culminó la Reconquista, mientras que Blas Infante no es más que otro de esos hipócritas izquierdosos que se erige en defensor de los pobres y luego vive en un castillo rodeado de sirvientes, lejos de las condiciones de vida de los jornaleros que tanto reivindicaba. No es de extrañar que dentro del propio PA muchos no viesen con buenos ojos a Blas Infante, a quien consideraban un señorito andaluz.
Blas Infante ideó una bandera verdiblanca que es ajena a nuestra identidad porque es islámica, coránica y mahometana, construyendo una Historia y una identidad al margen de la Historia común con el banco almohade y el verde omeya, pues tenía como modelo la etapa de Al-Ándalus, que idealizó hasta el delirio, despreciando el sustrato romano, tartésico y visigodo anterior.
Parece que muchos olvidan que nuestras raíces culturales son cristianas, lo que ha hecho que nuestra sociedad tenga como valores troncales la dignidad de la persona, la igualdad hombre-mujer y la separación Iglesia-Estado, porque si España hubiese sido una pieza más del islam, en el mejor de los casos hoy sería una democracia inestable como Túnez. Por dicho motivo, muchos andaluces no podemos sentirnos identificados con esta bandera, del mismo modo que muchos vascos no lo hacen con la ikurriña, esa bandera de partido concebida para el PNV de Vizcaya e ideada por un personaje xenófobo, racista y machista cuya única diferencia con Hitler es que no llegó al poder.
Es curioso que esa reliquia de la política llamada Javier Arenas, en calidad de vicesecretario de política territorial del PP, homenajease a alguien que quería que Andalucía fuese parte de Marruecos como consecuencia de la fe que profesaba: el islam.
¿Saben muchos que hoy asumen acríticamente a Blas Infante que si por él fuera, aspectos tan arraigados en nuestro modelo de vida como la Semana Santa, la romería del Rocío, los toros, la cerveza y el jamón estarían prohibidos?
Un personaje políticamente tan funesto se describe por sus propias frases, pues Infante dijo que “Andalucía fue conquistada por Europa, pero Andalucía nunca será Europa”, que “la Reconquista no fue tal, sino una conquista movida por la animalidad cristiana” o que “la Giralda sevillana está cubierta con el gorro del cautiverio de la pesada cúpula cristiana”, por citar algunos ejemplos.
Decir algo tan elemental como todo lo anterior, implica ser señalado, quedando en papel mojado la libertad de expresión y opinión que reconoce la Constitución, a cuyo espíritu son ajenos muchos totalitarios de izquierdas, a los que se suma un PP acobardado que quiere hacerse perdonar por su verdugo y abraza a Blas Infante con la fe del converso.
Imponen una censura ideológica, la misma que el Congreso perpetró contra Benedicto XVI por opinar sobre el preservativo en África, haciendo visibles las diferencias entre izquierda y derecha, pues si a la derecha no le gusta algo, no lo hace, pero si no le gusta a la izquierda, lo prohíbe. Por eso, Federico Jiménez Losantos dice que no se puede ser liberal si no se ha conocido a la izquierda.
Esta unanimidad en torno a un personaje artificial se ha roto gracias a VOX, que se ha negado a sumarse a los homenajes al Padre, no de Andalucía sino de ese intento menor de nacionalismo llamado andalucismo, porque han venido a la política no a confundirse con el paisaje ni a participar de mentiras oficiales como hace Ciudadanos sino a derribar falsos mitos.






1 Comment
Amén.