Si desde la Junta de Andalucía, a través de su consejero Bendodo o el presidente Juan Manuel Moreno Bonilla, se han usado la expresión “no me temblará el pulso” (que a miles de personas les evoca la dictadura franquista), el vicepresidente andaluz, Juan Marín, recurre a la de “atenerse a las consecuencias” para el caso de que los padres no quieran llevar a sus hijos menores al colegio por temor a que se contagien del Covid-19.
El vicepresidente Marín (al que no pocos identifican como al lamentable político de las torrijas caseras) deja como única posibilidad de no asistir a clase a los menores de 6 años si sus padres tienen el temor de que “les pueda pasar algo”, temiendo el contagio del coronavirus, argumentando -durante una entrevista concedida a la Cadena Ser– que la asistencia a clase no es obligatoria hasta los 6 años. Deja sólo en esos casos que los padres decidan si sus hijos acuden al colegio.
Al vicepresidente tal decisión le parece “lógico y razonable” que únicamente en estos supuestos los padre tengan la capacidad y facultad de elegir para sus hijos. Por lo visto, y según ácidas críticas manifestadas por los ciudadanos en las redes, sí le parece a Marín que sea lógico y razonable obligar a ir a clase a los niños con edades comprendidas entre 6 y 16 años. “Muy lógico y razonable Marín”, manifiestan con ironía muchos ciudadanos.
Si no acuden por decisión y temor de los padres, e incluso también el temor de los hijos, el vicepresidente -de Ciudadanos, un partido cogido ya con alfileres y próximo a su extinción- amenaza con “atenerse a las consecuencias”, incurriendo en absentismo escolar.
El calendario previsto es el 1 de septiembre las escuelas infantiles, el 10 los colegios y el 15 los institutos.
En contra de la Junta de Andalucía, según la ciudadanía cada vez más dictatorial y apuntada a las aficiones totalitarias del socialcomunismo de Pedro Sánchez, están convocadas manifestaciones para los primeros días de septiembre.





