Seguramente las feministas radicales, enemigas del hombre, pero también de la mujer, no habrán lamentado mucho que se haya ido. De hecho, algunos tabloides progres/oportunistas han aprovechado su muerte para rescatar del baúl de los recuerdos declaraciones sinceras suyas, sacadas fuera de contexto, para tacharlo de machista y hasta de maltratador, en un ejercicio despreciable de miseria periodística a los que tan acostumbrados nos tiene ese gremio.
Pero la verdad es que con Sean Connery se nos ha ido, no solo un icono pop como su agente 007, con licencia para matar, el mejor de todos los que han encarnado ese personaje. Se va sobre todo una personalidad irrepetible. Un actor magnífico al que nunca le fue reconocido suficientemente su talento, marcado como estaba por su personaje más renombrado, pero que fue capaz de superar ese cliché para hacer por ejemplo “Marnie la ladrona”, con Hitchcock, entre James Bond y James Bond.
O de hacer papeles tan extraordinarios y de leyenda como el de “El hombre que pudo reinar”, esa historia magnífica nacida de la pluma de Rudyard Kipling y dirigida por John Huston o el de “El viento y el León”, ese Mulay el-Raisuli, el Magnífico , que rodó en el Cabo de Gata almeriense y otras localizaciones andaluzas a las órdenes de John Milius….o su personaje en ”Los Intocables”, o el Guillermo de Baskerville de “El nombre De la Rosa”, o el del general soviético que, en plena guerra fría, dirige el submarino nuclear Octubre rojo hacia las costas estadounidenses no se sabe con qué intenciones en “La Caza del Octubre rojo”…. y tantas y tantas otras películas que están en nuestra memoria cinéfila.
Estuvo a punto de fichar por el Manchester United en su juventud, pero lo pensó mejor y nos regaló una carrera irrepetible. Una carrera que, como él sabiamente valoró para tomar la decisión, ha durado muchos años más de los que hubiera durado su trayectoria como futbolista estrella. El prefirió ser James Bond, y Robin Hood, y el padre de Indiana Jones (que rivalizaba con el arqueólogo aventurero en atractivo a pesar de los muchos años de diferencia) ….
Es bien conocido su cariño a España, donde rodó varios films, y en particular a Marbella donde disfrutó muchos años practicando (como un casi profesional, según dicen algunos) uno de sus deportes favoritos, el golf. De aquí tuvo que huir por culpa del fisco y marchó, siguiendo el ejemplo del padre y creador de su personaje fetiche, Ian Fleming, a las Bahamas.
La vida es tan despiadada a veces y el tiempo tan cruelmente implacable que dicen que hacía tiempo que no recordaba que una vez fue el agente 007, con licencia para matar y que se enfrentó a Goldfinger, o que había conducido un Aston Martin como nadie antes lo había hecho y seducido a las más bellas mujeres de aquellos años.
Dicen que en estos últimos tiempos se paseaba completamente desnudo por su casa de Malibú, quizá en un inconsciente y entre irónico y cínico gesto displicente a todas esas mujeres que precisan odiar a los hombres para defender a las mujeres y que no habrán lamentado su muerte. Y también, quizá, haciendo un guiño travieso, como el niño que había vuelto a ser, a todas esas otras que, año tras año, hasta bien avanzados sus setenta, lo consideraron el hombre más atractivo del orbe.
Con Sean Connery ha desaparecido uno de los pocos exponentes que restaba de una raza de hombres que ya no volverá, a la que pertenecieron John Wayne o Charlton Heston y a la que pertenece también un Clint Eastwood.
Mi personaje preferido de entre los suyos es ese Robin Hood casi anciano enamorado de una Audrey Hepburn maravillosamente madura dando rostro, delicadeza y suprema ternura romántica a la monja en que se ha convertido la Lady Marián de su juventud. Esa sublime historia de amor otoñal que rodó Richard Lester y que lleva por nombre “Robin y Marian” contiene varias escenas inolvidables. Como aquella en que Marian/Audrey Hepburn, pronuncia la más extraordinaria declaración de amor que se ha contemplado en una pantalla de cine, cuando pronuncia estas palabras junto al lecho de muerte de Robin, después de haber ella misma tomado veneno para quitarse la vida. Porque no quiere seguir viviendo si él ya no va a estar:
“Te amo.
Te amo más que a todo,
más que a los niños,
más que a los campos que planté con mis manos,
más que a la plegaria de la mañana o que a la paz,
más que a nuestros alimentos.
Te amo más que al amor o a la alegría o a la vida entera.
Te amo más que a Dios”.
Una confesión descarnada de amor sobre todas las cosas como esta sólo la puede hacer una mujer a un hombre como Connery, capaz de ser a la vez un guerrero casi invencible y de sentir un amor casi adolescente (esa última escena, hermosa y sublimemente triste a la vez, en que Robin, con sus últimas fuerzas, lanza una flecha para señalar a Little John el lugar donde habrán de descansar juntos…..“Donde caiga la flecha, John, colócanos juntos y déjanos allí….”)
Esta bellísima historia de amor con tonos crepusculares fue rodada en Navarra y muchos de sus interiores en la fortaleza llamada El Cerco de Artajona de aquellas tierras, la única fortaleza medieval conservada en Navarra y que data del siglo XI, hoy declarada Bien de Interés Cultural.
Como bien de interés antropológico debería haber sido declarado Sean Connery.
Como lo que ha sido: una especie en vías de extinción.
….









