Triste guasa, pero es así… La desaparición del turismo por la pandemia ha permitido que Ángeles R., la anónima vecina que mantenía como un vergel este típico rincón sevillano y que se negó a reponer por culpa de las gamberradas y los asaltos, vuelva a la antigua costumbre de mantener en perfecto estado de revista la preciosa estampa que puede contemplarse al entrar en el viejo callejón denominado de la Judería, anexo a la muralla del Alcázar por el lado del barrio de Santa Cruz.

Fue el 29 de agosto de 2018 la última vez que la propietaria retiró del todo las macetas que adornaban este ilustre y pintoresco rincón, cansada de que los numerosos turistas que atravesaban por este lugar trepasen hasta las ventanas y los balcones para coger flores o causar destrozos.
«Es por culpa de la falta de respeto de la gente, por los actos incívicos y porque mi casa es asaltada continuamente», explicaba entonces. «Se llevan las plantas, se llevan los visillos, se suben en las ventanas, de la ventana al balcón para hacerse fotos y es que no se puede vivir así», declaró en su día al diario ABC de Sevilla.
El colmo de aquellos desmanes, relataba Ángeles R., alcanzó su cota máxima cuando al recolocar los azulejos con el nombre de la calle en la fachada de la casa por parte del Ayuntamiento, grupos de alemanes y de alguna otra nacionalidad comenzaron a orinarse en la puerta y las ventanas, en claro acto de desprecio racista: «Tuve que poner en la ventana un refuerzo para que no entrrase dentro de la vivienda. Hay mucha gente que no está bien, incluso escupen por xenofobia en mi fachada», dijo en aquella ocasión.
Tras un año de calles vacías y ausencia casi absoluta de turismo en la ciudad, al menos el ornamento de macetas y las preciosas flores, a las que esta vecina les dedica buena parte de su tiempo y esfuerzo, han vuelto a llenar de alegría y de color la esquina, recuperando el tono lírico y amable que siempre lo distinguió.
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