Aunque dé cierta lástima decirlo, la salida de Manzanares propiciaba que un cartel cojo pudiera rematarse. Y todo el mundo estuvo de acuerdo en que no había que irse lejos para hacerlo, a menos de 90 kilómetros de Sevilla, donde está Trigueros, la tierra de David de Miranda, que ha revolucionado la temporada en cada sustitución que ha cogido.
El gran torero onubense cortó una oreja en el segundo de la tarde, pero demostró que sus triunfos están cimentados en una grandísima verdad cuando tuvo que sufrir al quinto, un toro que no dejó de trotar cansinamente desde que salió y cabeceaba cada vez que embestía. De Miranda supo entenderlo, enseñarlo y enseñarse, dejando a los tendidos -agradecidos- pensando en qué sainete podría haberse visto con el exigente y molesto toro de Cortés en otras manos. El único pero es que alargó ligeramente la faena. Culminó con una estocada desprendida y atravesada para ser ovacionado.
El segundo fue una demostración de hambre, de ganas de ser torero, pero también de saber para, con todo eso, reivindicar el sitio que se le lleva negando demasiado tiempo a pesar de faenas de gran mérito en grandes plazas. A pesar de que tenía cierta condición, la escasa fuerza y la sosería del toro podían acabar con cualquier atisbo de triunfo, pero David supo que lo tenía que poner todo él y así lo hizo, sobre todo cuando el bicho decidió pararse y quedarse corto en cada embestida. Se metió entre los pitones para, tirando de él, sacar pases de donde no los había. Una soberbia serie de luquecinas -cambiándose la muleta de mano en cada pase- y otra de bernardinas -también rozando los leños-, ya con el estoque de verdad, le pusieron media oreja en la mano. La otra media, una estocada que, aunque defectuosa por trasera y desprendida, se hundió e hizo echarse al de Victoriano del Río.
La faena de Ortega al cuarto fue preciosa. Ya había destapado el tarro de sus esencias con un gran quite por verónicas antes de ofrecer una obra para disfrutar desde los improvisados naturales montera en mano cuando el animal se le arrancó antes de brindar hasta los derechazos rodilla en tierra, pura inspiración de principio a fin. La muleta siempre pegada al hocico, aprovechó la buena embestida por el derecho de Bocinero, con momentos cumbre genuflexo y rematando las series con pares de pases por la izquierda. Curiosamente, el intento por naturales no fue bueno y el son de la faena bajó, pero la solución era sencilla: volvamos al origen. Con los tendidos rendidos por la borrachera de toreo caro, de antología del derechazo, la segunda oreja se escapó por una espada baja.
Pablo Aguado no cortó orejas, pero no se fue de vacío. Todos los aficionados pudieron comprobar el momento dulce en el que se encuentra y certificar que la que ha ido liando por las plaza de España en esta temporada que ya agoniza no ha sido casualidad. Apechugó con el peor lote (hierro de Victoriano del Río) pero en sus dos faenas estuvo por encima de sus enemigos y encontró ocasión para mostrar esos detalles sólo al alcance de toreros con tanta clase, es decir, hoy por hoy, Pablo Aguado Lucena. A pesar de los cabezazos, tornillazos y embestidas descompuestas del tercero y del poco recorrido en cada pase y la incapacidad manifiesta para aguantar más de dos seguidos del sexto. Siempre hay un natural, un trincherazo o un molinete que lleva la sonrisa complacida a los tendidos.
Más cosas ocurrieron en esta primera tarde de San Miguel 2025, 26 de septiembre.
El quite al segundo de Pablo Aguado, con primorosas chicuelinas, respondido por David de Miranda, tafalleras de cartel.
El onubense nunca se quiso dejar ganar la batalla y entró a su quite, esta vez por cordobinas, tras las verónicas de Juan Ortega al cuarto.
Se echó de menos una ovación de salida a David de Miranda en reconocimiento a su Feria de Abril, pecadillo que se solventó con una prolongada ovación tras su vuelta al ruedo con la oreja del quinto.
Momentos de esa sensibilidad tan de la Plaza de Toros de Sevilla. El minuto de silencio por María del Mar Tristán, subdirectora de la banda de Tejera, que nos dejó a mediados de agosto. La despedida al picador Salvador Núñez, que se retira después de 35 años. Escuchó la música de Tejera en su último puyazo y abandonó el ruedo a la antigua usanza, por la puerta de cuadrillas y tras recoger el aplauso de los tendidos en una suerte de media vuelta al ruedo, desde el tendido 3 hasta el 10.
Dos momentos dramáticos. El resbalón de Cándido Ruiz, segundo de David de Miranda, cuando se llevaba al quinto al burladero del 4. Quedó tendido y a merced del toro, que hizo por él pero, afortunadamente, perdió las manos y lo embistió con el hocico.´Todo quedó en un varetazo Fue cogido Sánchez Araújo, tercero de Pablo Aguado que midió mal tras su par al sexto, encontrándoselo tan encima que se agarró al pitón izquierdo. Acabó arrollado en el suelo y los nervios pudieron con sus compañeros, que no quitaron apropiadamente. Sufrió una cornada de 10 centímetros.
Una tarde para ese aserto taurino “han pasado muchas cosas”. No empezó mal la Feria de San Miguel, no. A ver cómo sigue…






