El protagonista de esta crónica de toros en Sevilla debería ser Javier Zulueta , por su alternativa, por la expectación que ha despertado, por cómo representa el mundo más taurino de la ciudad… Pero llegó Morante y en treinta segundos destrozó las previsiones y reventó los tendidos.
Cuando la tarde dejó atrás su ecuador apenas había pasado nada. Algún detalle pinturero de Zulueta y poco más. Y salió el cuarto. Y Morante, al hilo de las tablas, le dio una cambiada de rodillas recortada para envolverse en el capote que lo cambió todo. Y verónicas y chicuelinas y una media abrochada por delante y una revolera… Y los tendidos, locos tras un recibo de otro mundo, del mundo de Morante de la Puebla. La intensidad no bajaba y las esperanzas crecían con cada suceso. El toro servía porque, aunque flojito, tenía un fantástico pitón izquierdo. Y por ahí ocurrió.
Tras un sublime inicio de faena -por alto, natural, molinete, otro invertido, siempre con la izquierda- llegó la hora de las series. Fueron tres naturales y el de pecho con la derecha. Y al tercero de esos naturales habría que renombrarlo. No fue un natural, fue un SOBRENATURAL. ¿Fue con la zurda? Sí. ¿Aprovechando el buen pitón? Sí. ¿Templado? Sí. ¿Cadencioso? También. Pero si tiene todo lo que define el buen natural ¿qué ha pasado? Pues que Don José Antonio Morante Camacho, de la Puebla del Río (Sevilla), ha inventado un nuevo pase con la muleta, parecido al que ya existe, pero que tiene el elemento más diferenciador que pueda haber: que él y sólo él es capaz de darlo.
Seguramente alguno de nuestros sufridos lectores recuerden la media que pegó el Lunes del Pescaíto de 2013, algo irrepetible y al alcance de casi nadie. Pues así.
Rompió a sonar “Suspiros de España”, la mejor melodía para ese momento, y algún natural más pudimos ver, pero Ganador, parte del horrible encierro que Núñez del Cuvillo mandó a Sevilla por San Miguel, no quiso ser más que sus hermanos y se apagó. Morante lo pasaportó de media y un golpe de descabello en el que demostró que incluso en esa suerte tan ingrata se puede demostrar arte… si se tiene, claro.
Javier Zulueta tenía revolucionado al taurinismo sevillano, a pesar de que hay quien sostiene (este cronista es uno) que dejó el escalafón novilleril sin haber demostrado que lo sobrepasa ampliamente. Sin embargo dio muestras de mucho empaque en una circunstancia tan especial y ante unos toros que no ayudaron. Recibió bien al primero y lo llevó al caballo andándole por chicuelinas con mucho garbo. El toro se mostró aceptable por el derecho, pero nunca soportó que se le obligara, de forma que sólo se tragaba los dos primeros pases. Zulueta lo intentó por los dos lados, pero no había. Pinchó tres veces antes de dejar una estocada desprendida y fue ovacionado.
Paró bien al sexto a pesar de no poder lucirse y ya en ese momento el animal demostró no querer pelea. Tal vez el torero debería haber aportado, en forma de toques más fuertes y muleta más adelante, pero… Mató de una buena estocada.
Roca Rey mostró un comportamiento errático, de estar peleado con el mundo, al uso de esta temporada. Su primero fue un recital de toreo para afuera, incapaz de hacerse con un toro con genio y que planteaba dificultades. Necesitó cuatro series de aquella manera para poder dar una medio en condiciones. Luego, su habitual repertorio: arrimón, pase cambiado, circular invertido… Dos pinchazos, aviso, y volvió a pinchar hasta que llegó la estocada. En el quinto no aportó nada. El toro, también malo y descastado, nunca colaboró y desarrollaba peligro cuando se le obligaba, lo que le proporcionó un susto al peruano al torearlo de rodillas. No hubo consecuencias físicas, pero descentró aún más a un torero que, por su carácter, acusa no mandar o no tener el favor de los tendidos, algo habitual con él en Sevilla. Y esta corrida del 28 de septiembre no sólo no fue una excepción, sino que, además, salió el tercero en la línea del favor de los aficionados. Mató de estocada caída.
Y en el que nos queda, el segundo, Morante demostró su dominio de torero total y absoluto. El cuvillo no valía un duro (probaba, pasaba sin emplearse, ni siquiera rozó un burladero…) y le procuró una lidia aseada, con un puyazo más largo que largo. Salió con la espada de matar y tras un par de machetazos, le dejó los vuelos de la muleta sobre la testuz sin que el toro se inmutara, una forma de decir “¿lo veis?”. Lo cuadró, menos de media y a otra cosa.
Esos detalles de cada tarde.
Aplausos para el medio abrazo que Roca le dio a Morante mientras se picaba al sexto. Pudo ser respuesta al detalle del cigarrero cuando recogió la espada del limeño tras ser prendido en el quinto.
No le gustó a Morante la lidia de Juan José Domínguez al cuarto. El peón dio demasiados capotazos a un animal flojito de por sí.
Curro Javier sigue siendo un subalterno de lujo. Los pares de banderillas al cuarto y la lidia al molesto segundo, otros ejemplos más.
Qué dos buenos puyazos le dio José Manuel Quinta al tercero.
Así acaba el abono de 2025, por cierto, con el noveno «no hay billetes» (un mojón para la ILP). En la Maestranza aún queda el Festival del 12 de octubre, pero nosotros paramos aquí. Ha sido un placer para la redacción de Sevilla Post colaborar con Sevilla Info un año más. Esperemos que dure. ¡Viva la Fiesta Nacional!






